Archivo para esta ‘Acerca de Jesús’ categoría

Proclamar a Jesucristo: Fe de los Mormones en el Redentor.

Viernes, Noviembre 21st, 2008

Jesucristo en Getsemaní - Greg Olsen

Jesucristo en Getsemaní

Robert Millet, prestigioso miembro de la facultad de religión de la Universidad de Brigham Young y Gerald McDermott, portavoz evangélico y teólogo  han dado el ejemplo en conversación  cómo aquellos que abrazan dos puntos de vista espirituales diferentes pueden dialogar civilizadamente acerca de sus respectivas creencias. Habiendo realizado conferencias por todo el país contrastando los principios del mormonismo y de los Evangélicos, Bob y Gerald han mantenido una cercana y significativa amistad, y se han esforzado por  alcanzar  un entendimiento más profundo de la fe y creencias de cada uno.

Durante más de 180 años, los mormones (miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)  de manera inequívoca han declarado su creencia centrada en la misión  expiatoria de Jesucristo  y su creencia central en el Salvador como Redentor y Cabeza de su Iglesia, no obstante, por mucho tiempo, esta noción  con frecuencia  ha sido desautorizada o simplemente ignorada por la colectividad.  A la luz de esta persistente percepción equívoca, resulta refrescante oír lo que Gerald McDermott comparte a este respecto:

Me temo que yo soy uno de aquellos que ha malentendido y ha representado equivocadamente a los mormones… Maltraté a un distinguido historiador mormón cuando él vino a hablar a mi clase hace más de una década. Además de tratarlo rudamente., no comprendí cuán central era Jesucristo para su fe así como para la Iglesia SUD (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) en general. Como lo recuerdo, yo pensaba que él no me estaba diciendo toda la verdad  cuando sostenía que él confiaba en Jesucristo para su salvación y yo insinuaba en la misma magnitud a mi clase contrarrestando  y cuestionando repetidamente. (más…)

Miércoles, Septiembre 10th, 2008

Get the Flash Player to see this player.

Courtesy of Mark Mabry

La necesidad de la expiación de Jesucristo

Miércoles, Julio 9th, 2008
Camina conmigo por Greg Olsen

Camina conmigo por Greg Olsen

La muerte ha llegado a ser el patrimonio universal, ésta puede reclamar a su víctima en la infancia o en la juventud, en la flor de la vida, o puede aplazarse hasta el anochecer de nuestros días, puede suceder como resultado de un accidente o enfermedad, por violencia, o como decimos, por causas naturales, pero debe llegar, como bien sabe Satanás, y en este conocimiento yace su presente, aunque temporal triunfo. Pero los propósitos de Dios, siempre han sido y siempre serán infinitamente superiores a los designios más profundos de los hombres o demonios, y las satánicas maquinaciones para hacer de la muerte algo inevitable, perpetuo y supremo se presentaron incluso antes de que se creara al primer hombre. La expiación de Jesucristo fue ordenada para superar la muerte y proporcionar un medio de rescate del poder de Satanás.

Como el incidente de castigo a la caída llegó a la raza humana a través de un acto individual, sería manifiestamente injusto, y por tanto, imposible como parte del propósito divino, hacer que todos los hombres sufran las consecuencias sin posibilidad de liberación. Además, ya que por la transgresión de un solo hombre el pecado entró al mundo y la muerte se aplica a todos, por lo tanto es consecuente con razón que la expiación necesariamente deba ser causada por una persona.* “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. … Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Romanos 5:12,18) Así enseña el apóstol Pablo, y, además: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21-22). (más…)

¿Por qué Cristo sufrió en Getsemaní?

Miércoles, Julio 9th, 2008
Getsemaní

Jesús en el Jardín de Getsemaní

De todas las preguntas que reflexionamos en relación con Getsemaní, por qué el Salvador sufrió allí es tal vez la que más ha desconcertado a estudiosos y santos. Los escritores de los Evangelios nos dicen lo que sucedió en aquel sitio crucial, pero no enfocan de manera clara la pregunta del por qué. En un esfuerzo por responder a la pregunta, algunos sugieren que Cristo sufrió porque Él reconoció la ingratitud de los hombres que no aceptarían la Expiación que haría por ellos en la cruz, o porque Él nos amaba e incluso sabía lo que cometeríamos o enfrentaríamos en el futuro, como pecados, traiciones, negaciones y persecuciones. Otros proponen que tal vez Cristo sufrió porque se dio cuenta de que tenía que ceder Su naturaleza divina y llegar a ser obediente hasta la muerte, convirtiéndose así en el “siervo sufriente” u obligado a renunciar a todo lo bueno que podría llenar Su vida. Algunos recomiendan que entendamos el sufrimiento de Cristo en un contexto escatológico y que veamos lo que Cristo padeció y oró para así evitarnos el sufrimiento y la lucha que precederían a la próxima llegada del reino. Por último, otros sugieren que Su sufrimiento simplemente tuvo origen en Su deseo de encontrar otra manera de ser el Mesías en lugar de la manera planeada por el Padre. Comúnmente, [algunos] concluyen que el dolor y el sufrimiento de Cristo vinieron por miedo a lo que Él sabía venía por delante, incluso Su inminente muerte en la cruz, el sufrimiento y la humillación que Él padecería antes de la misma. (más…)

El cómo y el por qué

Miércoles, Julio 9th, 2008

Para tener alguna medida de reconocimiento y gratitud por lo que Jesús realizó a nuestro favor, debemos recordar estas verdades vitales:

Jesús vino a la tierra para hacer la voluntad de nuestro Padre.

Él vino con el previo conocimiento de que Él soportaría la carga de los pecados de todos nosotros.

Él sabía que sería levantado en la cruz.

Él nació para ser el Salvador y Redentor de toda la humanidad.

Él fue capaz de llevar a cabo su misión porque Él era el Hijo de Dios y Él poseía el poder de Dios.

Él estaba dispuesto a cumplir su misión porque Él nos ama.

Ningún mortal tuvo el poder o la capacidad de redimir a todos los demás mortales de su condición de perdidos y caídos, ni nadie perdería voluntariamente su vida y por tanto, llevaría a cabo una resurrección universal por todos los demás mortales.

Sólo Jesucristo estuvo dispuesto y fue capaz de cumplir tal acto redentor de amor.

Es posible que nunca entendamos o comprendamos en la mortalidad cómo Él realizó lo que hizo, pero no debemos dejar de entender por qué Él hizo lo que hizo.

Todo lo que Él hizo fue motivado por Su desinteresado e infinito amor por nosotros. . .

Como fue tan característico de toda Su experiencia mortal, el Salvador se sometió a la voluntad de nuestro Padre, cogió el amargo cáliz y bebió.

Sufrió los dolores de todos los hombres en Getsemaní para que ellos no tengan que sufrir si se arrepienten.

Se sometió a Sí mismo a la humillación e insultos de Sus enemigos sin queja ni represalias.

Y, por último, Él soportó la flagelación y brutal vergüenza de la cruz. Sólo entonces Él voluntariamente se sometió a la muerte. En Sus palabras:

Nadie me la [mi vida] quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. (Juan 10:18).

Ezra Taft Benson, El cómo y el por qué, El Regalo de la Expiación, Deseret Book, 2004, pág. 23-24.

El medio de escape

Miércoles, Julio 9th, 2008

Un hombre que caminaba por la carretera cae en pozo tan profundo y oscuro que no podía subir a la superficie y recuperar su libertad. ¿Cómo puede salvarse de su propio disparate? No puede salvarse mediante el gran esfuerzo de su parte ya que no existe ningún medio de escape en el pozo. Él pide ayuda y un alma bondadosa, escuchando su llanto de socorro, se apresura a ayudarlo y bajando una escalera, le da el medio por el cual puede subir nuevamente a la superficie de la tierra.

Esta fue precisamente la condición que Adán puso para él y su posteridad cuando comió del fruto prohibido. Estando todos juntos en el hoyo, nadie podía salir a la superficie y liberar a los demás. El hoyo fue un exilio de la presencia del Señor y la muerte temporal, la disolución del cuerpo. Y estando todos sujetos a la muerte, nadie podía proporcionar el medio de escape.

Por consiguiente, en su misericordia infinita, el Padre escuchó los llantos de sus hijos y envió a Su Hijo Unigénito, que no estaba sujeto a la muerte o al pecado, para proporcionar el medio de escape. Esto lo hizo mediante Su expiación infinita y el evangelio eterno…El Salvador dijo: “Pongo mi vida por las ovejas… Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:115, 17-18)

Joseph Fielding Smith, The Means of Escape (El Medio de Escape), The Gift of the Atonement (El Don de la Expiación), Deseret Book, 2002, pág.3.

¿Qué contribuciones únicas sobre Jesús se hallan en el Evangelio de Lucas?

Miércoles, Julio 9th, 2008

Lucas es el Evangelio más largo de los cuatro y casi la mitad del material en Lucas es único en su Evangelio, brindando información adicional sobre Jesús.

El Evangelio de Lucas es la primera mitad de un trabajo de dos partes (Lucas - Hechos). El Evangelio informa al lector lo que dijo e hizo Jesús y Hechos revela lo que Jesús hizo a través del Espíritu Santo después de Su ascensión -una historia continua que debía leerse junta.

Lucas contiene una amplia descripción de nacimiento, destacando la historia de Elizabeth y María (Lucas 1) y es el único Evangelio que registra la historia de Jesús yendo a Jerusalén cuando tenía doce años (Lucas 2:41-50). Al igual que Mateo, el Evangelio de Lucas ofrece una discusión detallada de la tentación en el desierto (Lucas 4:1-13). Además, Lucas brinda más parábolas que los otros Evangelios, entre ellas algunas de las historias más memorables de Jesús, como el Buen Samaritano y el Hijo Pródigo (Lucas 10:30-37; 15:11-32). (más…)

¿Por qué Jesús invitó a la gente a “venir a mí”?

Miércoles, Julio 9th, 2008

Mateo registra la ahora famosa frase de Jesús, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28). Contrastando a los maestros judíos de ese tiempo, Jesús invita a la gente a venir a Él, no a la Ley. Nunca ningún maestro antes ni ninguno después invitaron a Israel a venir a ellos; en cambio invitaban a la gente a la Ley en sí o a las enseñanzas de la sabiduría que incluían la Ley. Esta sorprendente invitación mostró una vez más que Jesús estuvo aparte y por encima de todos los maestros de la Ley, y que se mantuvo por encima de la Ley y de toda sabiduría.

La invitación de Jesús a “venir a mí” estaba seguida de promesas a los que escuchaban su llamado, incluyendo una paradoja tan a menudo encontrada en las enseñanzas de Jesús -mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Véase Mateo 11:30). Una vez más, Jesús mismo se contrasta con otros maestros religiosos de la época que “atan una carga pesada” a sus discípulos (Mateo 23:4).

Al final, la promesa más importante de Jesús fue que aquellos que vinieran a él encontrarían “descanso” (Mateo 11:28). Es importante observar que Jesús no dice que el trabajo acabará, como muestra el capítulo anterior, hay suficiente trabajo (Véase Mateo 10). En lugar de ello, Jesús promete que los temores, desafíos, esperanzas frustradas y problemas de la vida se reducen cuando uno aprende a ser manso y humilde de corazón. El aprender de Jesús finalmente, aporta un descanso único a su interior, siendo más bien una paz que sobrepasa todo entendimiento (Mateo 11:29).

¿Por qué Dios abandonó a Jesús en la cruz?

Miércoles, Julio 9th, 2008

Mateo y Marcos, los únicos Evangelios que registran este incidente en detalle, señalan que Jesús se sintió abandonado por Dios sin explicar el por qué (véase Mateo 26: 46; Marcos 15:34).

Posteriormente, los comentaristas empezaron a explorar lo imponderable; sugiriendo una variedad de explicaciones del por qué Jesús, inocente y libre de culpa, experimentó la separación absoluta del Padre en este horrible momento.

Algunos estudiosos y teólogos sugieren que el Padre no podía soportar ser testigo de la muerte de su amado Hijo; y por lo tanto, se apartó en el momento del sufrimiento final de Jesús. Otros plantean que el Padre tenía que irse, una orden divina, para que Jesús pueda cumplir la expiación completamente solo. Finalmente, algunos postulan que Jesús estaba absolutamente abandonado por Dios al igual que todos los pecadores pues Jesús sufrió y murió en nuestro lugar (Véase Gálatas 3:13; 1 Pedro 2:24).

La pregunta del por qué el Padre abandonó a Jesús, cuando padecía una muerte terrible en la cruz, es digna de una reflexión profunda. El caso claramente, independientemente de lo que aún no podemos responder, es que el Padre es perfecto en cada atributo -y no permitiría un momento de abandono si no hubiera sido por trabajar en su propósito invariable: el bien eterno de Su hijo y de todos sus hijos, incluso cada uno de nosotros.

Jesús se compadeció de nuestras debilidades

Miércoles, Julio 9th, 2008

Fue necesario, cuando el Salvador estuvo sobre la tierra, que fuese tentado en todo, como nosotros, y pudiese “compadecerse de nuestras debilidades” (Hebreos 4:15) para comprender las debilidades y la fortaleza, las perfecciones y las imperfecciones de la pobre y caída naturaleza humana. Y una vez que hubo llevado a cabo lo que vino a efectuar en el mundo, una vez que hubo lidiado con la hipocresía, la corrupción, la debilidad y la imbecilidad del hombre, que se vio enfrentado con la tentación y con las tribulaciones en todas sus diversas formas, y que hubo vencido, vino a ser “fiel sumo sacerdote” (Hebreos 2:17), para interceder por nosotros en el reino sempiterno de Su Padre.

Él sabe cómo considerar y establecer el valor apropiado de la naturaleza humana, porque estuvo en la misma posición en que nosotros estamos; sabe sobrellevar nuestras debilidades y flaquezas, y puede comprender con exactitud la intensidad y la fuerza de las aflicciones y de los problemas con que el hombre tiene que enfrentarse en este mundo; y así, por Su compasión y experiencia, puede sobrellevarlas con paciencia.

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, John Taylor, 59.