Escrito por Daniel Derricott, un estudiante de la BYU, que estudia un volumen de la escritura conocida como la Perla de Gran Precio, el cual está escrito por profetas; los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, “los mormones” lo veneran como un texto sagrado. Esta publicación viene de un libro dentro de la Perla de Gran Precio conocido como el Libro de Moisés; es un extracto de la traducción de la Biblia como fue revelado a José Smith el profeta, junio de 1830 – febrero 1831.

Moisés aprende sobre su relación con el Padre Celestial

mormon-young-man-reading-scripturesEn la visión de Moisés de Dios en la Perla de Gran Precio (un libro venerado como escritura por los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) y en el relato de Moisés 1:1-23, aprendió muchísimo sobre su relación con Dios. Lo que Moisés aprendió es, sobre el Padre y el hijo y, de la relación familiar que tiene con Jesucristo, el Mesías. Por lo menos cuatro veces en estos  versículos, Moisés es referido como un hijo de Dios, tres de los cuales vienen del mismo Padre Celestial y parece ser utilizado para demostrar a Moisés que se le está enseñando algo.

El primer ejemplo donde el Padre se refiere a Moisés como Su hijo se encuentra entre el discurso de Dios sobre Su propia omnipotencia, lo que implica que Moisés posee el mismo potencial. En el segundo ejemplo, Dios habla de Su obra y luego le dice a Moisés que tendrá una obra que realizar. En la tercera referencia a Moisés se le muestra cuán pequeño es comparado con las creaciones de Dios el Padre pero se le recuerda de que es conocido y profundamente valorado por Dios como lo indica la simple pero amorosa frase, “Mi hijo”. Estas tres referencias del Padre Celestial a Moisés enseñan la relación familiar entre lo divino y lo mortal y crea un ambiente para que el hombre llegue cómodamente a conocer a Dios como verdaderamente es, el Padre.

Como aceptación de la relación del hombre con Dios, como su Padre, empieza a llegar al enfoque, un entendimiento de la naturaleza personal que esta relación debe seguir. En la Biblia, Romanos 8:16 declara que los mortales son los hijos del Padre Celestial como atestigua el Espíritu de Dios con el espíritu del hombre, lo que implica una conexión espiritual con el Padre. Además, en El Libro de Mormón (también un libro venerado como escritura por los “mormones”), 1 Nefi 17:36, junto con un versículo de las escrituras en Génesis 3:19, nos enseña que Jesucristo creó la tierra y al hombre del polvo de la tierra, lo que implica que ser físico llamado hombre es también creación de Dios. Además, los mortales no son hijos del Padre meramente en una manera filosófica sino mas bien en una manera personal, que es, tanto en cuerpo como en espíritu. Moisés, en su cuerpo mortal transfigurado (un cambio de estado del ser a uno más glorificado), con los ojos, ayudados por el Espíritu del Señor, vio y conversó con el Padre Celestial. Una vez que esta comunicación finalizó, Moisés fue drenado de su energía, mostrando la naturaleza caída del hombre. Aun así, el simple hecho de que Dios descendiera a un nivel en el que Moisés podía contemplarlo pone en claro que aunque el hombre es caído, no está perdido ni olvidado.

Una vez que Moisés obtuvo conocimiento de su relación con el Padre Celestial, fue probado para profundizar su conocimiento sobre este hecho y fortalecer su creencia en ello. La antítesis de Dios, satanás, vino y llamó a Moisés su hijo. Moisés, a causa del poder que sintió en la presencia de Dios, fácilmente distinguió que Satanás carecía de tal poder y fue por lo tanto desprovisto de la verdad. Él inmediatamente reconoció este contraste y declaró por sí mismo lo que había aprendido poro tiempo antes, “Soy un hijo de Dios” (Moisés 1:13). Estar en la presencia de Dios el Padre lo elevó a un plano mayor de la existencia ya que el Espíritu de Dios permaneció con él después como recordatorio de su filiación y potencial divinos para alcanzar algo mejor que la existencia mortal ofrecida o la amargura del infierno ofrecida por satanás.

Del encuentro de Moisés con Dios, varias cosas quedaron claras para mí. Lo primero es que también soy un hijo del Padre Celestial. Segundo, Dios es literalmente el Padre de mi carne y de mi espíritu. Tercero, Dios concede poder para superar a satanás. Finalmente, aprendí que la relación familiar con el Padre también me brinda un parentesco directo con el Redentor que es el Rey de Israel y el Señor de la salvación. Aunque no en igualdad de entendimiento con el Salvador, soy heredero de las mismas bendiciones eternas ofrecidas a todos los que son familia de Dios el Eterno Padre, que es toda la humanidad. Esto da poder y nobleza y le da un propósito a nuestra existencia mortal. También crea un entorno para edificar una relación tanto con Dios el Padre como con Su Hijo, Jesucristo, porque los veo en un importante papel, entre muchos, que cada uno juega en mi vida. A menudo he pensado que el propósito de la mortalidad es elegir a Jesucristo como nuestro Salvador (nuevamente) y demostrar esta decisión con mis acciones. Elegir al Salvador es un enlace directo a elegir al Padre Celestial. Sin pudiera entender quienes son el Padre y el Hijo en relación a quién soy yo, entonces sería difícil pero no imposible elegirlos y finalmente ser salvo.

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