christus-jesus-christ-mormonAhora… ¿Qué encuentran los hombres y las mujeres cuando descubren al verdadero Mesías? El hecho de encontrar al Mesías es el mayor de todos los descubrimientos. Si nosotros discutiéramos la característica más importante de Jesús, el Mesías, ¿cuál sería? Si fuéramos a casa hoy y le dijéramos a nuestra familia, “¡Hemos encontrado al Mesías!”, ¿qué diríamos sobre Él? ¿Cuál es la característica más importante sobre Él que podríamos decir a otra persona? ¿Sería Su estatura o Su peso, el color de Su cabello, el estilo de Su ropa, el tono de Su voz? Todo sobre Jesús es importante, valdría la pena saber cada detalle o concepto verdadero, pero ¿cuál sería la única característica más importante que tendríamos que averiguar sobre Él? Yo podría responder eso con mi propia opinión, pero señalemos lo que las escrituras dicen sobre Él.

Pienso que se puede resumir en Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. A pesar de que éste es el concepto central, se necesita una cantidad considerable de estudios para saber qué significa este único versículo. Le diré lo que he descubierto sobre el Mesías, que aprendí de las escrituras y de los susurros del Espíritu Santo. El mensaje más importante sobre Jesucristo es que Él conquistó la muerte -tanto la muerte espiritual como la física. Él es literalmente la luz y la vida del mundo (Doctrina y Convenios 10:70).

Se nos dio un plan de discusión sobre el rol redentor del Salvador en las siguientes escrituras:

De Pablo: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22).

De Jacob, [profeta de la antigua América]:

Pues conviene que el gran Creador se deje someter al hombre en la carne y muera por todos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él.

Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador, también es menester que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor.

Por tanto, es preciso que sea una expiación infinita, pues a menos que fuera una expiación infinita, esta corrupción no podría revestirse de incorrupción. De modo que el primer juicio que vino sobre el hombre habría tenido que permanecer infinitamente. Y siendo así, esta carne tendría que descender para pudrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás.

Oh, la sabiduría de Dios, su misericordia y gracia! Porque he aquí, si la carne no se levantara más, nuestros espíritus tendrían que estar sujetos a ese ángel que cayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en el diablo, para no levantarse más. Y nuestros espíritus habrían llegado a ser como él, y nosotros seríamos diablos, ángeles de un diablo, para ser separados de la presencia de nuestro Dios y permanecer con el padre de las mentiras, en la miseria como él… (2 Nefi 9:5-9).

¿Comprendemos que Jesús hizo un pago con Su sangre para que la misericordia cumpla la demanda de justicia? Ninguna persona, ningún ser humano, puede redimirnos; la redención puede ser realizada sólo por un Dios, como lo explicó Amulek [profeta de la antigua América]:

He aquí, os digo que yo sé que Cristo vendrá entre los hijos de los hombres para tomar sobre sí las transgresiones de su pueblo, y que expiará los pecados del mundo, porque el Señor Dios lo ha dicho.

Porque es necesario que se realice una expiación; pues según el gran plan del Dios Eterno, debe efectuarse una expiación, o de lo contrario, todo el género humano inevitablemente debe perecer; sí, todos se han endurecido; sí, todos han caído y están perdidos, y, de no ser por la expiación que es necesario que se haga, deben perecer.

Porque es preciso que haya un gran y postrer sacrificio sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un sacrificio infinito y eterno.

Y no hay hombre alguno que sacrifique su propia sangre, la cual expíe los pecados de otro.

Por tanto, no hay nada, a no ser una expiación infinita, que responda por los pecados del mundo.

De modo que es menester que haya un gran y postrer sacrificio.

Y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno (Alma 34:8-14).

¿Qué significa esto para nosotros? Significa que nuestra asociación con el Mesías no es opcional o casual. Es decisiva.

Debido a la Caída de Adán, toda la humanidad sufrió dos muertes -una alienación espiritual de Dios y una muerte física. Todos hemos sufrido la primera -la alienación. Inclusive, sin excepción alguna, sufriremos la muerte física. De esta manera, la muerte nos domina debido a la caída de Adán. Es absolutamente necesario que comprendamos que Jesús, para ser el Mesías, tuvo que ser divino, tuvo que ser el Hijo literal, biológico de Dios y por lo tanto, no estaba dominado por la muerte y el pecado como lo está el resto de la humanidad. Si no hubiese sido el Unigénito, no hubiese sido capaz o digno de pagar la deuda de la caída de Adán y de nuestros propios pecados personales. La Expiación infinita requirió la vida, la muerte y el sacrificio de un Dios, no de un hombre.

El plan de salvación es igualmente real. Adán fue una persona viviente en tiempo y en espacio. La Caída es tan real, que, si supiéramos los detalles, podríamos ubicar en un calendario la época en la que cayó. Además, si supiéramos los detalles, podríamos señalar en un mapa la ubicación donde comió el fruto prohibido.

De la misma manera, la Expiación de Jesucristo es tan vital y tan necesaria en tiempo y espacio, que si tuviéramos los hechos, podríamos ubicar en un calendario la fecha de Su nacimiento, la fecha de Su sufrimiento en el Jardín de Getsemaní, la fecha de Su muerte, y la fecha de Su resurrección. De la misma forma, podríamos señalar en un mapa el lugar de Su nacimiento, sufrimiento, muerte y Resurrección. Estos son acontecimientos en tiempo y geografía. Este es el Mesías que he encontrado, y creo que este es el mensaje más importante del mundo. Es el mensaje de Juan 3:16 en su forma expandida.

Cuando llegue esa mañana en la que cualquiera de nosotros se encuentre en perfección de cuerpo y espíritu, resucitado, limpio y con vida eterna en la presencia de Dios, entonces sabremos el significado completo de lo que hoy percibimos sólo en parte cuando decimos: “¡He encontrado al Mesías!”

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