Elder John M. Madsen, de los Setenta

 

El Elder Madsen testifica de la salvación de Cristo y Su centralidad para la religión mormona. Él habla de los muchos testimonios dados de Él en los libros mormones de escritura.

“Para conocer al Señor Jesucristo, nosotros y toda la humanidad debemos recibirlo. Y para recibirlo, debemos recibir a Sus siervos”.

John M. Madsen, “Vida eterna en Cristo Jesús”, Liahona, mayo de 2002, pág. 78

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Hace casi dos mil años, un joven rico, hizo una pregunta sumamente importante al Salvador: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16).

“Oyendo” las instrucciones del Salvador y Su tierna invitación “ven y sígueme” (Mateo 19:21), el joven rico “se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 19:22).

Trágicamente, millones de personas hoy en día aún valoran y prefieren “las riquezas de la tierra”, en vez de “las riquezas de la eternidad” (D. y C. 38:39), sin saber o comprender totalmente que “rico es el que tiene la vida eterna” (D. y C. 6:7; cursiva agregada), y quela vida eterna es el don más grandioso que Dios da al hombre (véase D. y C. 14:7). En pocas palabras, la vida eterna es vivir para siempre como familias en la presencia de Dios (véase D. y C. 132:19–20, 24, 55).

En Su grandiosa oración intercesora, el Salvador da a la humanidad la clave para obtener la vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Pero, ¿cómo puede el hombre llegar a conocer al único Dios verdadero?

El Salvador responde: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Testifico que la única manera mediante la cual nosotros y toda la humanidad podemos venir a nuestro Padre Celestial y conocerlo, y de ese modo obtener la vida eterna, es venir al Señor Jesucristo y conocerlo.

Pero, ¿quién es Jesucristo, para que debamos ir a él y conocerlo? No creo que exista un resumen más maravilloso en cuanto a la identidad y el papel del Señor Jesucristo que la declaración que hizo la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, intitulada “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, del cual cito lo siguiente:

“[Jesucristo] fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento. Bajo la dirección de Su Padre, Él fue el Creador de la tierra. . .

“. . . Él dio Su vida para expiar los pecados de todo el género humano. . .

“. . . Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo.

“Se levantó del sepulcro para ser las ‘primicias de los que durmieron’ (1 Corintios 15:20). Como el Señor Resucitado. . . ministró entre Sus ‘otras ovejas’ (Juan 10:16) en la antigua América. . . Él y Su Padre aparecieron al joven José Smith, iniciando así la largamente prometida ‘dispensación del cumplimiento de los tiempos’ (Efesios 1:10). . .

“. . . Su sacerdocio y Su Iglesia han sido restaurados sobre la tierra, ‘edificados sobre el fundamento de. . . apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo’ (Efesios 2:20).

“. . . algún día Él regresará a la tierra. . . [y] regirá como Rey de reyes y reinará como Señor de señores. . . Todos nosotros compareceremos para ser juzgados por Él.

“. . . Sus apóstoles debidamente ordenados [testifican] que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel. . . Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo” (“El Cristo Viviente”, Liahona, abril de 2000, pág. 2).

Es algo maravilloso y absolutamente esencial saber quién es el Señor Jesucristo.

Pero de nuevo, testifico que la única manera mediante la cual nosotros y toda la humanidad podemos venir a nuestro Padre Celestial y conocerlo, y de ese modo obtener la vida eterna, es venir al Señor Jesucristo, y conocerlo.

¿Qué significa conocer al Señor Jesucristo, y cómo podemos llegar a conocerlo?

El Salvador responde: “. . . estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan, porque no me recibís en el mundo ni tampoco me conocéis.

“Mas si me recibís en el mundo, entonces me conoceréis. . .” (D. y C. 132:22–23).

¿Podemos verdadera y plenamente comprender Sus palabras? “. . . si me recibís” a mí, al Gran Jehová, al Mesías, al creador de la tierra, al Salvador y al Redentor del mundo, al Hijo inmortal de Dios; “. . .si me recibís. . .entonces me conoceréis” (D. y C. 132:23; cursiva agregada).

Para conocer al Señor Jesucristo, nosotros y toda la humanidad debemos recibirlo. Y para recibirlo, debemos recibir a Sus siervos (véase Mateo 10:40; D. y C. 1:38; 68:8–9; 84:36; 112:20).

Para recibirlo, debemos recibir la plenitud de Su Evangelio, Su convenio sempiterno, incluso todas esas verdades o leyes, convenios y ordenanzas que la humanidad necesita para entrar de nuevo en la presencia de Dios (véase D. y C. 39:11; 45:9; 66:2; 76: 40–43; 132: 12; 133:57).

Para recibirlo, los fieles hijos de Dios deben recibir Su sacerdocio y magnificar sus llamamientos (D. y C. 84:33–35).

Pero, al final, para recibirlo y conocerlo, nosotros, al igual que toda la humanidad, debemos hacer lo que nos exhorta Moroni: “. . . venid a Cristo, y perfeccionaos en él” (Moroni 10:32; cursiva agregada). En otras palabras, debemos venir a Cristo y esforzarnos por “llegar a ser” como Él es (véase Dallin H. Oaks, “El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, enero de 2001, pág. 40).

El Señor resucitado dijo: “¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy” (3 Nefi 27:27). El significado de la palabra habéis como la utilizó en Su pregunta: “. . .qué clase de hombres habéis de ser” es de vital importancia para entender Su respuesta: “. . .aun como yo soy”. La palabra habéis significa “ha de ser necesario” o “tenéis el deber o la obligación moral” (véase también Lucas 24:26); lo que sugiere, como lo confirman las Santas Escrituras, antiguas y modernas, que es “necesario” que estemos “obligados” como si fuese por convenio “a ser” como Él declaró: “aun como yo soy” (3 Nefi 27:27; véase también 3 Nefi 12:48; Mateo 5:48; 1 Juan 3:2; Moroni 7:48).

Ruego que pronto llegue “el día en que el conocimiento de un Salvador se [esparza] por toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Mosíah 3:20; véase también Moisés 7:62; Isaías 11:9), que todos los que tengan el deseo, lo reciban a Él, sí, al Señor Jesucristo, y que le conozcan, para que puedan venir a nuestro Padre Celestial y conocerle, y así obtener la vida eterna, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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