Archive for the ‘nacimiento de Jesus’ Categoría

¿Qué es la plenitud del Evangelio?

28 febrero 2010

Los mormones (un apodo para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) a menudo usan el término “plenitud del evangelio”. Los mormones se refieren a los tiempos modernos como la dispensación de la plenitud de los tiempos, refiriéndose al hecho de que el evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud. (más…)

La Trinidad

11 septiembre 2008

Las Escrituras manifiestan que hay tres personajes en la Trinidad: (1) Dios el Eterno Padre, (2) Su Hijo Jesucristo y (3) el Espíritu Santo. Estos constituyen la Santa Trinidad, integrada por tres entidades físicamente separadas y distintas, que en unión constituyen la presidencia de los cielos. Por lo menos dos de ellos figuran como participantes activos en la obra de la creación; y la pluralidad con que se expresa en el libro de Génesis nos sirve de ejemplo: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26); y más tarde, refiriéndose a la acción transgresora de Adán, “dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros” (Génesis 3:22). Las palabras de Moisés, reveladas de nuevo en la dispensación actual, nos dan a conocer con mayor claridad los Dioses que obraron activamente en la creación de esta tierra: “Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Moisés 2:26). Y más tarde, con respecto al estado de Adán después de la caída: “Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito: He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros” (Moisés 4:28). En la historia de la creación, escrita por Abraham, se menciona frecuentemente a “los Dioses”. (Véase Abraham 4-5)

Ana: testigo del nacimiento de Jesucristo

11 septiembre 2008

Niño de gracia - Liz Lemon Swindle

Niño de gracia - Liz Lemon Swindle

En la providencia de Dios, el maravilloso testimonio de Simeón no era el único. Ana, una viuda de edad avanzada, una mujer devota y santa que adoraba constantemente en el templo día y noche con ayuno y oración, ahora se acercaba a la sagrada familia. Al igual que Simeón fue un profeta, ella también fue una profetisa y su voz se unía la de él como un testimonio especial del nacimiento de Cristo. Ana, cuyo nombre significa “llena de gracia” testificó a todos los que “esperaban la redención” en Jerusalén (Lucas 2:38). A pesar de las incontables horas que pasó en el templo, fue sin duda, muy conocida por las personas en la ciudad sagrada que fielmente buscaban la venida del Mesías. Todos ellos escucharían su testimonio de Su nacimiento (véase Lucas 2:36-38)

Simeón: testigo del nacimiento de Cristo

11 septiembre 2008

Ahora nuestra atención se dirige a Jerusalén y a su templo. Ahí un hombre de edad, descrito por Lucas como “justo y

Una luz a los gentiles - Greg Olsen

Una luz a los gentiles - Greg Olsen

devoto,” alguien que había esperado la venida del Mesías con fe y había recibido la promesa del Señor que no moriría hasta que haya visto al Salvador, fue instado por el Espíritu Santo a ir al templo. Su testimonio es el primero dentro de las sagradas paredes del templo del que tenemos registros que anunció el nacimiento de Cristo. Adecuadamente, llevaba el nombre de Simeón, que significa “audición” (ver Génesis 29:33). De hecho, Dios había escuchado su justo ruego, y ahora su oración estaba a punto de ser respondida.

Así, Simeón estaba allí para saludar a los padres y niños a medida que entraban al templo – María para el ritual de limpieza, y José a pagar el impuesto que redimía al primogénito del servicio sacerdotal. Simeón tomó al niño en sus brazos y, alabando a Dios, dijo: ” Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.“(Lucas 2:29-32). La declaración de Simeón, que vino por el espíritu de la profecía, llegó mucho más allá de la comprensión y esperanza de su nación – porque vio la naturaleza universal del ministerio de Cristo y atestó que Él era el Salvador de los judíos y gentiles. Si sus palabras hubieran caído en oídos de un fariseo, ¡habrían sido recibidas con gritos de herejía! (más…)

El coro celestial: testigo del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

Angeles - Mark Mabry

Angeles - Mark Mabry

Cuando se abrieron los cielos a los pastores, primero vieron a un ángel del Señor –suponemos que a Gabriel– diciendo: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”(Lucas 2:10-11). Y, “de repente”, según el relato del Rey Santiago, “apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13-14).

En el relato de la historia de Navidad, hay una ocasional objeción a la idea de que el nacimiento de Cristo fue anunciado a los pastores por un coro celestial. Esta objeción yace en que el texto de la Biblia no dice que su mensaje fuera cantado. En respuesta, en primer lugar observo que hay traducciones responsables de la Biblia que informan sobre la hueste celestial “cantando las alabanzas de Dios”. En segundo lugar, sería contrario al orden de adoración en el cielo que una hueste haga otra cosa que no sea cantar, tal como una hueste de textos de las escrituras lo testifica, y en tercer lugar, tenemos constancia de la aparición de otros coros celestiales en otras ocasiones de regocijo. La capacidad musical se sitúa entre los talentos con los que uno podría nacer y con los que alguien pueda traer consigo al mundo. El élder McConkie con frecuencia predicaba la doctrina de que las personas con grandes talentos musicales están trabajando al otro lado del velo para preparar la música y el coro que participará en el regreso de Cristo. (más…)

Los pastores: testigos del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

Pastores

Pastores

La víspera del nacimiento de Cristo en el establo de Belén, unos pastores cuidaban sus rebaños en los campos no muy lejanos. El hecho de encontrarse en los campos en la noche nos da algunos indicios de la época del año en que Cristo nació. Era una costumbre entre los judíos llevar a sus ovejas a los campos cerca a la Pascua y regresarlas con el inicio de las primeras lluvias, entonces los pastores estarían en los campos desde abril hasta octubre. De estos pastores, el élder Bruce R. McConkie dijo:

No se trataba de simples pastores ni de rebaños ordinarios. Las ovejas allí arriadas –no, no arriadas, sino más bien vigiladas, cuidadas con amor y devoción – estaban destinadas al sacrificio en el gran altar de la Casa del Señor, similar al eterno sacrificio de quien aquella maravillosa noche permanecía en un establo, quizás entre las ovejas de menor destino. Y los pastores –para quienes se había descorrido el velo: sin duda poseían una estatura espiritual como Simeón y Ana y Zacarías y Elizabeth y José y el creciente grupo de almas creyentes que llegaba a conocer, por revelación, que el Cristo del Señor estaba en la tierra. Así como había muchas viudas en Israel, y Elías fue enviado a la única en Sarepta, así también había muchos pastores en Palestina, pero el ángel anunciador solo apareció ante aquellos que vigilaban los rebaños del templo, sólo ellos escucharon el coro celestial. (más…)

José: testigo del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

La Navidad - Liz Lemon Swindle

La Navidad - Liz Lemon Swindle

No tenemos ningún registro en las escrituras de alguna palabra pronunciada por José, el padre putativo de Jesús. A pesar de la ausencia de palabras, el testimonio de José sobre la filiación divina de Cristo es más elocuente. Él fue, según lo que se nos dijo, un “hombre justo”, es decir, vivía en la ley de Moisés con exactitud y honor. Sabemos que tenía sueños y veía ángeles. Además, sabemos que fue fiel al guardar la ley de Moisés, por lo que escuchó fielmente cada instrucción divina que se le dio. Sin duda, su incondicional obediencia es la prueba de la creencia. Tomó a María, que llevaba el hijo de otra persona, como su esposa, y no la conoció “hasta que dio a luz a su hijo primogénito” nombrándolo Jesús, huyendo por la noche con María y el santo niño a Egipto, permaneciendo en Egipto hasta que se le ordenara regresar y, luego, viviendo en Galilea, en lugar de Judea a su regreso (véase Mateo 1:19-21, 25; 2:13-23). Cada una de las acciones de José atestiguaron su convicción de que este niño era realmente la Esperanza de Israel, el Hijo de Dios.

María: testigo del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

No podría haber un testigo mortal más perfecto de la filiación divina de Cristo que Su madre María. Ella había recibido la promesa de Gabriel de que concebiría en su vientre al “Hijo del Altísimo” (Lucas 1:32). Después de este hecho maravilloso, María testificó: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre” (Lucas 1:49).

Nefi dio el relato escrito más perfecto de este evento. Nuestro Padre eterno, nos dijo: condescendió -eso es, Él vino de Su corte real desde lo alto y en unión con la hermosa virgen de Nazaret engendró un hijo “según la carne” (1 Nefi 11:18). “Y aconteció”, escribió Nefi, “que vi…después que hubo sido llevada en el Espíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!  Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos. Y el ángel me dijo: ¡He aquí, el Cordero de Dios, sí, el Hijo del Padre Eterno!” (1 Nefi 11:19-21). Alma testificando el nacimiento de Cristo dijo ” nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra de nuestros antepasados, y siendo ella virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el Hijo de Dios” (Alma 7:10)

Juan el Bautista: testigo del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

María visita a Elizabet por Greg Olsen

María visita a Elizabet por Greg Olsen

¡Qué maravillosa escena debió haber sido – Juan, aún dentro del vientre de su madre, lleno del Espíritu Santo y saltando de gozo en un testimonio tácito de la filiación divina del niño no nacido que María llevaba; Isabel saludando a su prima María en el espíritu de profecía y María respondiendo en el mismo espíritu. Una vez más nos vemos obligados a decir, ¡qué perfecta escena! El testimonio de dos mujeres: la anciana Isabel y la joven María, cada una teniendo un hijo concebido en circunstancias milagrosas, regocijándose juntas.

Al igual que Cristo fue, por nacimiento, el legítimo heredero al trono de David, Juan nació como el legítimo heredero del oficio de Elías que había sido prometido por Gabriel. Robert J. Matthews identifica el derecho de consanguineidad en este idioma:

Los asuntos de la ley de Moisés, especialmente con respecto a las aptitudes de los sacerdotes y sus funciones en las ofrendas de sacrificio de varios animales, fueron designados por revelación para prefigurar y tipificar al Mesías y para dar testimonio de él. Se impusieron duras sanciones a la realización de los ritos y deberes sagrados sin la debida autoridad. Por lo tanto, fue esencial que cuando el Mesías vino en persona como el Cordero de Dios, Juan, el precursor y testigo del Cordero, tuviera el linaje adecuado para cumplir con los requisitos de la misión. Si era necesario que un sacerdote poseyera la descendencia de Aarón para obrar con los símbolos del sacrificio, que eran sólo anuncios del Mesías, cuán mayor era la necesidad de que Juan, el precursor del Mesías en persona, poseyera descendencia sacerdotal y autoridad.

Elizabet: testigo del nacimiento de Cristo

10 septiembre 2008

Como leemos en Juan, él iba a ser “será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.”, esto nos dice algo de la pureza del templo en el que su cuerpo estaba alojado (Lucas 1:15). De hecho, Elizabet era una profetisa en su propio derecho. Nadie podría contar la historia de manera más bella que Lucas.

Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor. (Lucas 1:41-45)