Vete, Satanás, por Carl Bloch mormonJesucristo ayunó durante Su tiempo en la tierra.  Por medio de Jesucristo, nosotros podemos ver las bendiciones que pueden venir de ayunar regularmente.  Jesús inspiró a muchos de Sus seguidores a participar en el ayuno regular.  Incluso hoy en día, los mormones tratamos de seguir Su ejemplo por medio del ayuno diligente en tiempos de necesidad o para dar gracias.

Muchas personas están familiarizadas con el ayuno de Jesús que duró cuarenta días y cuarenta noches en el desierto poco después de que Él fuera bautizado. Durante Su ayuno, Satanás apareció y, burlándose de Él, le pidió que demuestre Su divinidad utilizando el súper poder que Dios le había dado. Los estudiosos han debatido qué es exactamente lo que Satanás estaba tratando de obtener de Jesús.  Algunos especulan que quería tentar a Jesús ofreciéndole el poder sobre reinos determinados, o tentarlo a romper Su ayuno. Jesús se negó a ceder a las tentaciones de Satanás. Después de haber fallado, Satanás se dio por vencido y los ángeles vinieron a alimentar y nutrir a Jesús, poniendo fin a Su ayuno.

En la Iglesia Mormona, el primer domingo del mes es designado como un día de ayuno.  A los miembros de la Iglesia se nos alienta a renunciar a dos comidas consecutivas, asistir a  la reunión de ayuno y testimonio en una congregación mormona, y dar una ofrenda de ayuno para ayudar a cuidar de los necesitados. En la ofrenda de ayuno,  ofrecemos la cantidad de dinero que hubiéramos gastado en la comida de ese día. Este dinero se destina a ayudar a los pobres.

El sacerdocio mormón y los milagros de curación y consuelo son comunes (aunque no triviales).

De vez en cuando, la Iglesia programa un ayuno especial. Esto sucedió una vez durante una hambruna en África.  En este ayuno programado participaron miembros de la Iglesia en todo el mundo, con el entendimiento de que el valor monetario de las comidas omitidas sería donado para ayudar a las personas que pasaban hambre. Hay que recordar que muchos miembros de la Iglesia están lejos de ser ricos y viven en los países más pobres. Gracias a  ese ayuno, se recaudó 6 millones de dólares para esta obra de caridad.

Durante el ayuno, renunciamos a comer y beber durante un período sostenido de tiempo. Aunque esto puede parecer un sacrificio, las bendiciones recibidas del ayuno son inmensas.  Jesús nos enseñó cómo ayunar y por qué debemos ayunar.  Ayunamos durante los momentos de gratitud y durante los momentos en que necesitamos ayuda. A los mormones se nos anima a ayunar antes de tomar decisiones importantes en nuestras vidas.  Ayunamos cuando necesitamos sentir el gran espíritu en nuestras vidas. A través del  sacrificio de la comida, nosotros, en una menor escala, podemos identificarnos con Cristo cuando Él sacrificó Su vida. A través de Su ejemplo, podemos llegar a ser más como Él. El ayuno sirve como una manera demostrar nuestro compromiso con Jesucristo y nuestro Padre Celestial. El ayuno es una forma de demostrar que estamos dispuestos a soportar el dolor temporal para llegar a la felicidad eterna.  El ayuno nos hace humildes. Nos puede ayudar a ser más conscientes de nuestros convenios bautismales y del templo.  Ayunamos por las mismas razones por las que Jesús ayunó.  A través del ayuno, podemos llegar a ser como Él.

El ayuno y la oración van de la mano. Se nos ha instruido a tener un propósito para el ayuno.  Durante todo el día, a medida que sintamos la gran presencia del espíritu, debemos orar a nuestro Padre Celestial para pedirle la fuerza y la ​​ayuda para lograr aquello por lo que estamos ayunando. Es a través de la oración y el ayuno que Él nos va a ayudar y guiar.

En el Libro de Mormón, leemos un relato de los pueblos de las Américas, que oraron y ayunaron para mostrar gratitud.  En Alma 45:1, leemos: “Le dieron gracias al Señor su Dios; sí, y ayunaron y oraron mucho, y adoraron a Dios con un gozo inmensamente grande.”
Jesucristo vivió una vida perfecta en la tierra y a nosotros se nos ha enseñado a seguir Su ejemplo en todas las cosas. A pesar de ser un hombre perfecto, todavía necesitaba el poder del ayuno en Su vida.  Jesucristo nos enseña que cuando nos acercamos al ayuno con la actitud correcta, puede traer gozo y felicidad a nuestras vidas. Es una celebración de nuestro compromiso y amor por Dios. Es una forma más de poder demostrar nuestro compromiso con la edificación del Reino de Dios.

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