En el Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo (considerado sagrado por los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a menudo llamada la “Iglesia Mormona”) hay una escritura que siempre me ha gustado y me ha atraído; se encuentra en el libro de Alma, capítulo 30, versículo 44, y dice: “…Las Escrituras están delante de ti; sí, y todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo”. Supongo que me siento atraída por este versículo porque siempre me ha gustado la naturaleza, y esta escritura me ayuda a comprender por qué la naturaleza da testimonio del poder de Dios y Su amor. En un libro titulado “Be Not Afraid-Only Believe”, escrito por Ted L. Gibbons, publicado en 2009 por Cedar Fort, Inc. Ted explica tiernamente cómo la reverencia de la naturaleza puede bendecir nuestras almas en formas celestiales:

Cristo-mormón¿Hay algún alma con ojos y corazón que pueda pasar por tal esplendor con indiferencia? ¿No todos los hijos de Dios tienen la capacidad divina para estar a la vez conmovidos e inspirados por la espectacular belleza y variedad de sus creaciones? Nos perdemos la oportunidad de recordarnos a nosotros mismos el amor del Creador cuando no reconocemos esos sentimientos inspirados de gratitud y reverencia. Cuando no somos capaces de percibir que la belleza y variedad de la Creación son una prueba del amor de Dios por nosotros, perdemos oportunidades para aumentar nuestra confianza y nuestra devoción, y para transmitir el agradecimiento verdadero. “El que reciba todas las cosas con gratitud será glorificado” (D. y C. 78:19).

Una vez que entendemos esta verdad, aprendemos a adorar en nuevas formas. Cuando nos sentimos atraídos hacia los cielos por estos regalos divinos de belleza y variedad podemos ser fortalecidos contra todo tipo de desánimo y angustia. El mundo mismo nos dará señales sin fin apuntando hacia el cielo.

Cuando no sólo estamos de acuerdo con el Creador de que todo lo que ha hecho es muy bueno (Génesis 1:31), sino que también nos damos cuenta de que esto es así debido a Su amor, empezamos a tener experiencias como las mías con el saltamontes de alas azules y el atardecer empapado por la lluvia. Si sólo percibimos que la belleza y variedad que nos envuelven son nada menos que las huellas del Padre, la sombra del Hijo, la confirmación terrenal del amor divino, entonces nuestra determinación de ir a Ellos con nuestras pruebas será más constante, y empezaremos a sentir, y tal vez incluso a escribir, palabras como éstas:

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento proclama la obra de sus manos. (Salmos 19:1)

De la tierra, flores mil,

con aroma tan sutil,

de los astros, el fulgor,

de su bello resplandor

testifican del amor

del sublime Creador  (“El Sublime Creador”, Himnos (Salt Lake City: Intellectual Reserve, 1985), No. 44.).

Cuando oigo feliz un ave cantar

O puedo el cielo mirar,

O siento la lluvia sobre mi faz

O el soplo del viento al pasar,

Si toco las flores del rosal

O huelo un alelí,

Qué gozo me da en este mundo vivir

Que mi Padre creó para mí (“Cuando oigo feliz un ave cantar”, Canciones para los niños (Salt Lake City:.. Intellectual Reserve, 1989), no. 17)

Al recorrer los montes y los valles.

y ver las bellas flores al pasar;

C al escuchar el canto de las aves

y el murmurar del claro manantial;

Mi alma canta, mi Señor y Dios,

¡Grande eres Tú! (“¡Grande eres Tú!”, Himnos (Salt Lake City:.. Intellectual Reserve, 1985), no. 22)

Toda alma canta. Nosotros, los que habitamos este mundo de belleza sorprendente y de deliciosa variedad hemos sentido nuestras almas cantar. Tenemos el reto de recordar reflejar estos sentimientos a los cielos en oraciones de gratitud. Si podemos hacer eso durante nuestro viaje a casa, nuestros ojos estarán complacidos y nuestros corazones se alegrarán. Nuestras almas se animarán. Y llegaremos a conocer y amar a los Creadores mejor de lo que jamás los hemos conocido o amado antes. Al reconocer que estamos rodeados de invitaciones a buscarlos en nuestros momentos de tristeza, estaremos más inclinados a hacerlo. Nuestro conocimiento de las manifestaciones de Su amor en el mundo que nos rodea será un recordatorio constante para nosotros de que siempre tenemos un lugar al cual ir cuando no haya ningún otro lugar (páginas 37-39).

Los invito, la próxima vez que salgan a caminar, a observar cualquier parte de la naturaleza que ustedes puedan y reflexionar sobre el amor que el Señor Jesucristo tiene por cada uno de ustedes. También los invito a conocer más acerca de Jesucristo y Su papel como Creador, reuniéndose con los misioneros mormones y leyendo el Libro de Mormón. He hecho estas cosas y puedo testificar que sé que Jesús es el Cristo y por medio de Él podemos ser salvos en la medida que vivimos Sus mandamientos.

Artículo escrito por Ashley Bell

Recursos adicionales:

Solicite una copia gratuita del Libro de Mormón

¿Cómo salvó Jesucristo a la humanidad?

Lean/vean/escuchen a un profeta moderno testificar del amor de Dios por ustedes en un discurso titulada: “Ustedes son importantes para Él” del presidente Dieter F. Uchtdorf.