¿Confían en Dios? Y si lo hacen, ¿Confían en Él en su mente y corazón? De vez en cuando, Dios nos prueba para ver si realmente confiamos en Él. Un par de cosas que me gusta hacer cuando estoy en una situación difícil en la que debo confiar en el Padre de mi espíritu son: 1) pensar de nuevo en mi vida y reflexionar sobre lo pensado, ¿alguna vez Él me ha defraudado? y 2) poner “a prueba la virtud de la palabra de Dios” (Alma 31:5).

pareja-mormona-orandoEn un libro titulado Be Not Afraid-Only Believe (No temas, solo cree), escrito por Ted L. Gibbons (miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a veces erróneamente llamada la “Iglesia Mormona“), publicado en 2009 por Cedar Fort, Inc. (pp. 121-122), Gibbons comparte experiencia doctrinal y personal que nos ayuda a darnos cuenta de que podemos confiar en Dios con plena seguridad en el futuro.

Ni un segundo más

Cuando pasas una prueba para que se cumplan Sus propósitos, si confías en Él, si ejerces la fe en Él, Él te ayudará. Lo hará paso a paso, poco a poco. La aflicción y el pesar continuarán al pasar cada fase de este proceso; si todo se resolviera después de la primera suplica, no progresarías. Tu Padre Celestial y su Amado Hijo te aman con amor perfecto, y no te exigirán pasar un solo momento más de dificultad que los indispensables para tu beneficio o el de tus seres queridos (Richard G. Scott, “La confianza en el Señor“, Liahona, noviembre de 1995, 17, énfasis añadido).

Dios, que conoce todo y por quien todas las cosas están presentes (Doctrina y Convenios 38:2), no parece pensar o hablar del tiempo de la misma manera que nosotros. Para que podamos tener fe en Él, debemos creer no sólo que Él puede hacer lo mejor para nosotros, sino también que lo hará en el mejor momento. En nuestros corazones debe existir la certeza de que a pesar de que Él puede no venir cuando queremos o esperamos, Él siempre estará a tiempo. La fe es más que un conocimiento de lo que Dios puede hacer por nosotros. Es la conciencia de lo que está haciendo por nosotros.

Mi yerno estuvo sin trabajo durante dieciocho meses. Esta fue una gran prueba para él y para mi hija y sus siete hijos. Cerca del final de su desempleo, cuando las cosas estaban por mejorar, pero nadie lo sabía, nuestra hija pidió la bendición de su padre. El mensaje fue sorprendente. Su preocupación por lo que ella estaba segura que su familia necesitaba había hecho que sea difícil para ella reconocer las bendiciones que ya estaba recibiendo, y de las que el Señor le recordó en su bendición. En la bendición el Señor señaló que en dieciocho meses sin trabajo fijo, su familia nunca había estado sin una comida o un pago de la casa. Los vehículos (de ambos) eran reparados cuando se necesitaba. Había dinero para la gasolina, y las facturas de servicios públicos se pagaron a tiempo. Aunque estaban orando por la bendición de un empleo que era claramente necesario, no se daban cuenta de un desfile continuo de pequeñas bendiciones de la mano amorosa del Señor. Se levantaban por la mañana y pasaban por alto su maná diario, al buscar la seguridad de un sueldo fijo.

Entonces, ¿qué debemos hacer cuando estamos obligados a esperar? Debemos “perseverar en  [nuestro] camino” (D. y C. 122:9). Debemos ser “fiel[es] hasta el fin” (D. y C. 6:13). “Pero benditos son aquellos que son fieles y perseveran, sea en vida o muerte, porque heredarán la vida eterna” (D. y C. 50:5). Este es nuestro deber cuando, como Zacarías y Elizabeth, lo que queremos y lo que tenemos están separados por años de espera.

Por tanto, muy queridos hermanos, hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo (D. y C. 123:17).

Yo creo que hay un Dios en los cielos, y Él es nuestro amoroso Padre Celestial. Él conoce la situación de nuestra vida en los detalles más intrincados. Él nunca dejará que pase nada que no sea para nuestro bien (en el esquema eterno de las cosas), si confiamos en Él. A veces puede ser difícil confiar plenamente en Dios, pero yo doy testimonio de que si ponemos a “prueba la virtud” (o la fuerza) de Dios, nunca seremos decepcionados. Los invito a aprender más acerca de los mormones y las verdades de la eternidad de las que saben. Como mormona, les prometo que las cosas que son enseñadas por la Iglesia SUD son verdaderas.

Este artículo fue escrito por Ashley Bell, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

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