A medida que mi torso se inclina, mis lentes de lectura aumentan en fuerza, y a medida que me adentro en mi rigurosa y maravillosa vida en Cristo, me pregunto: “¿Qué estoy aprendiendo sobre la profundización de mi comunión y por lo tanto, sobre mi relación con Dios y Jesucristo?” ¿Sobre la “oración”?

En respuesta, me gustaría compartir con ustedes 6 aprendizajes y tendencias, cosas que he aprendido y he llegado a conocer más completamente –acerca de comprometerme con el Padre Celestial. Estas impresiones se entretejieron formando un collar espiritual, si se quiere, de reflexiones personales, mientras consideraba al enfoque del Día Nacional de la Oración.

1.       La Ley de pedir

¿Por qué Dios, el Padre literal de nuestro espíritu, nos pide orar si es todo poderoso? Hay un montón de respuestas que se ofrecen pero una que sobresale en mi mente es que hay una ley fundamental de pedir. Dios obra por muchas leyes, incluidas las de la justicia y de la misericordia,  la del albedrío y la ley de pedir (La Biblia: 1 Juan 5:14, Mateo 18:22).

tener fe para pedirComo un escritor cristiano dice: “Para tener un conocimiento de la verdad divina, el hombre debe obedecer la ley por la cual puede recibir revelación personal de Dios. Además de recibir las ordenanzas del Evangelio, esa ley exige que el hombre pida a Dios y que ame y respete a sus semejantes” (H. Andrus, Principles of Perfection, Deseret Book: 1994, pág. 269).

2.       Satanás, el adversario, no es neutral en cuanto a la oración.

Como dijo una Santa de los Últimos Días, “el adversario no es neutral en cuanto a la oración. No sólo no quiere que oremos. Él tratará de impedirnos orar “(M.A. Edmunds, Year of Powerful Prayer, Deseret Book: 2013, pág. 387).

He venido a aprender a reconocer lo brillante que es un administrador de la distracción y de la diversión, cuando deseo participar más plenamente. Tengo que tener la disposición de tomar una determinación para reconocer la fuente de esas interrupciones y superarlas mediante la oración. Él es, en realidad un adversario que menosprecia a Su opuesto espiritual, nuestro Abogado. Dado que la oración es la llave de la puerta del poder y la presencia del Abogado del Padre, no debería sorprendernos que él vaya a estar ferozmente tratando de frustrar todos los esfuerzos para hablar con Dios. Estoy mejorando en recordar eso.

3.       Hay una diferencia entre la gratitud y la adoración.

He estado reflexionando sobre mi adoración y la naturaleza de la verdadera adoración de manera intermitente durante un par de años. En el estudio de María, la madre de Jesús, el proceso de preguntas y respuestas entre Jesús y la mujer en el pozo, las expresiones de Pablo, y los Salmos, he llegado a aprender más acerca de la adoración. La adoración es más que la acción de gracias y gratitud aunque es pariente cercano de ambas. La gratitud puede involucrar adoración, pero los dos no son sinónimos.

Estoy aprendiendo que la veneración es adoración verdadera y expresiones de alegría por lo que Dios hace, ha hecho, o hará, que nosotros expresamos hacia Él. Me gusta la metáfora que John MacArthur utilizó sobre el incienso que sube al cielo en el Tabernáculo. El perfume es una fragancia dulce que surge de nosotros directamente al cielo. No se permite la reproducción y es un regalo de nosotros a Dios (GTY, 2004).

Imagínese: Toda fuerza que Dios dirige en el universo, impulsada por Su amor y la Expiación de Jesucristo, está operando ahora para trabajar al máximo bien para ¡el número más extenso de Sus hijos! Eso es algo para estar  impresionado, pues habla de un Dios que debe ser venerado y honrado.

4.       Principio de reloj de arena: Profundizar en la oración:

familia mormona orandoEs fácil empezar hablar con Dios y dejar salir cualquier cosa de la base de datos de nuestra mente en este momento. Esa es la parte superior del reloj de arena. Cuando nos quedamos en eso, persistimos, continuamos orando, pasamos la superficie, el material superficial, pensando en lo que está realmente en nuestro corazón, se desarrolla más sustancia, un flujo comienza a salir. El Espíritu intercede, nos ayuda a decir lo que estaba en nuestro “centro sin palabras” o sacarlo a flote en pensamiento y sentimiento.

Es en ese espacio que hablamos y sentimos nuestros más profundos deseos, anhelos, esperanzas, pensamientos, lamentaciones. Al traspasar eso, llegamos a Dios, descubrimos lo que está en nuestro corazón sin siquiera habernos dado cuenta, y lo vertemos. Pasamos por el centro del reloj de arena.

Ahí es donde sentimos la conexión, sabemos que hemos sido escuchados y recibidos y somos cambiados por el compromiso mismo con Dios. Estamos llenos de paz. Nos levantamos y sabemos que Él también proporcionará respuestas; somos cambiados ya sea que nuestras circunstancias cambien inmediatamente o no. Sabemos que serán tocadas por Su mano. Avanzamos en fe, a la expectativa. Podemos movernos libres de ansiedad. Yo creo eso. Yo sé que ello es verdad.

5.       Clamar no es sinónimo de orar
Joven suplicando en oraciónDoy las gracias a los autores del evangelio y Bill Gothard, quien escribió acerca de esto, por llevar esto a casa. Me encanta el Salmo 107. Cuando los afligidos clamaron vocalmente –en todo tipo de circunstancias, dificultades, o vulnerabilidad, representados por las 4 descripciones en este salmo–la liberación, las respuestas llegaron de una manera significativa y notable (The Power of Crying Out, IBLP, Inc., 2002, p 35). Clamo más.

6.       Oración: hacerla real, solo decirla

La oración no es o no debería ser ritualista, extravagante, artificial o desconectada de las luchas y circunstancias reales y actuales. Esto es algo que he sentido desde hace mucho tiempo, desde que llegué a conocer a Dios en 1980. Orar no es “decir una oración”. Es hablar con Dios, en cualquier lugar, de cualquier manera sincera, aunque Él nos ha dado un formato para ayudarnos.

Dos historias breves sobre cómo la oración se vuelve real

Sincronizar nuestra vida y nuestras oraciones, no separarlas.

~Es hablar con Dios en nuestra voz y tono normal. Una vez yo estaba impartiendo una clase de escritura para los estudiantes universitarios de primer año, quienes estaban estresados. Uno describió cómo se sentía en la metáfora (la actividad que estábamos practicando) diciendo que se sentía como una “nuez en las manos de un cascanueces”, otro dijo: “Me siento como un perro cuya correa se adjunta a la bolsa de un coche en movimiento”. Ellos estaban capturando su estrés en sus símiles y metáforas, a medida que lo intentábamos. Pero lo que me llamó la atención fue que mientras orábamos juntos al final del tiempo de clase (y esto ocurrió en varias secciones), hubo una notoria ausencia de cualquier mención de su estrés actual en sus conversaciones con Dios. “¿Cómo puede ser?”, pensé.  Y más tarde lo compartí.

Oración del “estrés”

Imaginé que si yo estuviera en su lugar de alumnos de primer año abrumados o fugazmente asustados, habría dicho algo como esto:

“Querido Padre Celestial, gracias por permitirme estar aquí en esta universidad. Este ha sido un buen ejercicio para nosotros hoy. A medida que hemos pasado por la sala, hemos visto que la mayoría de nosotros que comenzamos aquí estamos en el mismo barco. Estamos estresados. Estos temas de la universidad son nuevos y desconocidos. Las clases son enormes y a veces nos sentimos perdidos. Éramos bastante exitosos en la escuela secundaria y nos preguntamos si encajaremos aquí, si tendríamos éxito aquí. Pedimos ayuda–y paz– y todo lo que se necesita para sobresalir y tener la mejor experiencia posible. No podemos hacer esto solos, pero podemos crecer en esto con ayuda, en el nombre de Jesucristo. Amén”.

Una vez más, esto no es una plantilla, el punto es que la vida de la oración es parte de la vida real.

Hablar con Dios no es una actividad separada del aquí y ahora, es la participación de Dios en el aquí y ahora. Es la acción a través del cual nos abrimos a Su voluntad, paz, dones, ayuda y poder.

Deje la extravagancia

~Esta segunda historia lo dice de manera directa:

Un profeta de nuestra era enseñó e ilustró este concepto de la oración. Cuando se le pidió a un hombre que había sido un exhortador en otra religión antes de abrazar el Evangelio restaurado que bendijera la comida, lo hizo con los términos brillantes y frases altisonantes. “Josué”, amonestó el profeta al concluir la bendición “no me dejes nunca más oírte pedir otra de esas bendiciones”. Cuando José se sentó a comer una comida escasa de pan de maíz en otro momento, él oró: “Señor, te damos gracias por este pastel escaso, y te pedimos que nos envíes algo mejor. Amén”. Antes de hubieran comido el pan, un hombre le trajo un poco de harina y un jamón. Tras agradecer al hombre por su regalo, el Profeta le dijo a su esposa: “Sabía que el Señor contestaría mi oración”. Al registrar su impresión de una oración, Daniel Tyler dijo: “No hubo ostentación, ni elevación de la voz por el entusiasmo, sino un tono de conversación normal, como un hombre que habla a un amigo “(Principios, 261).

Oración: Cosas que hago de manera diferente.

  1. Arrodillarme más en la oficina y en comunión (en lugar de orar en mi corazón solamente allí, que es todavía algo valioso y necesario de la comunión).
  2. Hablar con Dios cuando estoy más fresco. “¿Le damos a alguien una flor cuando se está marchitando?”
  3. Pasar más tiempo y pensamiento en adoración.
  1. Quedarme quieta para escuchar. Plegar y alejar pensamientos de puramente distracción; traer pensamientos importantes al frente para darles atención en oración en lugar de auto soluciones.
  2. Orar más y más específicamente por los demás. (Estoy evitando la frase: “Por favor bendice”,  tanto como pueda a menos que lo asigne a algo específico y pido que si podría ser un instrumento en la realización de esa bendición, así que no la marco en mi lista y luego se la entrego a Dios, cuando tengo algo que hacer allí). Hay un montón de maneras de huir de Dios o estar disponible para él.
  3. Esforzarme para combinar más el ayuno y oración con el tiempo en Su templo, o Santa Casa (Vamos a tener un próximo podcast sobre esto. Ver IBelievePodcast.com).
  4. Anotar impresiones y tomar instantáneas espirituales de ellas.
  5. Hablar vocalmente en comunión con Dios.
  6. Orar cada vez más por los demás que conozco y por los que no conozco.
  7. Centrarme en la adoración.

Oración: Un Testimonio Personal:

  1. Dios vive, nos conoce íntimamente, y oye cada oración sincera y responde. Nunca tarda (Biblia: Génesis 21:2).
  2. Tenemos que pedirle a Dios para reconocer Su mano y respuestas, ojos para ver (la Biblia: Salmo 28:5).
  3. La oración hace milagros todos los días, a cada hora, a menudo al instante, a veces lentamente. (Biblia: Santiago 5:17-18).
  4. Dios maximiza nuestras oraciones, para obtener los mejores resultados para el mayor número de personas involucradas.
  5. Dios se deleita en contestar oraciones. ¡Él no es un Dios renuente! (Biblia: Salmo 84:11).
  6. Podemos conocer todas las cosas tan pronto como seamos capaces de recibirlas. (Doctrina y Convenios 111:11).
  7. Dios da “sin reproche” a los que piden (Bíblica: Santiago 1:5)
  8. La oración abre las puertas a todas las riquezas de la gracia de Cristo, lo que permite el poder y transformación (Efesios 3:08).
  9. El ayuno y la oración son santificantes y transformantes (Libro de Helamán 3:35).
  10. Necesito continuamente acercarme más a mi Padre Celestial y Jesucristo y venir confiadamente ante su trono. “No hay invitados no deseados allí” (B. Millet).

A medida que buscamos la paz mundial, la libertad religiosa, un retorno a la decencia, recordemos y renovemos el compromiso con la oración en esta Jornada Nacional de Oración. “[La oración] p[uede] resolver más problemas, aliviar más sufrimiento, evitar más transgresión y brindar al alma humana mayor paz y contentamiento que cualquier otra cosa”. (Thomas S. Monson, Acerquémonos a Él en oración y fe, Liahona, marzo 2009, págs. 5 – 9).

Este artículo fue escrito por

Karen

 

 

Karen Rose
Vivo una gran época de mi vida, gracias a Jesucristo, y dos hijas maravillosas, el trabajo de una gran vida. Amo a esta oportunidad de compartir la fe en línea… Soy madre soltera, convertida a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, italiana de segunda generación, originaria de la costa oriental. Me encantan las artes plásticas, la danza, el yogur congelado, los templos, las escrituras, el escribir, el jazz, el ayudar a otros a alcanzar su potencial, el salmón real, …. y no en ese orden. Dios es bueno. Lo siento profundamente cuando la gente tiene una idea equivocada de nuestro Padre Celestial o Jesucristo, Su Hijo, que los disminuye o los minimiza y ciega nuestra capacidad para sentir Su presencia o confiar en un máximo buen final eterno a las circunstancias de la vida.

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