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Jesús y los dones espirituales

10 mayo 2012

Los dones espirituales son capacidades o habilidades innatas que el Padre Celestial nos dio antes de venir a la tierra.  Son únicamente nuestras.  Es nuestra responsabilidad desarrollarlas y fortalecerlas aquí en la tierra.  Tenemos que usar esos dones para servir a los demás y a Dios.

Debido a que Jesucristo era descendiente literal de Dios, los mormones creemos que Él posee muchas de las mismas cualidades y características de nuestro Padre Celestial.  El Padre Celestial le dio a Jesucristo habilidades específicas para ayudar a llevar a cabo la voluntad de Dios en la tierra a lo largo de Su ministerio.

De acuerdo con el séptimo artículo de fe, los mormones creemos en “el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades interpretación de lenguas, etc.”  Durante Su vida, Cristo pudo recibir todos estos dones a causa de Su firme convicción y compromiso con el Señor.  Él recibió estos dones de nuestro Padre Celestial por medio del Espíritu Santo.

Jesucristo recibió el don de lenguas.  Él era un comunicador eficaz.  Habló en nombre de Su padre a las multitudes.  Comunicó las leyes y los mandamientos de Su padre a los pueblos.  Jesucristo recibió la revelación con respecto a dónde debía ir o quién debía servir en Su ministerio.  Los mormones creemos que aquellos que siguen los mandamientos y sinceramente lo piden, pueden recibir hoy en día la profecía y la revelación.  La doctrina mormona nos dice que hay un profeta moderno, actualmente Thomas S. Monson, que recibe la revelación y la visión de la Iglesia.

Jesucristo recibió el don de curación.  Él utilizó este don para curar y bendecir a todos los que estaban enfermos o afligidos.  Durante Su ministerio, aquellos que no creían que Él era el hijo de Dios, fueron de inmediato increpados cuando lo vieron hacer milagros.  A través del poder de curación, pudo limpiar al leproso, hacer que los sordos oigan y resucitar a los muertos.  Hoy en día, los mormones creemos en el don de la sanación a través del poder del sacerdocio.  Los hombres mormones que han demostrado ser dignos de este poder pueden bendecir y sanar a los enfermos.  Estas bendiciones del sacerdocio se administran de una manera similar a cómo Jesús dio bendiciones en Su tiempo.

Jesucristo recibió muchos dones espirituales que le ayudaron a guiar y dirigir a las multitudes en la tierra.  Cada persona que vive en la tierra hoy tiene dones espirituales concedidos por Dios.  Tenemos que fortalecer y seguir esos talentos.  Debemos utilizarlos en una manera que sea agradable al Señor.  Jesucristo nos dio un ejemplo de cómo debemos usar nuestros dones espirituales para servir a los demás y al Señor.

Jesús y el Servicio

10 mayo 2012

En Mosíah 2:17 del Libro de Mormón, leemos: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios”.  Jesucristo fue un hombre perfecto que mostraba un amor perfecto por todos aquellos que Él conocía.  Su vida estuvo dedicada a servir a los demás.  Si hay algo que aprender de Su tiempo aquí en la tierra es que debemos amarnos los unos a los otros.  Y a través del servicio a los demás, mostramos nuestro más profundo respeto por el prójimo y nuestro Padre en el Cielo.

Jesús pasó Su tiempo en la tierra sirviendo a Sus semejantes.  El Nuevo Testamento está lleno de relatos que demuestran Su compromiso de servir a los demás.  Los que seguían a Jesús lo llamaban “Maestro”.  Sin embargo, aunque Él era su líder, Jesús les enseñó que Él era Su siervo.  Se envolvió en una toalla, lavó sus pies en un lebrillo de agua.  Asumió el papel de un siervo, a pesar de ser considerado un maestro por Sus seguidores.  Les dijo que si Él estaba dispuesto a servirles lavándoles los pies, ellos deben estar dispuestos a servirse los unos a los otros (Juan 13:5-17).  Muchas veces creemos que estamos demasiado ocupados para servir a los demás o que estamos demasiado abrumados con lo que está pasando en nuestras propias vidas.  Jesús demuestra que no importa dónde nos encontramos en la vida, tenemos que parar y ayudar al prójimo.  El mormonismo insiste en que el servicio debe ser una de nuestras principales prioridades aquí en la tierra. (más…)

Jesús y el Día de Reposo

10 mayo 2012

Cuando se habla de la relación de Jesús con el día de reposo, es importante recordar que Él fue el creador de la tierra – Aquel a quien Dios el Padre llama “La palabra de mi poder”.  Por lo tanto, tenemos que igualar la creación, y el día de reposo, con Él y con Su voluntad para nosotros.  Jesús, como Jehová antes de su nacimiento como Jesús en la tierra, era también el Dios del Antiguo Testamento, por lo que todo lo que fue dado a los profetas del Antiguo Testamento en relación con el día de reposo vino de Cristo.

El mandamiento de honrar el día de reposo es fundamental para los mormones, es uno de los 10 mandamientos:

“Acuérdate del día del reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8 – 11).

Nehemías reprendió a su pueblo por comprar, vender y trabajar en los campos en el día de reposo.  Aquí se establece la conexión de que el pueblo prospera cuando guarda el día de reposo, pero la tierra y el comercio están malditos cuando se profana el día de reposo:

“Y contendí con los nobles de Judá, y les dije ¿Qué mala cosa es ésta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo?  ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad?  Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo” (Nehemías 13:17 – 18).

Jeremías advirtió:

“Pero si no me escucháis para santificar el día de reposo y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en el día de reposo, yo haré encender fuego en sus puertas que consumirá los palacios de Jerusalén y no se apagará” (Jeremías 17:27).

Guardar el día de reposo es un signo y una alianza entre el Señor y Su pueblo:

“Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: De cierto vosotros guardaréis mis días de reposo, porque es señal entre yo y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico…Señal es para siempre entre yo y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó” (Éxodo 31:13, 17).

El castigo del Antiguo Testamento por quebrantar el día de reposo era la muerte.  Hay una razón para ello.  El Señor bendice a Sus hijos cuando guardan el mandamiento en el que se basa la bendición.  Cuando guardamos el mandamiento, a causa de Su promesa a nosotros, el Señor está obligado a bendecirnos.  Pero si no cumplimos el mandamiento, y más especialmente, si voluntariamente nos rebelamos contra el mandamiento, no hay ninguna promesa de parte del Señor.  Debido a la importancia de guardar el día de reposo, los judíos a veces tienen mucho miedo de quebrantarlo.  Ellos crearon normas y procedimientos para abstenerse de profanar el día de reposo sin darse cuenta.  Solo caminaban no más de mil pasos y no conducían o manejaban en absoluto.  Sólo llevaban los objetos rituales necesarios para el culto en la sinagoga.  Estas restricciones se mantienen entre los judíos muy ortodoxos.

Sin embargo, Jesús los corrigió.  La conciencia de cada uno puede decir si estamos realizando actividades propias para el día de reposo, si estamos cerca del espíritu.  Jesús enseñó que el hombre no está destinado a ser un esclavo de las reglas y restricciones del día de reposo, pero que este día debe ser placentero para el hombre, para darle descanso y volver a llenarlo espiritualmente.  En Marcos dice:

“Y aconteció que pasando él por los sembrados en el día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.  Entonces los fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?  Y él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?  También les dijo: El adía de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.  Así que el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Marcos 2:23 – 28).

Jesús podía hacer este juicio, porque Él es el Señor del día de reposo.  Nosotros también podemos decidir si estamos cerca del espíritu.  Jesús puede decirnos si estamos guardando el día de reposo.  Cuando Jesús llevó a cabo una curación en el día de reposo, los escribas y los fariseos le acusaron de quebrantar el sábado.  El Señor les respondió. “Entonces Jesús les dijo, Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o quitarla?  Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano.  Y él así lo hizo, y su mano fue restaurada” (Lucas 6:9, 10).

Los judíos tenían una dispensación especial para “quebrantar” el día de reposo si se presentaba una situación de vida o muerte.  Podían salvar a un animal o a un ser humano en el día de reposo.  Jesús se refirió a eso cuando sanó la mano del hombre.

Después de la resurrección, Jesús visitó a los israelitas que habían emigrado a las Américas.  Ellos habían estado guardando la ley de Moisés, pero sus profetas habían estado profetizando la venida de Cristo, y profetizaban en el nombre de Cristo.  Los pueblos del Libro de Mormón habían visto las señales del nacimiento y de la muerte de Cristo.  Durante Su visita, el Señor les enseñó y estableció Su Iglesia, tal como lo había hecho en la Tierra Santa, llamando a Sus doce discípulos y enviándolos como testigos.  Cristo reiteró la ley de Moisés para guardar el día de reposo.  “Les mandó que observaran el día de reposo y lo santificaran; y también que todos los días dieran gracias al Señor su Dios” (Mosíah 18:23).

Cuando el Señor restauró el Evangelio y el poder del sacerdocio a través de José Smith, Él reiteró la importancia de mantener el día de reposo:

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo, porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo; sin embargo, tus votos se ofrecerán en rectitud todos los días y a todo tiempo; pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor. Y en este día no harás ninguna otra cosa sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos, o en otras palabras, que tu gozo sea cabal.  De cierto, esto es ayunar y orar, o en otras palabras, regocijarse y orar.  Y si hacéis estas cosas con acción de gracias, con corazones y semblantes alegres, no con mucha risa, porque esto es pecado, sino con corazones felices y semblantes alegres de cierto os digo, que si hacéis esto, la abundancia de la tierra será vuestra, las bestias del campo y las aves del cielo, y lo que trepa a los árboles y anda sobre la tierra; sí, y la hierba y las cosas buenas que produce la tierra, ya sea para alimento, o vestidura, o casas, alfolíes, huertos, jardines o viña; sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón; sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma” (Doctrina y Convenios 59:9 – 19).

Los mormones hemos tenido algún consejo específico de nuestros profetas y apóstoles, pero aún así seguimos nuestra conciencia cuando se trata de guardar el día de reposo.  Estas son algunas recomendaciones que los profetas han hecho…

  • No compre ni venda en el día de reposo.
  • Asista a la iglesia, especialmente a la reunión sacramental, con el fin de participar del Sacramento y renovar los convenios hechos en el bautismo.
  • Descanse de las labores, pero haga la obra del Señor en el día de reposo.
  • Visite a los enfermos y los necesitados en el día de reposo.
  • Disfrute de la familia en actividades tranquilas, disfrute de comidas sencillas que no sean muy difíciles de preparar o limpiar.
  • Tome una siesta, lea las Escrituras o cualquier otro buen libro.

Algunos mormones ven la televisión en el día de reposo, pero otros no.  Muchos cambian la música que escuchan con el fin de hacer el día más espiritual.

La oración de Jesús

10 mayo 2012

La oración es un don que tiene la intención de fortalecer nuestra relación con el Padre Celestial y con Jesucristo.  De acuerdo con las creencias de los mormones, se ora al Padre en el nombre de Su hijo, Jesucristo.  Durante Su ministerio terrenal, Jesús nos enseñó que a través de la oración, podemos buscar el consuelo y la guía de nuestro Padre Celestial.  A través de la oración, podemos recibir inspiración y la confirmación de que las decisiones que estamos tomando son las correctas.

Jesucristo enseñó a Sus discípulos a orar.  En Lucas, capítulo 11, Él enseña a los discípulos a orar al Señor y hablar con Él como si fuera un padre.  Él les dice que oren para honrar a Dios y reconocer su dependencia en Él.  Él les dice que pidan a Dios que los cuide y los proteja.  Jesús enseñó a Sus discípulos a ser persistentes al momento de pedir algo a Dios. Él nos dice que una persona puede orar a Dios en cualquier momento, en cualquier situación.  Jesús nos promete que Dios escucha y contesta nuestras oraciones.  Dios enseñó a los discípulos la oración del Señor.  La Oración del Señor fue dada como un modelo que debemos seguir.  Los mormones creen en la importancia de decir oraciones personales diariamente a nuestro Padre Celestial.  En Mateo 6:9, Jesús dice que no usemos repeticiones vanas al orar.  Las oraciones deben ser personales y sinceras.

Jesús dependía de la oración para buscar el consejo y la guía de nuestro Padre Celestial durante Su ministerio terrenal.  Antes de Su crucifixión, Jesús oró al Padre Celestial en el Huerto de Getsemaní.  Le pidió al Señor que lo absuelva de tal dolor diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42) Jesús usó la oración para pedir al Señor.  Tenemos que usar la oración para fortalecer nuestra relación con el Padre Celestial, al igual que lo hizo Jesús cuando imploró por Su vida.

Los mormones toman el sacramento en las reuniones semanales de la Iglesia.  El sacramento es cuando los miembros participan del pan y del agua para recordar sus convenios con el Señor.  Se pronuncia una oración sobre el pan y el agua, que puede representar el cuerpo de Jesucristo.  La oración fue iniciada por Cristo en la Última Cena con Sus discípulos.  El propósito de la bendición es la misma hoy.  La oración sacramental nos ayuda a recordar el sacrificio de Cristo.

La oración puede proporcionar alivio durante los momentos más difíciles y dolorosos de nuestra vida.  En el nombre de Jesucristo, podemos hablar con nuestro Padre Celestial.  En Juan 15:16, Jesús nos dice que “Para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé…”  Años más tarde, José Smith se arrodilló en una arboleda a saber a qué la iglesia debía unirse.  Dios se le apareció, diciéndole que iba a comenzar su propia iglesia.  Gracias a la oración sencilla, humilde, pronunciada por José Smith tenemos un Evangelio restaurado.  Jesús nos asegura que si pedimos con corazón sincero, todas las cosas se nos revelarán en el tiempo de Dios.

Jesús y el Plan de Salvación

10 mayo 2012

¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿De dónde he venido? ¿Y a dónde voy? Las respuestas a los grandes misterios de la vida se pueden encontrar a través de la comprensión del plan de salvación. El Plan de Salvación es un mapa que describe dónde hemos estado y hacia dónde vamos. Los mormones creen que Jesucristo desempeña el papel central y vital en el Plan de Salvación.

El Plan de Salvación es a veces llamado el Plan de Felicidad o el Plan de Progreso. Es el plan de Dios para cumplir Su propósito central.

Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre, Moisés 1:39).

La inmortalidad viene con la resurrección, todos los hombres llegarán a ser inmortales, porque la resurrección es un don gratuito gracias a la Expiación de Cristo. La vida eterna, sin embargo, es otra cosa. Es la vida que Dios vive e incluye el conocimiento, el poder y la gloria en el más alto cielo, donde Él mismo mora.

Dios, al enseñar a Sus profetas, les dio una explicación de la “inteligencia”.

…si hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro, sin embargo estos dos espíritus, a pesar de ser uno más inteligente que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son… eternos.

Y el Señor me dijo: “Estos dos hechos existen: Hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro; habrá otro más inteligente que ellos; yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos” (Perla de Gran Precio, Abraham 3:18, 19).

Dios es omnisciente y todopoderoso y ama a todos. Él dijo: “Yo habito en medio de todos ellos; por tanto, he descendido ahora para darte a conocer las obras que mis manos han hecho, por lo que mi sabiduría los sobrepuja a todos ellos, pues reino arriba en los cielos y abajo en la tierra, con toda sabiduría y prudencia, sobre todas las inteligencias que tus ojos han visto desde el principio; yo descendí en el principio en medio de todas las inteligencias que has visto.

Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes (Perla de Gran Precio, Abraham 3:21, 22).

El deseo del Señor para estos personajes es que tengan la oportunidad de ser como Él.
Eso sería imposible, si Él los dejaba como estaban. Antes de que la tierra fuera creada, el Señor creó todas las cosas en un ámbito puramente espiritual, el cual el mormonismo llama “Vida Pre-mortal”, o “Preexistencia”.

Porque por el poder de mi Espíritu las he creado; sí, todas las cosas, tanto espirituales como temporales: primero espirituales, en seguida temporales, que es el principio de mi obra; y además, primero temporales y en seguida espirituales, que es el fin de mi obra—Doctrina y Convenios 29:31, 32).

En este mundo pre-mortal, todos nosotros éramos espíritus creados por Dios, y por lo tanto, Dios el Padre es, literalmente, nuestro Padre Celestial. Tuvimos personalidad y albedrío, el libre albedrío. Si nos hubiéramos quedado en ese ámbito, nuestro progreso se hubiera detenido. El Señor planeó para nosotros para obtener un cuerpo físico, demostrar a nosotros mismos y aprender compasión, y luego de obtener un cuerpo inmortal. Él planeó enviarnos a la tierra para experimentar la mortalidad. Para que podamos aprender y ser probados, y el ejercicio del albedrío Él nos garantizó, tenía que haber oposición.

De hecho, hubo una oposición incluso en ese ámbito pre-mortal. Dios sabía que en la mortalidad, todos nosotros cometeríamos errores y cometeríamos pecados, haciéndonos indignos de regresar a Él y de lograr un reino de gloria. Él proporcionó un Salvador para nosotros, dispuesto a tomar sobre Sí nuestros pecados, si solamente nos arrepentíamos. Aquél fue Jesucristo, el Hijo de Dios, el espíritu primogénito en la vida pre-mortal, y el más inteligente y poderoso. Lucifer presentó su propio plan para obligarnos a vivir de acuerdo a la ley de Dios, el cual nos privaría de nuestro albedrío y daríamos gloria a Lucifer (Isaías 14:12; Doctrina y Convenios 76:26). Lucifer fue arrojado a la tierra con un tercio de los hijos espirituales de Dios— aquellos que optaron por su plan por encima del plan del Señor. Ellos se convirtieron en Satanás y sus demonios, y ellos nunca obtendrán cuerpos físicos ni resucitarán. Ellos proporcionan la oposición en la tierra, lo que garantiza al hombre su libre albedrío. Todos los que alguna vez han nacido en esta tierra, optaron por seguir el plan del Salvador en la pre-existencia.

Dios creó a Adán y Eva y les dio dos mandamientos contradictorios. Él así lo hizo, porque ellos moraban en un estado paradisíaco, sin mayores pruebas del mundo solitario y triste. El Jardín del Edén fue un estado estático, pacífico, sin muerte — ni nacimiento. Mientras Adán y Eva se quedaran allí, ningún hijo espiritual de Dios nacería en la tierra. El participar de la ”fruta prohibida” trajo su destierro del jardín, y les hizo capaces de multiplicarse y henchir la tierra.

Y para realizar sus eternos designios en cuanto al objeto del hombre, después que hubo creado a nuestros primeros padres, y los animales del campo, y las aves del cielo, y en fin, todas las cosas que se han creado, era menester una oposición; sí, el fruto prohibido en oposición al árbol de la vida, siendo dulce el uno y amargo el otro (2 Nefi 2:15).

Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes (Moisés 5:11).

Los mormones creen que Adán y Eva fueron dos de los hijos espirituales más nobles del Señor, pre-ordenados a su posición en la tierra antes de que la tierra fuera creada. Los mormones no creen en el pecado original. Nuestra doctrina es que los niños nacen inocentes. Cristo tomó sobre Sí la transgresión que ocurrió en el Edén, y ésta no tiene dominio sobre los hijos de los hombres. La Caída fue un paso esencial en el Plan de Salvación.

Para vencer los efectos de La Caída, los cuales pusieron a los hombres y mujeres en un mundo en el que Satanás tienta y trata de destruir a la humanidad, Cristo realizó una expiación eterna y perfecta que garantiza la resurrección y la inmortalidad para todos y la exaltación para los que se arrepientan. La expiación de Cristo es el acontecimiento clave en la historia de la tierra. Debido a la expiación, todos resucitarán y los que se arrepientan serán exaltados. La misericordia de Cristo se extenderá a todos. Sólo aquellos que niegan a Cristo después de haber recibido un conocimiento perfecto de Él no podrán obtener un reino de gloria.

La muerte es el portal hacia el más allá. Al morir, el espíritu y el cuerpo se separan y el espíritu va al mundo de los espíritus a la espera de la resurrección. En el mundo de los espíritus, nosotros todavía disfrutaremos del albedrío, la capacidad de aprender, y el gozo de las relaciones con nuestros seres queridos. “Una causa o fuente de felicidad” es la palabra que los profetas modernos han utilizado. En el mundo espiritual, el verdadero evangelio es predicado a cualquiera que no lo ha escuchado o a quienes fueron engañados en la tierra. Las ordenanzas efectuadas por medio de representación en la tierra pueden ser aceptadas o rechazadas por los espíritus en el mundo de los espíritus. El Profeta Joseph F. Smith tuvo una visión del mundo de los espíritus la cual se registra en la sección 138 de Doctrina y Convenios.

Tras la resurrección y el juicio las personas son asignadas a un nivel de exaltación más adecuada para ellos. El nivel más alto de la exaltación es donde las familias pueden ser eternas unidades y los esposos y esposas viven en un estado de matrimonio eterno. El Señor ha llamado a estos herederos del reino donde Dios mismo mora, ”hombres justos hechos perfectos. Estos hombres y mujeres no eran seres humanos perfectos. Ellos cometieron errores en la tierra, tal como nosotros lo hacemos. Pero al tratar de amar y vivir los mandamientos de Dios a cualquier costo, ellos se perfeccionan a través de la gracia de Cristo. José Smith registró una visión de los reinos de los cielos en la sección 76 de Doctrina y Convenios. Él vio que incluso la gloria del más bajo reino de los cielos “sobrepasa todo entendimiento.”

El Plan de Salvación nos enseña que somos seres eternos, aprendiendo a ser cada vez más y más semejantes a nuestro Creador. Se comprueba el gran amor de Dios por nosotros. La comprensión del Plan de Salvación puede suavizar el aguijón de la muerte y la separación de sus seres queridos. Aquello nos enseña que nuestro progreso continúa en el más allá, y que de hecho ocurre, hay mucho por curar y equilibrar. El Señor comprende que la vida terrenal es una seria y difícil prueba. Muchos de nosotros llegamos a la tierra con alguna discapacidad de alguna manera, y otros se enfrentan a pruebas tan terribles que compromete el buen juicio. Otros nunca tienen la oportunidad de mejorarse a sí mismos o de aprender de Jesucristo. La vida después de la muerte es un lugar donde se adquiere el conocimiento y se comprende el propósito de la vida. La mayor perspectiva ayuda a los que tienen desventaja a obtener justicia y misericordia, sin importar cuáles fueron sus pruebas en la tierra.

Parábolas de Jesús

10 mayo 2012

Las Parábolas de Jesús

Una parábola es un simple relato que se usa para ilustrar y enseñar una verdad espiritual o un principio. Una parábola se basa en la comparación de un objeto ordinario o un evento con una verdad, y el significado subyacente o el mensaje de una parábola se oculta a menudo a los oyentes que no están preparados espiritualmente para recibirlo (Mat. 13: 10-17).

Cristo enseñaba con frecuencia mediante parábolas.  Se narran Sus parábolas en los cuatro evangelios de la Biblia.  La siguiente es la lista de las parábolas de Cristo y en donde se hallan en la versión Reina Valera de la Biblia.

La parábola del sembrador: Esta parábola muestra lo qué sucede cuando diferentes tipos de personas escuchan el evangelio. En algunos, el evangelio echa raíces, se nutre a través de los esfuerzos del creyente y se profundiza en el compromiso. Para otros el evangelio echa raíz, sin embargo nunca se nutre, y la fe decae. En otros, el evangelio es predicado a los oídos sordos y corazones duros los cuales proporcionan un ambiente inhóspito para que el testimonio crezca — Mat. 13: 3-9, 18-23, Marcos 4: 3-9, 14-20, Lucas 8: 4-8, 11-15

La parábola del trigo y la cizaña: El Señor permite que los rectos y los malos crezcan hasta madurar juntos, hasta que estén completamente maduros, ya sea en la bondad o en la maldad. Luego Él separará el trigo (los buenos) de la cizaña (los malos, los cuales aparecen ser el trigo al principio), y quemará los malos en el último día —  Mat. 13:24-30, 36-43, Marcos 4: 26-29

Parábola de la semilla de mostaza: La semilla de mostaza es pequeña, pero perfectamente obediente a la voluntad del Señor. Crece hasta convertirse en una gran planta que contrasta con el diminuto tamaño que tenía como una semilla. Así el reino del Señor crecerá desde orígenes humildes — Mat. 13: 31-32, Marcos 4: 30-32, Lucas 13: 18-19.

La parábola de la levadura: La levadura en algunas escrituras representa la ”mala inclinación” del hombre, pero en este caso, representa el reino del Señor. Una mujer añade un poco de levadura a cada una de tres medidas de harina, y todas ellas se levantaron. Por lo tanto, el evangelio es recibido por una persona en una ciudad, cinco en un país, pero todo el mundo es bendecido — Mat. 13: 33, Lucas 13: 20-21.

El tesoro en el campo: El reino de los cielos es semejante a un gran tesoro. Debemos hacer todo lo necesario para conseguirlo, incluso deshacernos de los tesoros terrenales a favor de aquél que es del cielo — Mat.13: 44.

La perla de gran precio: Una vez más, el reino de los cielos es como un tesoro. Para alcanzarlo, hay que vender todas las cosas mundanas —Mat. 13: 45-46.

La red del pescador: El pescador recoge peces de toda clase en su red, guarda los buenos, y echa fuera a los malos. En el juicio final será lo mismo, los malvados serán arrojados al fuego — Mat. 13: 47-50.

El padre de familia: Un escriba instruido en las verdades del reino de Dios saca de su tesoro tanto cosas nuevas como viejas al igual que un padre de familia lo hace en su casa — Mat.13: 51-52.

No más perdida, de Greg OlsenLa parábola de la oveja perdida: El Señor se preocupa por Sus hijos tanto como el pastor que cuida de sus ovejas. Un buen pastor dejará a las ovejas y buscará a la única oveja perdida. El Señor se regocija cuando un hijo extraviado es hallado y devuelto a la grey — Mat. 18: 12-14, Lucas 15: 1-7.

La parábola de la moneda perdida: Al igual que la parábola de la oveja perdida, una mujer se regocija con sus amigos cuando ella encuentra su dracma perdida. En el cielo se regocijan por el alma de una persona que se arrepiente — Lucas 15: 8-10.

El hijo pródigo: Al igual que las parábolas de la moneda perdida y la oveja perdida, el padre se regocija cuando su hijo pródigo vuelve. No importa cuán bajo el hijo cayó, ni los pecados que él cometió. El padre todavía está dispuesto a recibirlo con gozo, cuando el hijo se humilla y vuelve a casa  — Lucas 15: 11-32

El siervo injusto: El Señor nos perdona a nosotros,  incluso mientras estamos profundamente en deuda con él. Sin embargo, Él no lo hará, si nos negamos a perdonar a los demás — Mat. 18: 23-35.

El buen samaritano: Hay muchos mensajes en el relato del buen samaritano. El relato es una respuesta a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” La pregunta seguida del consejo de Cristo de amar al prójimo como a sí mismo. Los samaritanos eran odiados por los judíos porque ellos no eran de  sangre israelita pura y habían tratado de impedir la construcción del templo después de la cautividad babilónica. Sin embargo, el samaritano en el relato está dispuesto a ayudar a un extraño que es, probablemente, un israelita. Los sacerdotes han pasado ya cerca del hombre herido. Los sacerdotes habrían tenido que estar aislados durante 30 días si hubieran ayudado al hombre, porque ellos se hubieran vuelto impuros. Aún, guardando la letra de la ley, ellos no pudieron guardar el espíritu de la ley —Lucas 10: 25-37.

El mayordomo infiel: Esta es la parábola más difícil de analizar y las opiniones varían en cuanto a su significado. El mayordomo infiel está en peligro de perder su trabajo, pero él él perdona una parte de la deuda de los deudores del Señor y por lo tanto gana el favor del Señor. — Lucas 16: 1-8.

Lázaro y el hombre rico: Lázaro era un mendigo que languidecía frente a la casa del rico, al no recibir la ayuda del hombre rico. En la otra vida, Lázaro fue bendecido, pero el hombre rico fue quemado en el infierno. El hombre rico rogó que Lázaro pudiera traer agua, pero un gran abismo los separaba por lo que la petición era imposible de cumplir. El rico pidió que Lázaro pudiera volver de entre los muertos y advirtiera a sus hermanos, no vaya a ser que ellos continuaran con una vida egoísta y perecieran eternamente. Pero el Señor le respondió que si las personas no escuchan a los profetas, tampoco ellos escucharían a Lázaro — Lucas 16: 14-15, 19-31.

El juez injusto: Una viuda importuna a un juez para obtener una reparación. Aunque el juez es injusto, él responde a sus necesidades porque ella es muy persistente. El Señor no es injusto. Él responderá a sus elegidos. Tenemos que importunarle a Él en oración — Lucas 18: 1-8.

El buen pastor: En esta parábola, Cristo se define a Sí mismo como el buen pastor. Sus ovejas conocen Su voz; Él es su protector. El buen pastor está dispuesto a dar su vida por sus ovejas. Jesús confunde a Sus oyentes al afirmar que también es la puerta del redil de las ovejas y luego al afirmar que Él podía dar Su vida y volverla a tomar. Nadie hasta ese momento había resucitado, por lo que los fariseos no podían comprender lo que Jesús estaba hablando — Juan 10: 1-21. Cristo visitó a los pueblos del Libro de Mormón, después de Su resurrección y les dijo que eran también Sus ovejas. Él había dicho a los judíos que tenía otras ovejas que no eran de aquel redil, pero ellos no lo entendieron — 3 Nefi 15: 17-24.

Los obreros de la viña: Esta parábola ha sido explicada de diferentes maneras, pero probablemente hace diferencia entre los judíos, quienes eran el pueblo elegido original, y los gentiles, a quienes el evangelio fue llevado después en la historia, pero quienes heredarán la misma gloria — Mateo 20: 1-16, Marcos 10: 31.

Minas: La parábola de las minas es muy similar a la parábola de los talentos (talentos eran unidades de dinero). A los que “tienen mucho”, se les dará más y aquellos que ”tienen poco”, lo poco que tienen se les quitará. Esto se refiere al aumento de los dones que nos ha dado el Señor. Si usamos nuestros dones en Su servicio, ellos se magnificarán. Los que hacen esto serán recompensados ​​en el cielo — Lucas 19: 11-27.

Dos hijos: En esta parábola, Jesús compara a los que parecen estar dispuestos pero que no cumplen, con aquellos que son rebeldes, pero que luego se arrepienten y hacen la obra del Señor. Jesús dice que el arrepentido ganará el reino, poniendo al pecador arrepentido en mejor lugar que los fariseos — Mat. 21: 28-32.

Los labradores malvados: El Señor estableció su viña y la dejó en manos de los labradores. Envió a sus siervos para chequearlos, pero ellos fueron maltratados por los labradores. Por lo que el Señor envió a su Hijo, a quien mataron los labradores. Los judíos maltrataron a los profetas y luego habrían de crucificar a Cristo. Luego Jesús declara ser la Piedra de Israel, sobre quien el reino se construye — Mat. 21: 33-46, Marcos 12, 1-12, Lucas 20: 9-19.

La boda del hijo del rey: El rey invita a todo tipo de invitados a la boda de su hijo. Muchos se niegan a venir. Algunos matan a los siervos que él envía para invitarlos (los profetas). Algunos vienen pero no son dignos o no están preparados. Esta parábola termina con la frase: “Muchos son los llamados pero pocos los escogidos”. El Señor nos invita a todos a formar parte de su reino, pero pocos calificarán para la vida eterna en su presencia — Mat. 22: 1-14, Lucas 14: 7-24.

La parábola de las diez vírgenes: Las diez vírgenes representan a la Iglesia. Están todas invitadas a la fiesta de bodas. Las representaciones de bodas son comunes en las Escrituras, con Cristo, estando casado con la Iglesia. El novio (Cristo) demora Su venida. La mitad de las vírgenes no tienen suficiente aceite (fe, testimonio) para perseverar hasta el fin, por lo que no califican para estar con Cristo cuando Él venga. En Doctrina y Convenios, el Señor se refiere a la parábola y tiene esto que decir en parte, “Porque aquellos que son prudentes y han recibido la verdad, y han tomado al Santo Espíritu por guía, y no han sido engañados, de cierto os digo que éstos no serán talados ni echados al fuego, sino que aguantarán el día”. — Mat. 25: 1-13, Lucas 12: 35-36, D&C 45: 56-59.

La parábola de los talentos: Al igual que la parábola de las minas, el Señor nos hará responsables de los dones que Él nos ha dado. Debemos usar esos dones para servir en Su reino terrenal, sobre todo para servir a nuestros semejantes. El Señor dice: ”Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” — Mat. 25: 14-30.

La parábola de las ovejas y los cabritos: El Señor separará a los justos y a los impíos y los justos serán exaltados. Jesús llama a las ovejas justas, porque ellas escuchan la voz del pastor, mientras que los cabritos siguen su propio camino. Las ovejas son los que siguen al pastor y sirven como “sub-pastores”, cuidando por sus otras ovejas. Cualquier servicio que demos a nuestros semejantes en el nombre de Cristo, es como si lo hiciéramos al Salvador. — Mat. 25: 31-46.

La parábola de la torre: Esta parábola se encuentra en la sección 101 de Doctrina y Convenios. La parte principal de la parábola está en los versículos 43-54 en los cuales el Señor la presenta con esta frase: “Y ahora os manifestaré una parábola para que sepáis mi voluntad en cuanto a la redención de Sión”. El Señor deja la viña en las manos de sus siervos y les manda a construir una cerca alrededor de ella y posteriormente a construir una torre de vigilancia. Al ver que es tiempo de paz, los siervos no ven la necesidad de la torre de vigilancia y no logran terminar su construcción. El enemigo viene y saquea la viña. El Señor dice que si se habría completado la torre, se habría visto al enemigo cuando estaba “todavía muy lejos.” Los ladrillos de la torre son los mandamientos de Dios. Si los dejamos en el suelo, nunca tendremos la torre construida, y no seremos capaces de discernir los ataques de Satanás.

Jesús y el Don del Espíritu Santo

10 mayo 2012

La Deidad está compuesta de Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo. Los mormones creen que son tres diferentes seres que son uno en propósito. Cada uno tiene distintas funciones en el logro de esta misión, de llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.

El Espíritu Santo no tiene un cuerpo glorificado de carne y hueso al igual que el Padre Celestial y Jesús, pero en cambio tiene la forma de un espíritu, permitiéndole morar dentro de nosotros. La función del Espíritu Santo es el de ser compañero de todos aquellos que son dignos y de testificar de la veracidad del Evangelio de Jesucristo.

De acuerdo con las creencias mormonas, Jesús enseñó a la gente sobre el Espíritu Santo. En el Nuevo Testamento, Él advirtió que todos los pecados pueden ser perdonados, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo, que es mirar a Cristo por el poder del Espíritu Santo, y luego negarlo. Jesús nos invita a ser dignos de la compañía del Espíritu Santo en todo momento, porque cuando no somos dignos, Él nos dejará. El Espíritu Santo no puede habitar en lugares profanos. A lo largo de Su vida, Jesús nos enseñó el poder del Espíritu Santo. Cuando Jesús enseñó a las masas, era el Espíritu Santo, quien confirmó a ellos que las cosas que enseñó eran ciertas.

El Espíritu Santo puede ser sentido por cualquiera. Sin embargo, la compañía constante del Espíritu Santo sólo puede ser recibida por el bautismo. Cuando Jesús fue bautizado, leemos que el Espíritu Santo descendió en la forma de paloma, y era Su compañero constante a lo largo de Su vida. El Espíritu Santo nos ayudará a sentir el amor de Cristo y nos influye para tomar decisiones sabias. El Espíritu Santo sabe todas las cosas y puede guiarnos a conocerlos acontecimientos futuros. El Espíritu Santo también nos puede advertir del peligro y nos motiva a acciones correctas.

En Juan 14: 26, leemos, “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho”. Él apoya y respalda todas las enseñanzas de Cristo a nosotros. Él es un maestro como Cristo lo es. Tanto Él y Cristo son testigos de Dios y de la veracidad de Su evangelio.

Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón (Doctrina y Convenios 8:2).

Y además, sucederá que a cuantos bautices con agua, les impondrás las manos y recibirán el don del Espíritu Santo, y esperarán las señales de mi venida y me conocerán (Doctrina y Convenios 39:23).

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (I Corintios 2:14).

Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5:22, 23).

No hay nada en esta vida que valga más que el don divino del Espíritu Santo; es la fuente de gozo, paz, conocimiento, fuerza, amor y todo lo que es bueno. Con la Expiación, es el poder por medio del cual podemos ser cambiados y fortalecidos en lo que seamos débiles. Con el sacerdocio, es el poder mediante el cual los matrimonios y http://familiasmormonas.com/ se sellan juntos por la eternidad; es el poder por el cual el Señor se manifiesta a los que creen en Él. Toda cosa buena depende de obtener y conservar el poder del Espíritu Santo en nuestra vida. Todo depende de eso (Liahona, Nov 2008, 35).

El perdón de Jesús

10 mayo 2012

El que esté libre de pecado, por Liz Lemon Swindle

El perdón a los demás

El perdonar a alguien que nos ha ofendido es una experiencia humillante.  Los mormones creemos que cuando perdonamos, estamos reconociendo que es el papel de Dios juzgar al hombre más no el nuestro.  Cuando perdonamos, reconocemos que las personas no somos perfectas y cometemos errores.  Para ser capaces de perdonar a alguien requerimos fe en el Señor Jesucristo y en nuestro Padre Celestial.  El Señor está dispuesto a ayudar a la persona que desea perdonar.  El poner en práctica el perdón es una experiencia liberadora; nos libera del odio, la envidia y del dolor que nos agobian y detienen nuestro progreso espiritual.

“Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado.

Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres” (Doctrina and Convenios 64:9, 10).

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre tampoco perdonará vuestras ofensas (3 Nefi 13:14, 15).

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas (Marcos 11:25, 26).

El Señor nos ha dicho que debemos perdonar a todos los hombres por las ofensas que comenten contra nosotros a fin de recibir el perdón de nuestros pecados.  Debemos orar para tener la fortaleza de perdonar a aquellos que nos han hecho mal, y debemos abandonar los sentimientos de ira, rencor o venganza.  También debemos mirar el bien de los demás en lugar de centrarnos en sus faltas y magnificar sus debilidades.  Dios será el juez de las acciones perjudiciales de los demás.  Es importante entender que perdonar a alguien no siempre significa una mayor exposición ante ellos.  Por ejemplo, podemos perdonar a un abusador de menores dejando de tener sentimientos de maldad contra él, pero no sería prudente que lo invitemos a quedarse en nuestra casa.  Algunas personas no son confiables y lo seguirán siendo, incluso después de haber sido perdonados.

Ganar el perdón por nuestros pecados

Nosotros, como mortales imperfectos, estamos obligados a cometer errores aquí en la tierra.  Nuestro Padre Celestial sabía esto cuando nos envió a la tierra.  Debido a que vamos a cometer errores, Dios nos bendijo con la expiación de Jesucristo.  Jesucristo hizo el máximo sacrificio por nuestros pecados para que podamos ser perdonados de todos nuestros errores.  Gracias a que él pagó el precio por el pecado, podremos vivir con nuestro Padre Celestial si nos arrepentimos de lo que hacemos mal.

Debido a la expiación de Jesucristo, podemos recibir el perdón de nuestros pecados a través del arrepentimiento sincero y completo.  El pecado trae sufrimiento y dolor, pero el perdón del Señor trae alivio, consuelo y gozo.  El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “La esencia del milagro del perdón es que trae paz al alma previamente ansiosa, inquieta, frustrada y tal vez atormentada….Dios enjugará las lágrimas de la angustia y el remordimiento,… y el miedo y la culpa” (El milagro del perdón, 363, 368).

Hay varios pasos fundamentales para el arrepentimiento y cada uno de ellos es imprescindible para lograr que éste sea total.  El presidente Joseph F. Smith precisó algunos de ellos así: “El arrepentimiento verdadero no sólo es sentir pesar por los pecados y hacer humilde penitencia y contrición delante de Dios, sino que comprende la necesidad de apartarse del pecado, la suspensión de toda práctica inicua, una reformación completa de vida, un cambio fundamental de lo malo a lo bueno… restituir hasta donde sea posible, por todo lo malo que hayamos hecho… Éste es el arrepentimiento verdadero, y se requiere el ejercicio de la voluntad y toda la fuerza del cuerpo y de la mente para llevar a cabo esta obra gloriosa del arrepentimiento”.

Jesucristo enseñó el perdón a través de Su ejemplo y acción.  Cuando Jesucristo expió los pecados del mundo, pidió que aquellos que lo crucificaron sean perdonados porque “no saben lo que hacen”.  Este es el supremo acto de perdón.  Poder bendecir a aquellos que se burlan, que odian y que torturan, incluso cuando están en el proceso, es mostrar el verdadero perdón.

“He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (Doctrina y Convenios 58:42).

“Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

“Sí, en verdad os digo que si avenís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” (3 Nefi 9:13-14).

El ayuno de Jesús

10 mayo 2012

Vete, Satanás, por Carl BlochJesucristo ayunó durante Su tiempo en la tierra.  Por medio de Jesucristo, nosotros podemos ver las bendiciones que pueden venir de ayunar regularmente.  Jesús inspiró a muchos de Sus seguidores a participar en el ayuno regular.  Incluso hoy en día, los mormones tratamos de seguir Su ejemplo por medio del ayuno diligente en tiempos de necesidad o para dar gracias.

Muchas personas están familiarizadas con el ayuno de Jesús que duró cuarenta días y cuarenta noches en el desierto poco después de que Él fuera bautizado. Durante Su ayuno, Satanás apareció y, burlándose de Él, le pidió que demuestre Su divinidad utilizando el súper poder que Dios le había dado. Los estudiosos han debatido qué es exactamente lo que Satanás estaba tratando de obtener de Jesús.  Algunos especulan que quería tentar a Jesús ofreciéndole el poder sobre reinos determinados, o tentarlo a romper Su ayuno. Jesús se negó a ceder a las tentaciones de Satanás. Después de haber fallado, Satanás se dio por vencido y los ángeles vinieron a alimentar y nutrir a Jesús, poniendo fin a Su ayuno.

En la Iglesia Mormona, el primer domingo del mes es designado como un día de ayuno.  A los miembros de la Iglesia se nos alienta a renunciar a dos comidas consecutivas, asistir a  la reunión de ayuno y testimonio en una congregación mormona, y dar una ofrenda de ayuno para ayudar a cuidar de los necesitados. En la ofrenda de ayuno,  ofrecemos la cantidad de dinero que hubiéramos gastado en la comida de ese día. Este dinero se destina a ayudar a los pobres.

El sacerdocio mormón y los milagros de curación y consuelo son comunes (aunque no triviales).

De vez en cuando, la Iglesia programa un ayuno especial. Esto sucedió una vez durante una hambruna en África.  En este ayuno programado participaron miembros de la Iglesia en todo el mundo, con el entendimiento de que el valor monetario de las comidas omitidas sería donado para ayudar a las personas que pasaban hambre. Hay que recordar que muchos miembros de la Iglesia están lejos de ser ricos y viven en los países más pobres. Gracias a  ese ayuno, se recaudó 6 millones de dólares para esta obra de caridad.

Durante el ayuno, renunciamos a comer y beber durante un período sostenido de tiempo. Aunque esto puede parecer un sacrificio, las bendiciones recibidas del ayuno son inmensas.  Jesús nos enseñó cómo ayunar y por qué debemos ayunar.  Ayunamos durante los momentos de gratitud y durante los momentos en que necesitamos ayuda. A los mormones se nos anima a ayunar antes de tomar decisiones importantes en nuestras vidas.  Ayunamos cuando necesitamos sentir el gran espíritu en nuestras vidas. A través del  sacrificio de la comida, nosotros, en una menor escala, podemos identificarnos con Cristo cuando Él sacrificó Su vida. A través de Su ejemplo, podemos llegar a ser más como Él. El ayuno sirve como una manera demostrar nuestro compromiso con Jesucristo y nuestro Padre Celestial. El ayuno es una forma de demostrar que estamos dispuestos a soportar el dolor temporal para llegar a la felicidad eterna.  El ayuno nos hace humildes. Nos puede ayudar a ser más conscientes de nuestros convenios bautismales y del templo.  Ayunamos por las mismas razones por las que Jesús ayunó.  A través del ayuno, podemos llegar a ser como Él.

El ayuno y la oración van de la mano. Se nos ha instruido a tener un propósito para el ayuno.  Durante todo el día, a medida que sintamos la gran presencia del espíritu, debemos orar a nuestro Padre Celestial para pedirle la fuerza y la ​​ayuda para lograr aquello por lo que estamos ayunando. Es a través de la oración y el ayuno que Él nos va a ayudar y guiar.

En el Libro de Mormón, leemos un relato de los pueblos de las Américas, que oraron y ayunaron para mostrar gratitud.  En Alma 45:1, leemos: “Le dieron gracias al Señor su Dios; sí, y ayunaron y oraron mucho, y adoraron a Dios con un gozo inmensamente grande.”
Jesucristo vivió una vida perfecta en la tierra y a nosotros se nos ha enseñado a seguir Su ejemplo en todas las cosas. A pesar de ser un hombre perfecto, todavía necesitaba el poder del ayuno en Su vida.  Jesucristo nos enseña que cuando nos acercamos al ayuno con la actitud correcta, puede traer gozo y felicidad a nuestras vidas. Es una celebración de nuestro compromiso y amor por Dios. Es una forma más de poder demostrar nuestro compromiso con la edificación del Reino de Dios.

La caridad de Jesús

10 mayo 2012

Contra el viento por Liz Lemon SwindleJesucristo es el ejemplo supremo de la caridad.  Una persona caritativa perdona, comprende, se orienta al servicio, es humilde, siempre está dispuesta a ayudar y siempre mira a la gente de una manera tolerante y favorable.  Cristo demostró todas estas características a las personas que servía y con quienes se reunía.  Jesucristo demostró caridad constante y alentó a Sus seguidores a hacer lo mismo.  Sin embargo, Su mayor acto de caridad fue Su sufrimiento en Getsemaní y el sacrificio de Su vida en la cruz, a través del cual todos tenemos la oportunidad de tener vida eterna y vivir con nuestro Padre Celestial.

El ministerio terrenal de Jesús estaba lleno de ejemplos de caridad.  En el Nuevo Testamento, leemos acerca de la mujer que cometió adulterio.  Sus compañeros querían apedrearla.  La ley indicaba que el adulterio debía ser castigado con la muerte.  Jesucristo condenó a la comunidad, perdonó a la mujer y le dijo que no peque más.  Cristo enseñó que es el papel de Dios juzgar, no del hombre.  Jesús entiende que los errores son necesarios para la progresión de los hombres y las mujeres.  Él tiene empatía por todos.  Durante su ministerio terrenal, Jesús bendecía a los enfermos en sábado.  A pesar de que era Su día de descanso, incluso encontraba gozo al servir y sanar a los demás.  También consideraba que la ley de la caridad y el amor eran superiores a la ley del sábado.

Jesucristo dijo a Sus seguidores que se amen los unos a los otros.  Él nos enseñó a ser caritativos y generosos.  Él era amigo de los marginados, comía con los pecadores y dedicaba Su tiempo a levantar a los demás.  A través de Su ejemplo, podemos encontrar las cualidades que deberíamos desear emular.

Jesús enseñó a Sus seguidores a ser humildes, incluidos aquellos en altos cargos de autoridad y liderazgo.  Por ejemplo, los líderes religiosos de Su tiempo estaban preocupados por la adquisición de riquezas y ropa llamativa.  Jesucristo les reprochó en Mateo 15:6-9, diciendo: “Este pueblo con sus labios me honra, mas su corazón lejos está de mí.  En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres”.  Él enseñó que no debemos seguir las tentaciones de la mundanidad, sino seguir las leyes de Dios.  Él enseñó que no hay cabida para la hipocresía en el reino de Dios.  Nuestras creencias deben ser coherentes con nuestras acciones.  Los miembros de la Iglesia Mormona se esfuerzan por vivir este principio todos los días.

Cristo podría haber sido arrogante u orgulloso, porque Él era todopoderoso.  Pero más bien, Él encontró razones para ser caritativo.  Jesucristo nos enseñó a amar a todas las personas, incluso a aquellos que son difíciles de amar.  Durante Su vida, había muchas personas que lo odiaban y querían destruir Su misión.  Sin embargo, Él a pesar de todo mostraba caridad a los que le despreciaban.  La verdadera caridad significa amar incondicionalmente.  Él estaba comprometido a elevar los demás, incluso a los que habían sido olvidados o abandonados.  Los mormones se esfuerzan por seguir Su ejemplo de caridad y servicio.  Su ejemplo inspiró a muchas organizaciones de servicio dentro de la Iglesia Mormona, y ha inspirado a gente de todo el mundo para servir a los demás

La vida de Cristo es el ejemplo supremo de la caridad.  A través de su ejemplo, podemos aprender cómo encontrar la felicidad y cómo enriquecer las vidas de otros.  Cristo nos muestra que si ponemos a los demás primero, podremos encontrar el verdadero gozo.  En verdad, la definición de caridad es amor puro de Cristo.  La caridad es en realidad uno de los dones espirituales, y como tal, puede ser adquirido como un don de Cristo.  Debe ser buscado mediante la oración y la diligencia:

Por tanto, amados hermanos míos, si no tenéis caridad, no sois nada, porque la caridad nunca deja de ser. Allegaos, pues, a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer; pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien (Moroni 7:46-47).