¿Cómo es el cielo?

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (en ocasiones llamada la Iglesia Mormona) es la restauración de la iglesia primitiva que fue establecida por Jesucristo mismo. El evangelio de la Iglesia de Cristo se perdió después del ministerio terrenal de los apóstoles que fueron llamados durante los tiempos de Cristo. La Iglesia fue restaurada a través del joven, José Smith, en los años 1800, por medio del poder de Dios.

Satellite view of Magellanic Cloud mormon creationLos mormones nos basamos en varios libros de escrituras para nuestro entendimiento del evangelio y del Plan de Dios para nosotros. Uno de estos libros, conocido como La Doctrina y Convenios (D. y C.), contiene revelaciones modernas dadas a los profetas de nuestros días, y dentro de este libro de escrituras podemos encontrar relatos más concernientes a nuestros tiempos que los que se encuentran en las escrituras más históricas. La mayoría de estas revelaciones fueron recibidas en respuesta a preguntas que José Smith se planteó mientras leía los pasajes de la Biblia, y como tales contienen pasajes detallados concernientes a temas dentro de la Biblia que pueden ser difíciles de entender.

D. y C. 76 responde a la pregunta “¿Cómo es el cielo?”.

La gloria en el cielo

Una lectura detallada de esta sección revela los detalles de los tres grados de gloria, de lo que se requiere para entrar a cada uno, y las responsabilidades que dicha colocación implica. Llegamos a entender verdaderamente el diseño de los cielos y la forma en que se refiere al Plan de Dios para nosotros. La mayoría de los relatos del cielo dentro de la Biblia lo describen simbólicamente y nos dice un poco más de que el cielo es donde iremos a morar con Dios después de esta vida. Sin embargo, hay indicios de que el cielo se divide en tres “grados” o “reinos”, específicamente en 1 Corintios 15:40-41;

“Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres.

Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria”.

El cielo: Progreso y gozo

Estas divisiones están presentes debido a que todos somos recompensados por nuestra propia fidelidad, y todos somos diferentes en nuestros esfuerzos y logros. “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (D. y C. 130:18-19). Porque Dios es verdadero y perfectamente justo y misericordioso, nuestras recompensas deben ser personalizadas y diferentes. El grado más alto, en cual es el Celestial, es alcanzable para todos los que elijan seguir el Plan de Cristo. Es en este grado de gloria donde podemos ser sellados juntos con nuestras familias, iniciando en el trabajo de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Hay muchas historias anecdóticas concernientes a nuestras diferentes “mansiones” los que Cristo ha preparado para nosotros (Juan 14:2), en los que las mansiones más grandes y gloriosas son normalmente entregadas a aquellos que han hecho más “buenas obras”, actuado con mayor caridad y edificado en sí mismos más atributos semejantes a Cristo. Esta es otra representación simbólica de las mismas recompensas personalizadas que recibiremos en el cielo y nuestro lugar dentro de uno de los tres “reinos”.

Cada uno de estos tres grados de gloria o reinos de los cielos tienen sus propios requisitos para entrar así como las bendiciones y responsabilidades adyacentes. Es un sistema de “niveles” muy parecido a un trabajo o la familia, en los que aquellos con una “categoría” superior tiene mayor autoridad y mayor responsabilidad. “Porque de aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá” (D. y C. 82:3).  Este sistema no hace a nadie mejor o peor que cualquier otro. Por el contrario, significa que todos somos igualmente bendecidos con lo que es pertinente y se adecúa a nuestras propias capacidades y habilidades, y todos somos redimidos por medio de la gracia de Cristo. La obra de Dios continúa por toda la eternidad, y seremos partícipes y hacedores de esa obra como parte del cuerpo de Cristo. “El que es el mayor entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 23:11).

Recursos Adicionales:

Encuentre más sobre cómo las familias pueden estar juntas para siempre.

Encuentre un centro de reuniones mormón local.

Cómo Jesucristo hizo posible el recibir todas Sus bendiciones.