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Jesucristo: Entendiendo Su Expiación

8 diciembre 2012

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (muchas veces llamada la “Iglesia Mormona”) consideran la Expiación de Jesucristo como el acontecimiento más sagrado que ha ocurrido en la historia de la tierra.

El conocimiento de dos grandes verdades es esencial para comprender la Expiación de Jesucristo. Una persona tiene que darse cuenta de que hubo una caída de Adán, y que Jesucristo era literalmente el hijo de Dios el Padre en el espíritu y la carne. Debido a su gran amor por toda la humanidad, haría algo por ellos que no podían hacer por sí mismos. Él vendría a esta tierra para expiar los pecados de la humanidad y voluntariamente dar Su vida y luego romper las ligaduras de la muerte por medio de Su propia resurrección.

La caída de Adán trajo la muerte temporal y espiritual al mundo. La muerte espiritual es estar separados de la presencia del Señor (2 Nefi 9:6) y morir como pertenecientes a la rectitud, o en otras palabras, las cosas del Espíritu (Helamán 14:15-18). (más…)

Vida de Jesús

10 agosto 2012

La vida y ministerio de Jesús nos muestran las doctrinas del evangelio verdadero, la manera en que debemos conducirnos, cómo adorar a Dios el Padre, la organización de la iglesia verdadera, que los milagros y las señales siguen a la fe, y que el amor de Dios proporciona un manera en que todos los hombres puedan ser salvos.

Doctrinas del verdadero Evangelio

Jesús basó Su enseñanza doctrinal sobre los dos grandes mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con todas tu alma, mente y fuerza (y solo a Él servirás), y amarás a tu prójimo como a ti mismo. La Ley de Moisés era una ley de maestro destinada a llevar a Israel a los pies del Mesías. Todos sus ritos eran un símbolo del Salvador por venir. De esa manera, fue la base del evangelio. Cristo vino a cumplir el propósito de esa base, construyendo sobre ella el glorioso evangelio en su plenitud. La plenitud del Evangelio incluye el poder de la redención, el poder de salvar a la humanidad. Moisés enseñó a los israelitas que el Señor quiso que todos ellos fueran profetas. Jesús enseñó que los hombres tienen la capacidad de sentir el amor de Dios, y tener Sus mandamientos escritos en sus corazones. Los antiguos israelitas vivieron por la ley. Cristo quería que vivan por el Espíritu Santo.

La doctrina fundamental de Cristo era el arrepentimiento y el renacimiento. Hizo un llamamiento a los hombres para que pongan sus pecados sobre el altar y confíen que Su propia expiación de sangre les proporcionaría la redención y la salvación. Su mensaje central fue cumplido cuando Él sufrió los dolores de todos los hombres en Getsemaní, y cuando Él dio su vida en la cruz del Calvario. Su resurrección garantizó que toda la humanidad resucitará, tanto los justos como los injustos. Su sacrificio garantizó que todos los que se arrepientan en Su nombre pueden ser exaltados.

Cómo debemos conducirnos

Cristo enseñó con el ejemplo que servir a nuestro prójimo por amor es más importante que la letra de la ley––Él sanó en el Día de Reposo. Él enseñó que el líder de todos es el siervo de todos––lavó los pies de los Apóstoles. Él enseñó la verdadera naturaleza del perdón––Él perdonó a quienes lo crucificaron a pesar de encontrarse en el acto. Él enseñó que todos somos hijos de Dios––Él cenó con los pecadores y publicanos. Él enseñó que tenemos necesidad del bautismo y el arrepentimiento––aunque perfecto y sin pecado, Él fue bautizado para cumplir toda justicia. Él nos enseñó a volver nuestros deseos hacia las cosas del Espíritu en lugar de las cosas del mundo––Él invitó al joven rico a que vendiera sus posesiones, tome su cruz y siguiera al Salvador.

Al emular al Salvador, podemos llevar una vida piadosa y ser más como Cristo. Al hacerlo, reflejamos Su imagen en nuestros semblantes.

Cómo adorar a Dios el Padre

Cristo reprendió a los sacerdotes, tanto de los fariseos como de los saduceos, por su hipocresía. Ellos representaban a la iglesia, pero llevaban una vida inicua. Eran mundanos, intolerantes, y en ocasiones francamente deshonestos. La primera manera de adorar al Padre es purificar nuestras motivaciones y comportamientos, y ser fieles a los mandamientos de Dios en pensamiento y acción. Cristo era absolutamente obediente, haciendo sólo la voluntad de Su Padre.

Cristo siempre mostró respeto hacia su Padre Celestial. Cristo nos enseñó a acercarnos al Padre con reverencia, respeto y admiración. Cristo nos enseñó a orar por nuestros campos, nuestras familias, de hecho, todas nuestras acciones, pero dentro de todas las cosas manifestar gratitud al Padre.

La Organización de la Iglesia Verdadera

Cristo organizó Su Iglesia con doce apóstoles y les dio autoridad para actuar en Su nombre. Tenían autoridad para sanar, organizar, enseñar la doctrina. Lo que ellos ataren sobre la tierra era atado en el cielo. Después de la crucifixión de Cristo, los apóstoles recibieron la revelación de Cristo sobre el resto de la organización de la Iglesia. Ellos llamaron quórum de setenta para ayudar en la obra.

La única iglesia moderna organizada de ese modo es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La Iglesia está organizada de forma idéntica a la antigua Iglesia, y recibe autoridad y el poder de Jesucristo a través de su profeta y apóstoles, todos los cuales son receptores de revelación constante del cielo.

Cristo visitó a los pueblos del Libro de Mormón en el continente americano como el Señor resucitado, y Él organizó Su Iglesia siguiendo el mismo patrón:

Y aconteció que cuando Jesús hubo hablado estas palabras a Nefi y a los que habían sido llamados (y llegaba a doce el número de los que habían sido llamados, y recibieron el poder y la autoridad para bautizar), he aquí, él extendió la mano hacia la multitud, y les proclamó, diciendo: Bienaventurados sois si prestáis atención a las palabras de estos doce que yo he escogido de entre vosotros para ejercer su ministerio en bien de vosotros y ser vuestros siervos; y a ellos les he dado poder para que os bauticen en el agua; y después que seáis bautizados en el agua, he aquí, os bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo. Por tanto, bienaventurados sois si creéis en mí y sois bautizados, después que me habéis visto y sabéis que yo soy. (3 Nefi 12:1).

Y los discípulos de Jesús efectuaban grandes y maravillosas obras, de tal manera que sanaban a los enfermos, y resucitaban a los muertos, y hacían que los cojos anduvieran, y que los ciegos recibieran su vista, y que los sordos oyeran; y obraban toda clase de milagros entre los hijos de los hombres; y no obraban milagros salvo que fuera en el nombre de Jesús. (4 Nefi 1:5).

Milagros y señales siguen a la fe

Y he aquí le trajeron un paralítico tendido en una cama; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados (Mateo 9:2).

La fe siempre fue un requisito previo para recibir el poder sanador del Salvador. Dijo Moroni, el último libro de profeta Mormón:

…y es por la fe que aparecen ángeles y ejercen su ministerio a favor de los hombres; por tanto, si han cesado estas cosas, ¡ay de los hijos de los hombres, porque es a causa de la incredulidad, y todo es inútil!

Porque, según las palabras de Cristo, ningún hombre puede ser salvo a menos que tenga fe en su nombre; por tanto, si estas cosas han cesado, la fe también ha cesado; y terrible es la condición del hombre, pues se halla como si no se hubiera efectuado redención alguna. (Moroni 7:37, 38).

El amor de Dios proporciona una manera para que todos los hombres puedan ser salvos

¡Oh vosotros de la casa de Israel, a quienes he preservado, cuántas veces os juntaré como la gallina junta sus polluelos bajo las alas, si os arrepentís y volvéis a mí con íntegro propósito de corazón! (3 Nefi 10:6).

¡Cuántas veces os he llamado por boca de mis siervos y por la ministración de ángeles, y por mi propia voz y por la de los truenos y la de los relámpagos y la de las tempestades; y por la voz de terremotos y de fuertes granizadas, y la de hambres y pestilencias de todas clases; y por el gran sonido de una trompeta, y por la voz del juicio y de la misericordia todo el día; y por la voz de gloria y de honra y la de las riquezas de la vida eterna, y os hubiera salvado con una salvación sempiterna, mas no quisisteis! (Doctrine and Covenants 43:25)!

El más fuerte deseo de Cristo es salvar a cada uno de Sus hijos. Él no hace acepción de personas; Él es el Salvador de todos. Sus entrañas están llenas de compasión siempre para nosotros. Literalmente, nos pide a venir a Él, para poner nuestras cargas a sus pies, para encontrar la paz en un mundo lleno de problemas, y para hacer esas cosas que nos ayudarán a unirnos a Él en la eternidad.

María, la madre de Jesús

30 junio 2012

Cuando los mormones celebran el día de la madre, a menudo se toman un tiempo para honrar también a una de las madres más importantes de la historia; María, la madre de Jesús tuvo un rol muy difícil en la vida y uno que afectó la eternidad por medio de su fe.

Los mormones creen que Jesucristo es el Hijo de Dios y de María. A pesar de los rumores que prevalecen, no creen en que esto ocurrió por medio de la intimidad porque tanto en la Biblia como en el Libro de Mormón dicen que María era una virgen cuando Jesús nació. Tampoco creen que el Espíritu Santo sea el padre de Jesús, dado que la Biblia específicamente dice que el Padre del Señor es Dios. Aunque los mormones no saben cómo sucedió la concepción, no es importante dado que no tiene efecto en la vida eterna. Saben sólo que se fue hecho con respeto.

Los mormones creen que la herencia dual de Jesucristo, tanto dual como divina, son esenciales para Su misión eterna como el Salvador. A causa de Su mortalidad, fue capaz de experimentar aquellas cosas que los mortales experimentaban, pero debido a Su divinidad, fue capaz de vivir una vida libre de pecado, expiar por los pecados de los de más, y resucitar de la muerte.

María fue escogida por Dios para ser la madre de Jesucristo. Fue un llamamiento, una responsabilidad sagrada criar al Hijo de Dios. Ella tuvo que aceptar un milagro en su vida y luego hacer frente a las consecuencias mortales del milagro. José inicialmente estuvo molesto por su embarazo, hasta que se enteró de su propósito milagroso. Tenía una elección, pero eligió obedecer el mandamiento del ángel y casarse con María. Él tenía una importante responsabilidad de ser el padre y criador de Jesús, proporcionando un modelo de rol masculino y cumpliendo el papel de un padre terrenal.

María cumplió sus instrucciones con valor y gracia. Ella y José obedecieron todos los impulsos y mandamientos con el fin de asegurarse de que las profecías fueran cumplidas y que Jesús estuviera a salvo. Está claro que ella y José eran seres espirituales, bien adaptados para su papel divinamente asignado.

La gente del Libro de Mormón sabía de María, aun cuando vivieron en lo que ahora se conoce como las Américas. Sus profetas la vieron en una visión y sabían que ella sería una madre virgen y que Dios la había elegido para este papel. La honraban aún antes de que naciera y esperaban impacientes el nacimiento de su hijo.

La siguiente es una visión registrada en el Libro de Mormón, un libro que los mormones utilizan como un complemento de la Biblia. Esta visión fue brindada a un adolescente llamado Nefi, cuyo padre Lehi era un profeta que había tenido esta visión:

13 Y sucedió que miré, y vi la gran ciudad de Jerusalén, y también otras ciudades. Y vi la ciudad de Nazaret, y en ella vi a una virgen, y era sumamente hermosa y blanca.

14  Y ocurrió que vi abrirse los cielos; y un ángel descendió y se puso delante de mí, y me dijo: Nefi, ¿qué es lo que ves?

15  Y le contesté: Una virgen, más hermosa y pura que toda otra virgen.

16  Y me dijo: ¿Comprendes la condescendencia de Dios?

17  Y le respondí: Sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas.

18  Y me dijo: He aquí, la virgen que tú ves es la madre del Hijo de Dios, según la carne.

19  Y aconteció que vi que fue llevada en el Espíritu; y después que hubo sido llevada en el Espíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!

20  Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos (1 Nefi 11).

Jesucristo, el Cordero de Dios

23 mayo 2012

La Pascua llegará en sólo unos días. Como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormón), la Pascua significa mucho más para mí que flores de primavera y conejos de chocolate. Soy cristiana, con un profundo y permanente amor por Jesucristo. Como siempre en esta época del año, siento tanto un profundo dolor como también un inmenso gozo a medida que contemplo el sacrificio de nuestro Salvador cunado tomó sobre Sí todos los pecados y maldades del mundo, sufrió, y fue crucificado. Es casi insoportable recordar Su sufrimiento. Aun así mi corazón está lleno de un impresionante gozo por Su resurrección, la cual trae consigo la increíble promesa de la vida eterna. La Doctrina y Convenios, que contiene revelaciones de Dios dada a través de profetas modernos, utiliza una bella imagen para describir la expiación de Jesús. Jesús “descendió debajo de todo,… a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad” (de La Doctrina y Convenios, sección 88, versículo 6). Las tinieblas del pecado y la muerte han sido absorbidas en luz y vida.

La Pascua y la Última Cena

Otra festividad coincide con la Pascua de Resurrección, una festividad que también es profundamente simbólica de la expiación de Jesús, esta es la Pascua Judía. Al igual que la mayoría de cristianos, los mormones no celebran la Pascua Judía, pero no es por accidente que la crucifixión y resurrección de Cristo ocurriera durante estas fechas. Indudablemente Cristo tomó la cena de la Pascua Judía con Sus discípulos justo antes de salir al Jardín de Getsemaní, donde Su expiación empezó. La Última Cena fue una cena de Pascua Judía; su pan y vino fueron el pan y vino de la cena de Seder:

Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

Porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchos es derramada para remisión de los pecados (Mateo 26:26-28).

La Pascua Judía conmemora el tiempo en que Dios liberó a los hijos de Israel de Egipto por la mano de Moisés. La última plaga que cayó sobre los egipcios provocó la muerte de los primogénitos de todo ser viviente, desde “el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo ni jamás habrá” (Éxodo 11:5-6). Los israelitas pudieron protegerse de esta gran tragedia sólo sacrificando a un cordero sin mancha, y luego marcando con su sangre los lados y la parte superior de las puertas de sus casas donde moraban. Durante la noche, los israelitas fueron perdonados a medida que comían su primera cena de Pascua Judía, mientras los primogénitos de todo Egipto murieron. El destructor pasó de largo entre ellos.

Jesucristo, el Cordero de Dios

El cordero sacrificado para salvar a los hijos de Israel de la muerte y destrucción fue un símbolo de Jesucristo. La sangre de Jesús, al igual que la sangre del cordero de la Pascua Judía, nos salva de Satanás, quien de otra manera destruiría nuestros cuerpos y almas. Isaías profetizó de Cristo mucho antes de Su nacimiento, diciendo que el Mesías como “cordero [sería] llevado al matadero” (Isaías 53:7). Juan el Bautista le dijo a sus seguidores quién era Jesús en una sola oración: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Andrés, hermano de Pedro, estaba entre los que escucharon a Juan hablar. Supo de inmediato lo que Juan quería decir: el Cordero profetizado por Isaías, cuya sangre liberó a los Israelitas de las ataduras de la muerte, conmemorado por la Pascua cada año, había llegado al fin. Andrés siguió a Jesús, y luego corrió para encontrar a su hermano Pedro, diciéndole, “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41). Sólo puedo imaginarme el gozo que sintieron al haber encontrado por fin a su Salvador.

Conforme voy haciéndome mayor, me hago más consciente de cuánto necesito la expiación de Jesús en mi vida. Algunos de mis seres queridos han fallecido, y echo de menos su compañía. A medida que pasa el tiempo, mi cuerpo envejece, y puedo ver que con el tiempo quedará inútil y yo también moriré. Por momentos me siento abrumada por mis pecados y errores, o apesadumbrada por el pesar por los sufrimientos y pecados de los demás. Necesito la sangre del Cordero de Dios para salvarme del destructor. Así que cada semana, asisto a la Iglesia, y participo del pan y el agua que representan la sangre y el cuerpo de mi Salvador, Jesucristo. La resurrección de Su cuerpo renueva el mío; el sacrificio de Su sangre redime mi alma. Mi corazón se regocija en la promesa de la vida eterna, hecha posible por Su infinito amor. Que el gozo de la redención de Jesús more en sus corazones también así en la Pascua, y siempre.

Este es el Cristo, con el Coro del Tabernáculo Mormón

Recursos Adicionales

Ha Resucitado – Testimonio de un Profeta

Vida y Misión de Jesucristo

10 mayo 2012

“A medida que nos hacemos mayores, a medida que me hago mayor y me vuelvo más reflexivo, parece que sé menos y menos acerca del Salvador. Siento que crezco más y más en asombro, en inspiración y en profunda y sincera gratitud por lo que comprendo que Él hizo por usted y por mí, por todos sus hermanos y hermanas, que todos lo somos.”

“Ustedes saben, todos hemos tenido de algún modo el mismo tipo de existencia que Él tuvo. Tuvimos una existencia antes de venir a la tierra. Tenemos una existencia aquí en la tierra, y aunque nuestro tiempo aún no llega, cuando llegue nos reuniremos con Él y aquellos que han estado antes de nosotros en el otro lado.” (J. Reuben Clark, Jr., Behold the Lamb of God, p.3).

Se ha escrito mucho acerca del Salvador, tanto cosas buenas como malas, inspiradas y no inspiradas. En este sitio web, deseamos promover información buena e inspirada acerca de la Vida y Misión de Jesucristo.

 

 

Información Básica

La Vida de Cristo

Enseñanzas de Jesús

Creencias mormonas

Testigos (lo que los profetas y apóstoles han dicho sobre Jesús)

Jesucristo y el Sacramento

16 abril 2012

Al reflexionar sobre mi juventud, recuerdo participar de la Santa Cena (Sacramento) en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (inadvertidamente llamada la Iglesia “Mormona” por los medios de comunicación). Los hombres jóvenes, que poseían el sacerdocio de Dios, bendecían el pan partido y luego lo pasaban a la congregación; luego bendecían el agua y de la misma manera pasaban los pequeños vasos a aquellos que estaban presentes. También recuerdo a mi madre sabiamente hacer a un lado mis crayones y alcanzarme un libro de imágenes para que pueda ver imágenes de Jesús durante este momento sagrado. (más…)

¿Por qué Jesucristo es llamado la Luz del Mundo?

28 febrero 2010

Jesús fue al templo durante la fiesta de los Tabernáculos. El templo estaba iluminado por cuatro candelabros muy grandes y su luz se podía ver desde una gran distancia. Aquí, Él rescató a la mujer de ser apedreada por adulterio y luego proclamó a aquellos que observaban el acontecimiento: “Yo soy la luz del mundo: aquel que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de vida”.

La oscuridad, en un sentido spiritual, se refiere frecuentemente al pecado o a la confusión acerca de la verdad. Así como en la vida la oscuridad puede esconder maldad o distorsionar lo que es real, en el mundo espiritual, puede distorsionar la verdad o dificultar la visión o la comprensión de la verdad. Sin embargo, Dios creó tanto al día como a la noche, y Él no espera que nosotros vivamos en la oscuridad. Él desea que vivamos nuestras vidas en la luz, y esa luz viene del Salvador.

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Jesucristo y la Resurrección

14 enero 2010

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones, enseña que después de la muerte del Salvador y de Sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio para administrar la Iglesia de Dios fue retirada de la tierra.

La gente no estaba de acuerdo con el significado de las escrituras y con las enseñanzas de Jesús. Como resultado de lo anterior, comenzaron a aparecer en toda la tierra miles de iglesias cristianas que enseñaban doctrinas opuestas. Aunque se continuó enseñando el cristianismo y se difundió su doctrina básica, aquella de la divinidad del Salvador, cada iglesia tenía su propia versión de cristianismo. Muchas de las doctrinas eran fundamentales para la salvación, y así, al acercarse los últimos días antes de la segunda venida de Cristo, era importante que la verdad sea totalmente restaurada. (más…)

La Ley de Sacrificio: Parte III – En memoria

14 enero 2010

La noche anterior a la crucifixión del Cordero de Dios por los pecados del mundo y horas antes de que Él sea entregado, el Señor Jesús estaba sentado con sus apóstoles en un “gran aposento alto” (Marcos 14:15). Fue aquí que él instituyó por primera vez el sacramento: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26). Luego Él dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24). Entonces, “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1 Corintios 11: 25). Así, el propósito del sacramento de la Cena del Señor es para mirar atrás y recordar a Jesús el Cristo y lo que Él ha hecho por cada uno de nosotros. Todo señala “a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14). Los sacrificios de sangre miran hacia adelante; el sacramento de la Cena del Señor mira hacia atrás, y el acto central – la expiación de Jesucristo – está justo en el centro – en el meridiano del tiempo. (más…)

La Ley de Sacrificio: Parte II – Un gran y postrer sacrificio

14 enero 2010

El sacrificio expiatorio de Jesucristo “abarca, sostiene, apoya y da vida y fuerza a todas las otras doctrinas del evangelio. Es la base sobre la cual descansa toda la verdad, y todas las cosas crecen de ella y vienen por causa de ella”.1 “La maravillosa y gloriosa Expiación fue el acto central en toda la historia de la humanidad”.2 Debido a estas declaraciones, todas las cosas también señalan a Cristo y Su expiación. Aquellos que vivieron antes de Cristo esperaron Su llegada y Su sacrificio infinito y eterno. Los que viven después de Cristo miran en el pasado el más grande de todos los acontecimientos y “recuerdan lo que se ha hecho”.3

Hubo muchas diferentes maneras en que los sacrificios de sangre realizados antes de Cristo constituían tipos y sombras del grande y postrer sacrificio. Tenga en cuenta algunos de los detalles:

En primer lugar, al igual que Cristo, el animal era escogido y ungido mediante la imposición de manos. (Tanto el título hebreo Mesías como el griego Cristo significan “el
Ungido”). Segundo, se debía derramar la sangre del animal. Tercero, tenía que ser un animal sin defecto alguno, totalmente libre de imperfecciones físicas, completo, sano, perfecto. Cuarto, el animal a sacrificar debía estar limpio y ser puro. Quinto, el animal tenía que ser doméstico, es decir, no podía ser salvaje, sino manso y de utilidad para el hombre (véase Levítico 1:2–3, 10; 22:21). Sexto y séptimo, en el sacrificio original practicado por Adán, y el más común de los de la ley de Moisés, el animal tenía que ser un primogénito y macho (véase Éxodo 12:5; Levítico 1:3; 22:18–25). Octavo, el sacrificio de grano tenía que ser molido en harina y preparado en panecillos, lo cual nos recuerda el título del Señor como Pan de Vida (véase Juan 6:48). Noveno, las primicias que se ofrecían nos recuerdan que Cristo fue las primicias de la Resurrección (véase 1 Corintios 15:20). 4

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