¿Alguna vez ha tenido tan solo el gran deseo de saber algo?  Quizás esté confundido con la forma de resolver un determinado problema matemático, o quizás sea algo más grande como comprender la manera de darle significado a su vida.  De esta misma forma se sentía un jovencito de 14 años de edad.  Como joven adolescente, un niño con el nombre de José Smith se preguntó acerca de la religión y la salvación.  Él quería saber y entender las cosas que Dios quería que él hiciera con el fin de volver a Él.

josé smith-biblia-mormónAproximadamente en 1820, José Smith comenzó a involucrarse con algunas personas que participaban de la agitación religiosa, que estaba sucediendo en el lugar en que vivía en Palmyra, Nueva York.  Usando sus propias palabras, en José Smith – Historia dice:

Durante estos días de gran agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitiría. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella,  pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no. (José Smith Historia 1:08).

José Smith quería encontrar la verdad.  Quería entender lo que era correcto, bueno y verdadero.  Iba a muchas religiones diferentes tratando de estudiar las cosas y saber qué era lo correcto.  Durante su búsqueda, leyó la Epístola de Santiago en la versión del Rey Santiago de la Biblia, y se encontró con un versículo, Santiago 1:5, “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.  José Smith dijo: “Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró en el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío.  Pareció introducirse con inmenso poder  en cada fibra de mi corazón” (José Smith – Historia 1:12).

Ha habido muchas veces en mi vida en que me ha faltado sabiduría.  Una vez me sentí abrumado por un problema que estaba enfrentando en mi vida.  Yo quería superar algunos desafíos en mi vida, por lo que pedí la ayuda de Dios.  Un día fui a una charla fogonera (reunión inspiradora) de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (inadvertidamente llamada “La Iglesia Mormona” por amigos de otras religiones).  El orador de la charla dio un discurso muy bueno.  Realmente sentí que las cosas que él decía se aplicaban directamente a mí para ayudarme a superar mis problemas.  Básicamente, el orador habló sobre la superación personal, y cómo tenemos que mejorar nosotros un paso a la vez para que no dejarnos confundir.  Esta experiencia me mostró que el Señor es muy consciente de mí y de mis necesidades.  Él respondió a mi oración, y continúa respondiendo a mis oraciones.  Yo sé que Dios responde las oraciones de todo el mundo a medida que buscamos las respuestas.  José Smith siguió el consejo de Santiago 1:5 y decidió pedirle a Dios.

Un día de primavera en abril de 1820, José Smith fue a una arboleda cerca de su casa en Palmyra, Nueva York.  Fue allí, se arrodilló y comenzó a ofrecer los deseos de su corazón.  Mientras lo hacía, comenzó a sentirse vencido por la oscuridad.  El adversario de toda rectitud estaba tratando de impedir que buscara la ayuda del Señor, pero José llamó a Dios para su liberación, y estas son las palabras de su experiencia de lo que sucedió a continuación:

Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.  No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado.  Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción.  Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! (José Smith – Historia 1:17).

primera-visión-josé-smith-mormónEsta es una experiencia tan maravillosa. A pesar de que yo no estaba ahí cuando José Smith experimentó esta visión, yo sé que sucedió. Ha habido muchas veces, como misionero de Jesucristo, en que he relatado esta experiencia a otras personas. Cuando he contado la experiencia de José Smith a los demás, he sentido que el espíritu del Señor me da testimonio de que esta experiencia realmente sucedió.  He sentido una seguridad tranquilizadora de que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo realmente se aparecieron a José Smith.  He sentido que el Espíritu Santo me da testimonio de que Dios y Jesucristo se aparecieron a José con un sabio propósito.  Jesucristo le dijo a José que no debía unirse a ninguna de las iglesias. El Señor dijo: “Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella” (José Smith – Historia 1: 19).  A José se le dijo que iba a ser utilizado como un instrumento en la restauración de la iglesia de Jesucristo en la tierra, como cuando Él estaba en la tierra.  José iba a ser llamado como un profeta, al igual que Moisés fue llamado en la Biblia, para ayudar a establecer nuevamente la iglesia del Señor en la tierra en su plenitud.

¡Es reconfortante para mí saber que esta experiencia realmente ocurrió!  El saber que Dios no nos ha abandonado, sino por el contrario, está muy consciente de nosotros, me da paz.  Él ha llamado profetas para guiar a sus hijos desde Adán y Eva – es maravilloso que Él aún lo haga hoy en día.

Estoy impresionado con la cantidad de fe y fortaleza que José tuvo desde el momento en que fue un niño.  Por ejemplo, después de contraer una infección en su pierna, que fue provocada por la fiebre tifoidea, José tuvo que someterse a una cirugía para reparar el hueso en la pierna que se vio afectada por la infección.  Los médicos le dijeron a José que iban a atarlo durante la cirugía para que no se golpee por el dolor severo.  Pero en lugar José pidió que no estuviera atado, sino pidió que su padre lo sostenga en sus brazos mientras la cirugía se llevaba a cabo.  Cuando se le ofreció coñac o vino para aliviar el dolor, José Smith se negó diciendo que, si mi padre me va a sostener, puedo hacer lo que necesito hacer.  Esta muestra de coraje de José es increíble para mí.  También me recuerda a Dios, nuestro Padre Celestial, y cómo ellos nos pueden ayudar y mantener en los momentos difíciles.  En el Nuevo Testamento de la Biblia dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).  José Smith mostró una fuerte fe en Cristo durante toda su vida.

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Después de la maravillosa experiencia de la arboleda, José Smith esperó unos cuantos años antes de recibir nuevas instrucciones del Señor.  Estaba en su habitación una noche, buscando el perdón de sus pecados y caprichos, cuando un ángel del Señor se le apareció en su habitación.  El nombre del ángel era Moroni.  Moroni le dijo a José Smith que el Señor tenía una obra para que él haga.  Él le habló a José sobre una colina cercana a donde vivía que tenía planchas de oro con escritos antiguos.  Estos antiguos escritos contienen registros de una civilización que vivió en el continente americano.  Contiene la plenitud del Evangelio de Jesucristo y da cuenta de los tratos de Dios con ellos.  José Smith fue informado de que el Señor lo quería para traducir y publicar este registro como otro testigo de Jesucristo semejante a la Biblia.  A través de la obediencia de José al Señor, él fue guiado y recibió revelaciones de Dios, un paso a la vez, para establecer la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (comúnmente mal llamada “La Iglesia Mormona”).  He leído el Libro de Mormón, he sentido que trae paz a mi vida mientras lo he leído, he creído en las enseñanzas de Jesucristo contenidas en él, y he vivido esas enseñanzas.

José Smith mostró una vida semejante a Cristo.  Siempre trató de ser una mejor persona y trató a las personas a su alrededor con respeto.  No era perfecto, pero él siempre se esforzó por hacer lo mejor.  Hay una experiencia que David Whitmer, uno de los líderes de la Iglesia de los Últimos Días, contó de José Smith.

David Whitmer explicó: “Una mañana, cuando [José Smith] se preparaba para continuar con la traducción, sucedió algo en su casa y que le molestó, algo que había hecho Emma, su esposa.  Oliver y yo subimos las escaleras, y poco después subió José para continuar la traducción, pero no pudo hacer nada.  No podía traducir una sola sílaba.  Entonces bajó las escaleras, salió al huerto y allí elevó una oración al Señor; estuvo fuera como una hora, tras lo cual volvió a entrar en la casa, le pidió a Emma que lo perdonara y después de eso, subió al cuarto donde nos encontrábamos y la traducción continuó bien.  Él no podía hacer nada a menos que fuera humilde y fiel” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, pg.122).

Esta historia me demuestra que José fue verdaderamente un siervo del Señor.  La obra que hizo no se trataba de él, es la obra del Señor. Él no podía hacerlo por su cuenta, aunque lo intentara.  El Señor necesitaba que él fuera digno con el fin de utilizarlo como Su instrumento.  Estoy agradecido de que José Smith tratara de vivir una vida semejante a la de Cristo para que el Señor pudiera usarlo para restaurar Su iglesia en la tierra.

Nosotros, como Santos de los Últimos Días, adoramos al Salvador Jesucristo, no a los profetas.  Los profetas han existido desde que el hombre fue creado.  El Señor llamó y autorizó a que profetas como Adán, Moisés, Abraham enseñen Su Evangelio y administren las ordenanzas de salvación a todo el mundo, de modo que todos nosotros podamos conocer el camino de regreso a nuestro Padre Celestial. Sé por el poder del Espíritu Santo que Jesús le habló a José Smith y lo llamó como profeta para restaurar la iglesia del Salvador en la tierra.  Él fue un gran profeta como Moisés.  Los dulces sentimientos de paz y de verdad han sido testigos de mi alma que La Iglesia de Jesucristo ha sido restaurada en su plenitud.  Cuando oigo al profeta de hoy en día hablar, el presidente Thomas S. Monson, yo sé que él habla por el poder de la revelación.  Habla en nombre de Jesucristo y le dice al mundo lo que el Salvador nos diría si estuviera aquí.  El profeta nos da la dirección y el consejo que necesitamos para nuestro día.  Puedo sentir el amor del Salvador por mí cuando el profeta habla.  Yo sé que Jesucristo vive, y es consciente de nosotros, y nos habla hoy a través de profetas y apóstoles vivientes.  Sé que José Smith pronunció las palabras de Jesucristo.