En la Conferencia General a nivel mundial de abril del 2013 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (a menudo inadvertidamente llamada la Iglesia Mormona), el Elder Jeffrey R. Holland relató la conmovedora historia de un hombre que se acercó a Jesús para que sanara a su afligido hijo. El padre explicó la peligrosa condición de su hijo y suplicó, “Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos” (Marcos 9:22).

El élder Holland enfatizó que la fe de este padre, aunque imperfecta, fue suficiente:

“La convicción inicial de este hombre, según su propia confesión, es limitada; sin embargo, tiene un deseo apremiante y vehemente a favor de su único hijo. Se nos dice que eso es más que suficiente para empezar. “…aunque no sea más que un deseo de creer”, dice Alma, “dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer”. Sin tener ninguna otra esperanza, este padre expresa la fe que tiene y le suplica al Salvador del mundo: “…si tú puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!”. Apenas puedo leer estas palabras sin llorar. Es obvio que el pronombre nosotros se utilizó intencionalmente; el hombre decía en efecto: “Toda nuestra familia está suplicando; nuestra batalla nunca cesa; estamos cansados. Nuestro hijo se mete al fuego; se cae al agua; está en peligro constante y nosotros estamos atemorizados constantemente. No sabemos a quién más acudir; ¿nos puedes ayudar tú? Agradeceremos cualquier cosa: una bendición parcial, un destello de esperanza, quitar un poco la carga que la madre de este muchacho ha llevado toda su vida”.

“Las mismas palabras que usó ese padre: “si tú puedes hacer algo”, las usa el Maestro para responderle: “Si puedes creer””.

La Escritura dice: “De inmediato”, no lentamente, ni de manera escéptica ni cínica, sino “de inmediato”, el padre clama con su sincero dolor paternal: “Creo; ayuda mi incredulidad”. En respuesta a esa fe nueva y aún parcial, Jesús sana al muchacho, levantándolo casi literalmente de los muertos, tal como Marcos describe el incidente.

Escuché el mensaje del Elder Hollando agradecida por la amorosa misericordia del Salvador a su familia, y agradecida por el poder del Salvador para sanar nuestros cuerpos y nuestras almas.

El Sacerdocio: El Poder y Autoridad para actuar en el nombre de Dios.

El poder del sacerdocio del Salvador, o la autoridad para actuar en nombre de Dios, el Padre Eterno, se evidenció a lo largo de su ministerio cuando Él convirtió el agua en vino, sanó a los enfermos, leprosos y resucitó a los muertos. Su ministerio fue la salvación de las almas y, para mí, algunas de las historias más tiernas que demuestran el poder de Jesucristo fue cuando él perdonó los pecados de las personas.

El Señor Jesucristo enseñó que el poder del sacerdocio es para ayudar y beneficiar a otros. El sacerdocio no puede ser utilizado de manera egoísta para beneficio personal de cada uno. El sacerdocio también se le da a una persona por alguien que ya tiene la autoridad del mismo y se da por la imposición de manos.

Y entonces, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia (Mateo 10:01).

El Poder del Sacerdocio restaurado en la tierra nuevamente.

El poder y la autoridad del Sacerdocio están hoy en la tierra. Después de la muerte de Jesucristo y de los Apóstoles, la facultad de actuar en nombre de Dios se retiró de la tierra. En mayo de 1829, Juan el Bautista confiere el Sacerdocio Aarónico (o menor)  y Pedro, Santiago y Juan confirieron el Sacerdocio de Melquisedec (o mayor) a José Smith y a Oliver Cowdery, quien bajo la dirección de Jesucristo restauró Su Iglesia en su plenitud de nuevo a la tierra. (Véase José Smith-Historia 1:68-72).

En la Conferencia General de la Iglesia de Jesucristo de Abril del 2013, el presidente Dieter F. Uchtdorf dijo:

“El Salvador es el ejecutor de milagros; Él es el gran Sanador; es nuestro ejemplo, nuestra luz, aun en los momentos más tenebrosos, y nos muestra el camino correcto. Sigámoslo. Elevémonos hacia nuestro cometido y convirtámonos en sanadores prestando servicio a Dios y a nuestros semejantes”.

Los Mormones sanan por medio del Poder y la Autoridad

Mi padre recibió la autoridad del sacerdocio por la imposición de las manos de su padre, quien también tenía el sacerdocio. Papá ha utilizado este poder como un sanador en nuestro hogar para las simples y pequeñas necesidades y en situaciones que amenazan la vida. Una experiencia espectacular que queda vívidamente en mi memoria ocurrió cuando yo tenía cinco años de edad. Mi familia vivía en una granja y lo único de concreto que teníamos en nuestra propiedad, eran los alrededores de una piscina de cemento. Un día, mientras empujaba en el triciclo a mi hermano de dos años alrededor de la piscina, él se dirigió a la parte profunda de la piscina vacía. Cayó nueve metros abajo, golpeándose la cabeza contra el piso de la piscina. Mis gritos alertaron a mis padres que estaban cerca quienes cuidadosamente acunaron su cuerpo desmayado. Vivíamos en la zona rural de Arizona y el hospital más cercano estaba a 60 millas. En el camino al hospital, mis padres se detuvieron en casa de unos amigos y el esposo y mi padre vertieron aceite consagrado y colocaron sus manos sobre la cabeza de Donovan y en el nombre de Jesucristo mandaron a su cuerpo a sanar sin problemas o efectos residuales. Cuando Donovan llegó al hospital, él ya respondía. El médico decidió mantenerlo durante la noche en caso de una conmoción cerebral, pero Donovan no sufrió efectos de la caída.

Otra experiencia de sanación fortaleció mi fe y testimonio en el poder del sacerdocio. Mi marido y yo llevamos a mis hermanas y uno de los novios que nos visitaban a pasear con motos de agua en el lago. Yo llevé a mi hermana más joven a dar un paseo conmigo. Queriendo mostrarle cómo hacer un sacacorchos, aceleré el gas y tiré con fuerza del timón hacia la izquierda. Sin embargo, ella se había soltado de mí y al zambullirse el ski en el agua, ella voló por encima de este y luego aterrizó con las piernas extendidas sobre la utilería del jet. La ayudé a volver a la Jet Ski sangrando y retorciéndose de dolor. Mi marido oyó sus gritos a través del lago y nos recibió en el muelle. Nosotros la pusimos en una mesa de picnic. Examinar el corte de sus partes íntimas fue devastador. Ella era menor de edad y no tenía una autorización médica de mis padres y sabía que necesitaba unos puntos de sutura. No podía llegar a ellos. Llamé a nuestro amigo que es un médico que nos dijo que vayamos directamente a su casa. Mi marido y el novio de nuestra otra hermana habían recibido el sacerdocio. Ellos pusieron sus manos sobre la cabeza de mi hermana y en el nombre de Jesucristo prometieron que iba a ser sanada. El sangrado se detuvo cuando nos dirigimos a la ciudad. Cuando llegamos a la casa de nuestra amiga, mi hermana había sido sanada! El médico no vio ningún daño en sus partes delicadas y sintió que no necesitaba atención médica adicional. ¡Qué milagro!

Jesucristo bendijo milagrosamente a los que le rodeaban quienes tenían una medida de fe. Él dio a sus apóstoles el poder y la autoridad para actuar en Su nombre. Hoy en día, el poder y la autoridad han sido restaurados a la tierra. El sacerdocio me ha bendecido a mí y a mi familia a través de curaciones milagrosas, así como las bendiciones de paz y consuelo. Estoy muy agradecido por la misericordia de Dios en su poder permitiendo que se utilice para bendecir y fortalecer nuestras vidas. Yo sé que Él vive y que la autoridad para actuar en Su nombre está disponible a través de Su Iglesia restaurada que es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Los invito a conocer más de las bendiciones y el poder del sacerdocio contactando a los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Este artículo fue escrito por

Delisa

Soy miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me he mudado 66 veces y ¡no me canso de experimentar esta hermosa tierra! Me encantan las personas, los idiomas, la historia / antropología, y especialmente las culturas religiosas del mundo. Mi pasión permanente es el estudio y la búsqueda del simbolismo religioso, específicamente relacionados con templos antiguos y modernos. A mi esposo Anthony y a mí nos encantan nuestro bulldog Wellington, las aventuras, los viajes, las películas, el motociclismo, y el tiempo con amigos y familiares.