¿Alguna vez han tenido miedo o una preocupación? Como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (inadvertidamente llamada la “Iglesia Mormona” por algunos) yo creo que Jesucristo ha pagado el precio infinito para que así no tengamos que sentir miedo nunca. Él ha sufrido para que nosotros no tengamos que sufrir solos. Obviamente somos humanos, por lo que el miedo es algo que todos tendremos que enfrentar, pero a medida que desarrollamos, enriquecemos y fomentamos nuestra relación con Jesucristo nuestros temores se disiparán.

jesús-mormónEn un libro titulado Be Not Afraid-Only Believe, escrito por Ted L. Gibbons y publicado en 2009 por Cedar Fort, Inc., Gibbons comparte, con respaldo bíblico, exactamente por qué no debemos temer.

No temáis

No estamos solos. Nunca estamos solos. En nuestras más oscuras y nuestras angustias más profundas podemos ir a Él y estar “para siempre envuelto[s] entre los brazos de su amor” (2 Nefi 1:15). Él ha prometido amarnos (1 Juan 2:5), hablar con nosotros (D.y C. 8:2), contestarnos (3 Nefi 14:7-8), buscarnos cuando nos desorientemos (Ezequiel 34:11), reunirnos (Lucas 13:34), lavarnos (Salmos 51:2, 7), emblanquecer nuestros vestidos en Su sangre (1 Nefi 12:10), apacentarnos (Ezequiel 34:13-15) ; liberarnos del cautiverio y la cárcel (Isaías 61:1); darnos paz (Juan 14:27), darnos descanso (Mateo 11:28), extender los brazos de su misericordia para con nosotros (Alma 5: 33), y nos vendará cuando nuestros corazones estén quebrantados (Isaías 61:1).

También ha prometido aliviar nuestras cargas (2 Nefi 19:4), tomar nuestras enfermedades (Alma 7:11), sanarnos (3 Nefi 9:13), salvarnos (Isaías 25:9), liberarnos (Salmos 71:2), ser nuestro escudo y nuestro refugio (2 Samuel 22:3), liberarnos de los bestias horribles, la muerte y el infierno (2 Nefi 9:10, 19, 26), a ser herido y golpeado y azotado por nosotros (Isaías 53:5), hacernos prósperos (2 Nefi 1:9), llevarnos (Isaías 46:4), llevar nuestras dolencias (Alma 7:12), llevar nuestras enfermedades y nuestros dolores (Isaías 53:4), ser un escondite para nosotros (Salmos 119:114); pelear nuestras batallas (Dy C 105:14), consolarnos (Isaías 66:13), socorrernos (Alma 7: 12), interceder por nosotros (Dy C 45:3), interceder por nosotros (Isaías 53:12); enseñarnos (Dy C 97:12-13), sufrir por nosotros (Dy C 19:16), perdonarnos (Mosíah 26:30); gloria en lugar de ceniza, aceite de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu apesadumbrado (Isaías 61:3), estar con nosotros (Dy C 38:7), iluminarnos (Dy C 11:13); invitarnos a Su casa (Dy C 58:9), santificarnos (Dy C 60:7), y resucitarnos en el último día (Juan 6:40).

Él tiene un conocimiento y una empatía perfectos. Él es amor. Su poder está sobre toda la tierra. Su bondad es grande (Salmos 31:19), abundante (Éxodo 34:6), supremo (Alma 12:32), maravilloso (Alma 19:6), infinito (2 Nefi 24:10), e inmediato (Mosíah 25:10). Nada es demasiado difícil para él. Por lo tanto podemos vivir sin miedo. Más de ochenta veces las Escrituras usan alguna forma de la frase “no temas”.

Incluso “si las bravas olas conspiran contra [nosotros]; si el viento huracanado se hace [nuestro] enemigo; si los cielos se ennegrecen y todos los elementos se combinan para obstruir la vía; y sobre todo, si las puertas mismas del infierno se abren de par en par para tragar[nos]” (Dy C 122:7), no tenemos por qué tener miedo. Podemos creer en Él y venir a Él. Tenemos un lugar para ir. Cuando no hay ningún lugar adonde ir, tenemos un lugar para ir. (Páginas 149-151)

Yo sé y creo que Jesucristo domina todos los problemas. Él sabe cómo ayudarnos porque literalmente ha pasado por ello ya. Él no tiene miedo de lo que esté pasando, porque Él es infinitamente experimentado. Hace poco leí una cita en un libro titulado The Infinite Atonement de Tad R. Callister, donde Callister cita a un apóstol mormón, el élder Orson F. Whitney: “Nuestros sufrimientos son finitos, pequeños, como una gota en el océano, en comparación con la infinita e indescriptible agonía puesta sobre Él por amor a nosotros porque no somos capaces de llevarla por nosotros mismos” (página 128). Esta cita me hace dar cuenta que Él tiene una visión eterna y sólo hay que confiar en Él.

Con toda seguridad podemos confiar en Jesucristo. Como Pablo aconsejó: “No perdáis, pues, vuestra confianza”, (Hebreos 10:35), sean creyentes, y confíen en Dios. Los invito a aprender más acerca de Jesucristo reuniéndose con los misioneros mormones y a leer el Libro de Mormón con un corazón reverente.

Este artículo fue escrito por Ashley Bell, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

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