¿Alguien alguna vez les ha dicho que las mejores personas pasan por las pruebas más difíciles? ¿Por qué es eso? Es porque Dios está refinando a Su pueblo para un propósito muy especial. En un libro titulado Be Not Afraid-Only Believe, escrito por Ted L. Gibbons y publicado en 2009 por Cedar Fort, Inc. (pp 125-126), Gibbons comparte cuál es este propósito especial:

Pruebas, Adversidades o Preparación

oración-mormonaJesús es un solucionador de problemas. Él puede hacer cualquier cosa. Él puede arreglar cualquier cosa. Pero es más que eso. Si su única preocupación fuera evitarnos el dolor y la tristeza, Él podría instituir una condición milenaria entre nosotros ahora. En el Milenio, “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser” (Apocalipsis 21:4). Pero Él tiene que ver con algo más que la eliminación de la infelicidad. Él no está exclusivamente relacionado con asegurarse de que seamos buenos. El Señor quiere que seamos felices. Él quiere que seamos buenos. Pero también quiere que seamos santos. Él quiere que nos acerquemos a Él con personalidades moldeadas por la justicia. Él quiere que seamos transformados en seres dignos de “un eterno peso de gloria” (2 Cor. 4:17). Por lo tanto, Él es también un maestro.

Si se nos preguntara, “¿qué tenía Jesús como ocupación?” Hay una sola respuesta. Él era un maestro. . . De unas noventa veces que se le menciona en los cuatro Evangelios, sesenta veces se le llama “Rabbi”, que significa “maestro”. También se le conoce como “Master”, que proviene de la palabra griega didaskalos, que se define como “el que enseña acerca de las cosas de Dios y los deberes del hombre”. Esta palabra se traduce a veces como “maestro”, en otras ocasiones como “señor”. 1

Él quiere que nos convirtamos en seres a semejanza de Cristo que puedan calificar para la exaltación. Logramos ese crecimiento respondiendo adecuadamente a nuestros problemas individualizados. Las Escrituras y los profetas describen este tipo de enseñanza con palabras tales como pruebas, adversidades o preparación.

Una de las bendiciones supremas de esta prueba es que debemos ir a Él en busca de ayuda, porque no hay más lugar al que podamos ir por la clase de fortaleza que se necesita para pasar la prueba. Nadie más puede darnos la ayuda que Él puede darnos, porque nadie más tendrá que hacer frente a los mismos problemas que enfrentaremos. Howard W. Hunter nos recuerda, “obviamente, las cargas personales de la vida varían de persona a persona, pero cada uno de nosotros las tenemos. Además, cada prueba en la vida se adapta a las capacidades y necesidades del individuo que un Padre Celestial amoroso ya conoce”. 2

God wants us to be like Him, that is characteristic of Him as our loving Heavenly Father. He knows that there must be an opposition in all things. And if we want to become like Him, enjoying all of the blessings He has, we have to also go through misery. I will use two illustrations to explain why. First, a quote by Elder Bruce C. Hafen:

Dios quiere que seamos como Él, esto es característico de Él como nuestro amoroso Padre Celestial. Él sabe que debe haber una oposición en todas las cosas. Y si queremos llegar a ser semejantes a Él y disfrutar de todas las bendiciones que Él tiene, tenemos que ir también a través de la tristeza. Voy a utilizar dos ilustraciones para explicar por qué. En primer lugar, una cita del élder Bruce C. Hafen:

Lloró, Él, que había descendido por debajo de todas las cosas, el Varón de dolores, el que cargó con nuestras aflicciones. La grandeza de su capacidad infinita de gozo es la imagen refleja inversa de la profundidad de su capacidad para llevar nuestras cargas. Lo mismo sucede con las cavernas de sentimiento expandidas dentro de nuestro propio corazón: a medida que los dolores de la vida tallan y estiran las cavernas, expanden la capacidad de nuestra alma para sentir gozo. Entonces, cuando el Varón de los Dolores vuelva nuestra amargura en algo dulce, nuestra alegría, y la Suya, llenarán las cámaras ensanchadas de nuestro corazón con lo que las escrituras llaman ‘plenitud’. Es cuando hemos aceptado Su Expiación y Su amor con tal plenitud que Su propósito para con nosotros está completamente satisfecho. Entonces sabremos que fuimos hechos para esto. Entonces sabremos dónde, y por qué, y a quién pertenecemos. “Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Salmos 107:9) (The Belonging Heart, p. 315).

Y en segundo lugar un pasaje del Libro de Mormón:

Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo, mi primer hijo nacido en el desierto, no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal. De modo que todas las cosas necesariamente serían un solo conjunto; por tanto, si fuese un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto, no teniendo ni vida ni muerte, ni corrupción ni incorrupción, ni felicidad ni miseria, ni sensibilidad ni insensibilidad (2 Nefi 2:11).

Yo sé y creo que la obra de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Esa es Su mayor preocupación. Él quiere que tengamos éxito, y sé que Él ha provisto el camino por medio de Su Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor. Las pruebas pueden refinarnos o quebrantarnos, pero si optamos por confiar en Dios, hará que lleguemos a ser todo lo que estamos destinados a ser, incluso como Dios. Los invito a aplicar el don de la Expiación (que es la capacidad de ser reconciliado con Dios) de nuestro Salvador aprendiendo más acerca de su ofrenda, reúnanse con los misioneros mormones, ellos les pueden enseñar cómo.

Notas:

1. Boyd K. Packer, Enseñaos diligentemente (Salt Lake City: Deseret Book, 2004), 17.
2. Howard W. Hunter: “Venid a mí“, Liahona, enero de 1990, 18.

Este artículo fue escrito por Ashley Bell, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Recursos Adicionales:

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Jesucristo: Calma mi alma

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