<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Jesucristo &#187; Pre-existencia de Jesús</title>
	<atom:link href="http://elcristo.org/category/pre-existencia-de-jesus/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://elcristo.org</link>
	<description>El Salvador y Redentor de la humanidad</description>
	<lastBuildDate>Thu, 10 May 2012 06:55:02 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator>
		<item>
		<title>¿Por qué Jesús es llamado el Primogénito?</title>
		<link>http://elcristo.org/621/%c2%bfque-significa-que-jesus-sea-el-primogenito?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=%25c2%25bfque-significa-que-jesus-sea-el-primogenito</link>
		<comments>http://elcristo.org/621/%c2%bfque-significa-que-jesus-sea-el-primogenito#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 05:38:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acerca de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús el Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Pre-existencia de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Vida premortal de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación]]></category>
		<category><![CDATA[nacimiento de Cristo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://elcristo.org/?p=621</guid>
		<description><![CDATA[Cuando nos ponemos a reflexionar sobre lo que significa nacer, a menudo pensamos en recibir la vida y un cuerpo mortal que papá y mamá nos brindan. Por lo tanto, cuando preguntan: “¿Qué es lo que quiere decir que Jesús sea el primogénito? A menudo aparece otra pregunta: “¿Cómo puede Jesucristo ser el primogénito si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="gpo_rightcontainer">
						<div class="gpo_buttons">
						        <g:plusone href="http://elcristo.org/621/%c2%bfque-significa-que-jesus-sea-el-primogenito" size="medium" count="true"></g:plusone>
						</div>
			   </div><p>Cuando nos ponemos a reflexionar sobre lo que significa nacer, a menudo pensamos en recibir la vida y un cuerpo mortal que papá y mamá nos brindan. Por lo tanto, cuando preguntan: “¿Qué es lo que quiere decir que Jesús sea el primogénito? A menudo aparece otra pregunta: “¿Cómo puede Jesucristo ser el primogénito si vivió en lo que algunas veces se denominó el meridiano de los tiempos? Para poder responder estas preguntas, debemos volver a reflexionar nuestra definición de lo que significa nacer.</p>
<p>Las escrituras hablan de la llegada de un renacimiento cuando uno recibe el perdón de sus pecados. Pero ya que Jesús nunca pecó, esto no puede darse en este caso.” Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.” (Mateo 9:12). De todas maneras, cuando las personas nacen, se dice que recibieron vida. Por lo tanto, volver a nacer es recibir nuevamente una vida. Una de las formas en que Jesús es el primogénito es porque “Cristo ha resucitado de entre los muertos; y llegó a ser primicias de los que durmieron”. (1 Corintios 15:20). Al llamar a Cristo el Primogénito nos referimos a su acto de conquistar la muerte para que “todos resuciten” (1 Corintios 15:22). Entonces, uno podría decir que, por lo tanto, se trata de un acto de adoración –de impresionante reverencia- para recordar que Jesucristo es el Primogénito, el primero que resucitó y recibió nuevamente un cuerpo. <span id="more-621"></span></p>
<p>Pero existe más de una forma  por la que Jesucristo es el primogénito.</p>
<p>De acuerdo con el término “Primogénito” en el Diccionario Bíblico, uno lee tres maneras en que se llama a Jesús por medio de este título:</p>
<blockquote><p>“Jesús es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, el Unigénito del Padre en la carne y el primogénito en levantarse de entre los muertos en la resurrección, ‘para que en todo tenga la preeminencia’(Colosenses 1:13-18)”.</p></blockquote>
<p>Puesto que ya he escrito acerca de la última afirmación, cómo es que Jesús es “el primero en levantarse de la muerte por medio de la resurrección” y además ya se había escrito un artículo sobe la afirmación intermedia, Cristo como “el Unigénito del Padre en la carne”, me preparo ahora para abordar la primera afirmación que “Jesús es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial”</p>
<p>Para poder entender lo que quiere decir esta afirmación, uno debe entender que todos los hombres y todas las mujeres, antes de nacer en esta tierra, existieron como espíritus. Dichos espíritus de hombres y mujeres pre mortales “lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna”. (La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. “La familia: Una proclamación para el mundo “Liahona, noviembre de 1995, pág. 102). Estos espíritus son los “hijos espirituales” mencionados anteriormente, y Jesús es el primogénito –preeminente- de estos “hijos espirituales”.</p>
<p>En el año 1909, el cuerpo de gobierno de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (<a class="external_link_tool" href="http://mb-soft.com/believe/tshm/morbelie.htm">Iglesia Mormona</a>) emitió una declaración que explica esta idea mejor: “El Padre de Jesús también es nuestro Padre. El mismo Jesús enseñó esta verdad, cuando instruyó a sus discípulos sobre cómo orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, etc.”. Jesús, sin embargo, es el primogénito entre todos los hijos de Dios, el primero en ser engendrado en el Espíritu y el  único que se engendró en la carne. Él es nuestro hermano mayor y nosotros al igual que Él, somos hechos a la imagen de Dios” (La Primera Presidencia [José F. Smith, John R. Winder, Anthon H. Lund], “El origen del hombre”  Improvement Era-revista en ingles noviembre de 1909, págs. 75-81.</p>
<p>Esto parece tener sentido, pero ahora deseo preguntar, ¿es incorrecto considerar a Dios nuestro hermano mayor? ¿No parece al menos un poco extraño decir que nosotros estamos vinculados, al menos espiritualmente, con el grandioso ser que alguna vez caminó sobre la tierra? Pero resulte extraño o no, “entre los hijos espirituales de Elohin [Padre Celestial] el primogénito fue y es Jehová o Jesucristo de quienes los demás son menores” (La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles, Improvement Era, agosto de 1916, 940-1)</p>
<p>Por lo tanto, Cristo es el primogénito de todos los hijos espirituales de Dios y aunque se le puede considerar como nuestro Hermano Mayor, al mismo tiempo el Dios de toda la tierra aún desea llamarnos Sus amigos”. (Juan 15:15)</p>
<p>El ya fallecido Élder Neal A. Maxwell de manera elocuente estableció una solución para esta rareza,</p>
<blockquote><p>“En inteligencia y en su actuar, Él [Jesucristo] supera por mucho al individuo y al conjunto de capacidades y logros de todo aquel que haya vivido, vive y que aun vivirá” (vea Abraham 3:19). Él se regocija en nuestra bondad y éxito, pero cualquier evaluación de donde estamos parados en relación a Él nos dice que ni siquiera estamos de pie. ¡Estamos arrodillados!”- (Neal A. Maxwell, en Informe de la Conferencia, octubre de 1981, pág. 9).</p></blockquote>
<p>Por lo tanto ¿podemos llamar a Jesucristo nuestro Hermano Mayor? Bien, en el sentido que tenemos el mismo Padre Eterno en el Cielo, el Padre de nuestros cuerpos espirituales, la respuesta es afirmativa. Pero personalmente no me siento cómodo haciendo esto. Preferiría adherirme al término Primogénito, porque abarca mucho más de lo que Él es, “el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, el único engendrado del Padre en la carne y el primero en levantarse de la muerte en la resurrección, ‘para que en todo tenga la preeminencia’.. (Colosenses 1:13-18)” (Diccionario Bíblico: Primogénito)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://elcristo.org/621/%c2%bfque-significa-que-jesus-sea-el-primogenito/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Jesucristo, el Creador</title>
		<link>http://elcristo.org/236/jesucristo-el-creador?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=jesucristo-el-creador</link>
		<comments>http://elcristo.org/236/jesucristo-el-creador#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Sep 2008 00:45:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Jesús el Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Pre-existencia de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Jesucristo como el Creador]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://elcristo.org/?p=236</guid>
		<description><![CDATA[Como ya se ha indicado en relación con otro asunto, el Padre participó en la obra de la creación por medio del Hijo, el cual, por tal motivo, llegó a ser el Administrador, por conducto de quien la voluntad, mandamiento o palabra del Padre se llevó a efecto. De modo que con propiedad enfática el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="gpo_rightcontainer">
						<div class="gpo_buttons">
						        <g:plusone href="http://elcristo.org/236/jesucristo-el-creador" size="medium" count="true"></g:plusone>
						</div>
			   </div><p><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES-PE X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--></p>
<p><!--[if gte mso 10]&gt;--></p>
<p><!--[endif]--></p>
<div id="attachment_258" class="wp-caption alignright" style="width: 160px"><a href="http://elcristo.org/files/2008/09/peace-on-earth_.jpg"><img class="size-medium wp-image-258" src="http://elcristo.org/files/2008/09/peace-on-earth_.jpg" alt="Paz en la tierra - Greg Olsen" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Paz en la tierra - Greg Olsen</p></div>
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Como ya se ha indicado en relación con otro asunto, el Padre participó en la obra de la creación por medio del Hijo, el cual, por tal motivo, llegó a ser el Administrador, por conducto de quien la voluntad, mandamiento o palabra del Padre se llevó a efecto. De modo que con propiedad enfática el apóstol Juan otorga al Hijo, Jesucristo, el título de “el Verbo” o como lo declara el Padre, “la palabra de mi poder” (Juan 1:1, <a href="http://scriptures.lds.org/en/moses/1/32#32">Moisés 1:32</a>). En muchas de las Escrituras se aclara la parte que Jesucristo desempeñó en la creación, parte tan prominente que justifica que lo llamemos el Creador. Así que, el autor de la epístola a los Hebreos se refiere característicamente al Padre y al Hijo, en calidad de Seres distintos pero asociados: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreo 1:1-2, véase también 1 Corintios 8:6). Más explícita todavía es la forma en que el apóstol Pablo escribe a los Colosenses, a quienes declara, con referencia a Jesús el Hijo: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:16-17).<em> </em>Y aquí cabe repetir el testimonio de Juan, de que por el Verbo, “que era con Dios, y que era Dios aun desde el principio, todas las cosas fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. (Juan 1:1-3).</span><span id="more-236"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%">
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">A los profetas del hemisferio occidental se reveló con toda claridad que el Cristo que había de venir era en realidad Dios el Creador. Samuel, el <a href="http://es.mormonwiki.com/Lamanitas">lamanita</a> convertido, al predicar a los <a href="http://es.mormonwiki.com/Nefitas">nefitas</a> incrédulos, les testificó en estos términos: “Y también para que sepáis de la venida de <a href="http://www.mormon.org/learn/0,8672,802-3,00.html">Jesucristo</a>, el Hijo de Dios, el Padre de los cielos y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y para que sepáis acerca de las señales de su venida, a fin de que podáis creer en su nombre”. (<a href="http://scriptures.lds.org/es/hel/14/12#12">Helamán 14:12</a>; véase también <a href="http://scriptures.lds.org/es/mosiah/3/8#8">Mosíah 3:8; 4:2</a>; <a href="http://scriptures.lds.org/es/alma/11/39#39">Alma 11:39</a>)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%">
<p class="Default" style="line-height: 115%"><span>A estos pasajes de las Escrituras antiguas, se puede agregar con toda propiedad el testimonio personal del Señor Jesús después que se levantó como <a href="http://es.mormonwiki.com/Resurrecci%C3%B3n">Ser resucitado</a>. Cuando visitó a los nefitas, se </span><span>proclamó a sí mismo en esta manera: “He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios. Yo crié los cielos y la tierra, y todas las cosas que en ellos hay. Fui con el Padre desde el principio. Yo soy en el Padre, y el Padre en mí, y en mí ha glorificado el Padre su nombre” (<a href="http://scriptures.lds.org/es/3_ne/9/15#15">3 Nefi 9:15</a>). </span><span>A los nefitas que no podían comprender la relación entre el evangelio que les declaraba el Señor resucitado, y la ley mosaica, la cual tradicionalmente creían que estaba en vigor, y se maravillaban de su afirmación de que todas las cosas viejas habían pasado, El explicó: “He aquí, os digo que se ha cumplido la ley que se dio a Moisés. He aquí, soy yo quien di la ley, y soy el que hice convenio con mi pueblo Israel; por tanto, la ley se ha cumplido en mí, porque he venido para cumplir la ley; por tanto, ha cesad”. (<a href="http://scriptures.lds.org/es/3_ne/15/4-5#4">3 Nefi 15:4-5</a>)</span></p>
<p class="Default" style="line-height: 115%">
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">La voz de Jesucristo, el Creador de los cielos y de la tierra, nuevamente se ha oído por medio de revelaciones en la presente, o sea la última <a href="http://es.mormonwiki.com/Dispensaci%C3%B3n">dispensación</a>: “Escuchad, oh pueblo de mi iglesia, vosotros a quienes el reino ha sido dado; escuchad y dad oído al que puso los fundamentos de la tierra, el que hizo los cielos con todas sus huestes, y por quien fueron hechas todas las cosas que viven, y se mueven, y tienen su ser” (<a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/45/1#1">D y C 45:1</a>). Y también: “He aquí, soy Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, quien ha creado los cielos y la tierra, una luz que no se puede esconder en las tinieblas”. (<a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/14/9#9">D y C 14:9</a>; véase también <a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/29/1#1">D y C 29:1</a>, <a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/29/31#31">31</a>; <a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/76/24#24">76:24</a>)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%">
<p class="MsoNormal" style="margin-left: 0cm;text-align: left;text-indent: 0cm;line-height: 115%"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">James Talmage, <em>Jesus el Cristo<span> </span></em></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://elcristo.org/236/jesucristo-el-creador/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El plan de compulsión de Satanás y el plan de albedrío de Cristo</title>
		<link>http://elcristo.org/67/el-plan-de-compulsion-de-satanas-y-el-plan-de-albedrio-de-cristo?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=el-plan-de-compulsion-de-satanas-y-el-plan-de-albedrio-de-cristo</link>
		<comments>http://elcristo.org/67/el-plan-de-compulsion-de-satanas-y-el-plan-de-albedrio-de-cristo#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 May 2008 07:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acerca de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús el Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Pre-existencia de Jesús]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://elcristo.org/?p=67</guid>
		<description><![CDATA[Antes de ser puesto el hombre sobre la tierra, no sabemos cuánto tiempo antes, Cristo y Satanás, junto con las huestes de los hijos espirituales de Dios, existían como individuos inteligentes, facultados con el poder y la oportunidad para escoger el camino que quisieran seguir y obedecer. En ese gran concurso de inteligencias espirituales, se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="gpo_rightcontainer">
						<div class="gpo_buttons">
						        <g:plusone href="http://elcristo.org/67/el-plan-de-compulsion-de-satanas-y-el-plan-de-albedrio-de-cristo" size="medium" count="true"></g:plusone>
						</div>
			   </div><p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Antes de ser puesto el hombre sobre la tierra, no sabemos cuánto tiempo antes, Cristo y Satanás, junto con las huestes de los hijos espirituales de Dios, existían como individuos inteligentes, facultados con el poder y la oportunidad para escoger el camino que quisieran seguir y obedecer. En ese gran concurso de inteligencias espirituales, se presentó e indudablemente se discutió el plan del Padre por medio del cual sus hijos avanzarían a su segundo estado. Fue tan inmensamente gloriosa esta oportunidad, puesta al alcance de los espíritus que habrían de tener el privilegio de tomar cuerpos en la tierra, que las multitudes celestiales prorrumpieron en cantos y se regocijaron. <a href="http://lds.org/scriptures/ot/job/38#7?lang=spa"><span style="color: black;text-decoration: none">[1]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Fue rechazado el plan compulsivo de Satanás, mediante el cual todos serían conducidos sin daño durante el curso de su vida terrenal, privados de la libertad de obrar y de la facultad para escoger, restringidos a tal grado que se verían obligados a hacer lo bueno, a fin de que no se perdiera una sola alma; y se aceptó la humilde oferta de Jesús el Primogénito, de encarnar y vivir entre los hombres como su Ejemplo y Maestro, observando la santidad del albedrío del hombre, pero al mismo tiempo enseñándole a emplear debidamente esa herencia divina. Esta decisión causó la guerra que resultó en la derrota de Satanás y sus ángeles, los cuales fueron echados fuera y privados de los infinitos privilegios consiguientes al segundo estado, o sea el terrenal.</span><span id="more-67"></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">En ese augusto concilio de los ángeles y los Dioses, tomó parte prominente el Ser que más tarde nació en la carne como Jesús, hijo de María, y allí fue ordenado por el Padre para ser el Salvador del género humano. En cuanto a tiempo, empleando este término con referencia a toda la existencia pasada, esto es lo primero que sabemos acerca del Primogénito entre los hijos de Dios; y para nosotros los que leemos, señala el principio de la historia escrita de Jesús el Cristo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Aun cuando los escritos del Antiguo Testamento abundan en promesas referentes a la realidad del advenimiento del Cristo en la carne, son menos explícitos en cuanto a su existencia antes de tomar cuerpo. Mientras los hijos de Israel vivían debajo de la ley, sin la preparación necesaria para recibir el evangelio, el Mesías era para ellos uno que habría de nacer del linaje de Abraham y de David, facultado para librarlos de sus cargas personales y nacionales, así como para vencer a sus enemigos. El pueblo en general, si acaso era capaz de formarse un concepto, apenas percibía vagamente la realidad de la posición del Mesías como el Hijo elegido de Dios, un Ser de poder y gloria preexistentes que fue con el Padre desde el principio; y aunque se concedió una revelación de la gran verdad a los profetas especialmente comisionados con las autoridades y privilegios del Santo Sacerdocio, <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_15_15"><span style="color: black;text-decoration: none">[2]</span></a> éstos lo transmitieron al pueblo en términos de imágenes y parábolas, más bien que en palabras claras y directas. Sin embargo, el testimonio de los evangelistas y apóstoles, el testimonio del propio Cristo mientras estuvo en la carne y las revelaciones dadas en la dispensación actual suplen esta escasez de evidencias en las Escrituras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Page_10"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">En las primeras líneas del Evangelio escrito por Juan el Teólogo, leemos: &#8220;En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_16_16"><span style="color: black;text-decoration: none">[3]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">El pasaje es sencillo, preciso y sin ambigüedad. Podemos razonablemente aplicar a la frase &#8220;En el principio&#8221; el mismo significado comprendido en las primeras palabras del libro del Génesis; y este significado debe indicar un tiempo anterior al estado más remoto de la existencia humana sobre la tierra. Definitivamente se afirma que el Verbo es Jesucristo, el cual estuvo con el Padre en ese principio, y que El mismo se hallaba investido con los poderes y categoría de Dios, y que vino al mundo y habitó entre los hombres. Hallamos corroboradas estas declaraciones mediante la revelación concedida a Moisés, en la cual le fue permitido ver muchas de las creaciones de Dios y escuchar la voz del Padre hablar de las cosas que habían sido hechas: &#8220;Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad.&#8221; <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_17_17"><span style="color: black;text-decoration: none">[4]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Juan el Teólogo afirma repetidas veces la preexistencia del Cristo y el hecho de su autoridad y poder en el estado anterior al terrenal. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_18_18"><span style="color: black;text-decoration: none">[5]</span></a> Igual cosa afirman los testimonios de los apóstoles Pablo <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_19_19"><span style="color: black;text-decoration: none">[6]</span></a> y Pedro. Instruyendo a los santos acerca de la base de su fe, este último apóstol puso de relieve el hecho de que no podían obtener su redención por medio de cosas corruptibles ni por la observancia exterior de requisitos tradicionales, sino más bien &#8220;con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_20_20"><span style="color: black;text-decoration: none">[7]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Aún más impresionantes y a la vez más verdaderamente concluyentes son los testimonios personales del Salvador respecto de su propia vida preexistente y de la misión entre los hombres para la cual El había sido designado. Nadie que acepte a Jesús como el Mesías puede rechazar lógicamente estas evidencias de su naturaleza eterna. En una ocasión en que los judíos disputaban en la sinagoga entre sí y murmuraban porque no podían entender correctamente la doctrina concerniente al propio Jesús, particularmente en lo que tocaba a su relación con el Padre, El les dijo: &#8220;Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió&#8221;. Entonces, continuando la lección basada en el contraste del maná, con el cual sus padres fueron alimentados en el desierto, y el pan de vida que El ofrecía, añadió: &#8220;Yo soy el pan vivo que descendió del cielo&#8221;; y declaró además: &#8220;Me envió el Padre viviente&#8221;. Muchos de los discípulos fueron incapaces de entender sus enseñanzas; y al quejarse ellos, les preguntó: &#8220;¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?&#8221; <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_21_21"><span style="color: black;text-decoration: none">[8]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">A ciertos judíos inicuos que, envueltos en el manto del orgullo racial, se jactaban de haber descendido del linaje de Abraham y querían excusar sus pecados empleando sin derecho el nombre del gran patriarca, nuestro Señor les proclamó su propia preeminencia en estos términos: &#8220;De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy&#8221;.<a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_22_22"><span style="color: black;text-decoration: none">[9]</span></a> Más adelante se explicará el significado completo de esta aseveración; basta por lo pronto considerar este pasaje como una afirmación clara de que nuestro Señor sobrepujaba a Abraham en antigüedad y supremacía. Pero en vista de que el nacimiento de éste había antecedido al de Cristo por más de diecinueve siglos, esta antigüedad debió referirse a una existencia anterior a la terrenal. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Al aproximarse la hora de su traición, en la última entrevista que tuvo con los apóstoles antes de su experiencia angustiosa en el Getsemaní, Jesús los consoló, diciendo: &#8220;Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_23_23"><span style="color: black;text-decoration: none">[10]</span></a> Además, en el curso de su efusiva oración por aquellos que habían sido fíeles a su testimonio de su Mesiazgo, dirigió al Padre esta solemne invocación: &#8220;Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_24_24"><span style="color: black;text-decoration: none">[11]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">El Libro de <a class="external_link_tool" href="http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/translations/?id=3">Mormón</a> asimismo presenta evidencia explícita de la preexistencia de Cristo y su misión preordinada. No podemos citar sino una de las muchas evidencias que en ese tomo se hallan. Un profeta antiguo, llamado en la historia el hermano de Jared, recurrió al Señor en una ocasión con una súplica especial: &#8220;Y le dijo el Señor: ¿Creerás las palabras que te voy a declarar? Y él le respondió: Sí, Señor, sé que hablas la verdad, porque eres Dios de verdad, y no puedes mentir. Y cuando hubo pronunciado estas palabras, he aquí el Señor se le mostró y dijo: Porque sabes estas cosas, eres redimido de la caída; por tanto, eres traído de nuevo a mi presencia, y por esta razón me manifiesto a ti. He aquí, yo soy el que fui preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo. Soy el Padre y el Hijo. En mí tendrá luz eternamente todo el género humano, sí, cuantos creyeren en mi nombre; y llegarán a ser mis hijos y mis hijas. Y nunca me he mostrado a los hombres que he creado, porque jamás ha creído en mí el hombre, como tú lo has hecho. ¿Ves cómo has sido creado a mi propia imagen? Sí, en el principio todos los hombres fueron creados a mi propia imagen. He aquí, este cuerpo que ves ahora es el cuerpo de mi Espíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi Espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_26_26"><span style="color: black;text-decoration: none">[13]</span></a> Los hechos principales que guardan relación directa con el tema en consideración, y de los cuales testifican los pasajes citados, son: Que el Cristo se manifestó a sí mismo mientras se hallaba todavía en su estado preexistente; y que declaró haber sido escogido desde la fundación del mundo para ser el Redentor.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Las revelaciones dadas por conducto de los profetas de Dios en la dispensación actual contienen abundante evidencia del nombramiento y ordenación de Cristo en el mundo primordial; y puede ofrecerse como testimonio el texto completo de las Escrituras contenidas en Doctrinas y Convenios. Los siguientes ejemplos vienen particularmente al caso. En una comunicación dada a José Smith el profeta, en mayo de 1833, el Señor se proclamó a sí mismo como el que había venido previamente del Padre al mundo, y de quien Juan había dado testimonio como el Verbo; y se reitera la verdad solemne de que El, Jesucristo, &#8220;era en el principio, antes que el mundo fuese&#8221;; y además, que era el Redentor &#8220;que vino al mundo, porque el mundo fue hecho por él, y en él estaba la vida y la luz del hombre&#8221;. Por otra parte, se hace referencia a Él como el &#8220;Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, aun el Espíritu de verdad, que vino y moró en la carne&#8221;. En esta misma revelación, el Señor dijo: &#8220;Y ahora, de cierto, de cierto os digo, yo estuve en el principio con el Padre, y soy el Primogénito&#8221;. En una ocasión anterior, como lo testifica el profeta moderno, él y uno de sus compañeros en el sacerdocio fueron iluminados por el Espíritu, de modo que pudieron ver y entender las cosas de Dios, &#8220;aquellas cosas que existieron desde el principio, antes que el mundo fuese. Cosas que el Padre decretó por medio de su Unigénito Hijo, quien fue en el -seno del Padre, aun desde el principio; de quien damos testimonio; y el testimonio que damos es la plenitud del evangelio de Jesucristo, el cual es el Hijo, a quien vimos y con quien conversamos en la visión celestial&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_28_28"><span style="color: black;text-decoration: none">[15]</span></a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">El testimonio de las Escrituras grabadas en ambos hemisferios, el de las historias antiguas así como modernas, las declaraciones inspiradas de profetas y apóstoles, y las palabras del Señor mismo proclaman al unísono la preexistencia de Cristo y su ordenación como el Salvador y el Redentor del género humano desde el principio: sí, aun antes de la fundación del mundo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">NOTAS</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_13_13"><span style="color: black;text-decoration: none">[1]</span></a> Job 38:7.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_14_14"><span style="color: black;text-decoration: none">[2]</span></a> Salmos 25:14; Amós 3:7.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_16_16"><span style="color: black;text-decoration: none">[3]</span></a> Juan 1:1-3, 14; véase también 1 Juan 1:1; 5: 7; Ap. 19:13; compárese Doctrina y Convenios 93:1-17, 21.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Footnote_17_17"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_17_17"><span style="color: black;text-decoration: none">[4]</span></a> P. de G.P., Moisés 1:32, 33; véase también 2:5.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_18_18"><span style="color: black;text-decoration: none" lang="EN-US">[5]</span></a></span><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="EN-US"> 1 Juan 1:1-3; 2:13, 14; 4:9; Ap. 3:14.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_19_19"><span style="color: black;text-decoration: none" lang="EN-US">[6]</span></a></span><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="EN-US"> 2 Tim. 1:9, 10; Rom. 16:25; Ef. 1:4; 3:9, 11; Ti. 1:2. </span><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Véase especialmente Rom. 3:25; and nótese la interpretación marginal de “preordinado, lo cual hace que el pasaje se lea: “A quien Dios preordinó para ser propiciación”. </span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Footnote_20_20"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_20_20"><span style="color: black;text-decoration: none">[7]</span></a> 1 P 1:19, 20.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_21_21"><span style="color: black;text-decoration: none">[8]</span></a> Juan 6:38, 51, 57, 61, 62.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_22_22"><span style="color: black;text-decoration: none">[9]</span></a> Juan 8:58; véase también 17:5, 24; y compárese con Ex. 3:14. Página <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Page_37"><span style="color: black;text-decoration: none">37</span></a>.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_23_23"><span style="color: black;text-decoration: none">[10]</span></a> Juan 16:27, 28; véase también 13:3.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_24_24"><span style="color: black;text-decoration: none">[11]</span></a> Juan 17:3-5; véase también versículos 24, 25.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Footnote_25_25"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_25_25"><span style="color: black;text-decoration: none">[12]</span></a> <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#note_2_3"><span style="color: black;text-decoration: none">Nota 3</span></a>, véase Preexistencia del Cristo</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_26_26"><span style="color: black;text-decoration: none">[13]</span></a> L. de M., Éter 3:11-16. Véase también 1 Nefi 17:30; 19:7; 2 Nefi 9:5; 11:7; 25:12; 26:12; Mosíah 3:5; 4:2; 7:27; 13:34; 15:1; Alma 11:40; Hel. 14:12; 3 Nefi 9:15.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_27_27"><span style="color: black;text-decoration: none">[14]</span></a> Doctrina y Convenios 93:1-17, 21.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_28_28"><span style="color: black;text-decoration: none">[15]</span></a> Doctrina y Convenios 76:13, 14.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">James Talmage, <em>Jesús el Cristo</em></span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://elcristo.org/67/el-plan-de-compulsion-de-satanas-y-el-plan-de-albedrio-de-cristo/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cristo en la vida premortal</title>
		<link>http://elcristo.org/66/cristo-en-la-vida-premortal?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=cristo-en-la-vida-premortal</link>
		<comments>http://elcristo.org/66/cristo-en-la-vida-premortal#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 May 2008 06:50:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acerca de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús el Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Pre-existencia de Jesús]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://elcristo.org/?p=66</guid>
		<description><![CDATA[Preexistencia y preordinación del Cristo Afirmamos, basados en la autoridad de las Santas Escrituras, que antes de nacer en la carne, existía con el Padre el Ser conocido entre los hombres como Jesús de Nazaret, y como Jesús el Cristo entre todos los que reconocen su divinidad; y que en el estado preexistente fue escogido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="gpo_rightcontainer">
						<div class="gpo_buttons">
						        <g:plusone href="http://elcristo.org/66/cristo-en-la-vida-premortal" size="medium" count="true"></g:plusone>
						</div>
			   </div><p class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%">Preexistencia y preordinación del Cristo</span></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">Afirmamos, basados en la autoridad de las Santas Escrituras, que antes de nacer en la carne, existía con el Padre el Ser conocido entre los hombres como Jesús de Nazaret, y como Jesús el Cristo entre todos los que reconocen su divinidad; y que en el estado preexistente fue escogido y ordenado para ser el único Salvador y Redentor de la raza humana. La preexistencia, como elemento esencial de la preordinación, queda indicada y comprendida en ésta; de modo que las Escrituras que tratan un asunto guardan afinidad con el otro. Por consiguiente, en esta presentación no se intentará segregar la evidencia, en lo que respecta a su aplicación particular, ya sea a la preexistencia de Cristo o a su preordinación.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">Juan el Teólogo vio en visión algunas de las escenas que se desarrollaron en el mundo de los espíritus mucho antes del principio de la historia humana. Presenció la lucha y contienda entre la lealtad y la rebelión, las huestes que defendían la rectitud dirigidas por Miguel el arcángel, y las fuerzas rebeldes acaudilladas por Satanás, también llamado el diablo, la serpiente y el dragón. Leemos: &#8220;Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaba el dragón y sus ángeles&#8221;. <a href="http://lds.org/scriptures/nt/rev/12.7-9?lang=spa">[4]</a></span><a href="http://lds.org/scriptures/nt/rev/12.7?lang=spa"><span id="more-66"></span></a></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">En esta lucha entre las huestes incorpóreas, los partidos no estaban divididos en bandos iguales; Satanás reunió en torno de su estandarte solamente a la tercera parte de los hijos de Dios, simbolizados por las &#8220;estrellas del cielo&#8221;.<a href="http://lds.org/scriptures/nt/rev/12.4?lang=spa">[5]</a> La mayoría luchó al lado de Miguel, o por lo menos se abstuvo de oponerse activamente, [Pg. 7] y de este modo realizaron el propósito de su &#8220;primer estado&#8221;; mientras que los ángeles que se aliaron con Satanás &#8220;no guardaron su dignidad&#8221;, <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_6_6">[6]</a> y por tanto, se privaron a sí mismos del derecho de las gloriosas posibilidades de una condición avanzada o sea el &#8220;segundo estado&#8221;.<a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_7_7">[7]</a> La victoria fue de Miguel y sus ángeles; y Satanás o Lucifer, que hasta entonces había sido un &#8220;hijo de la mañana&#8221;, fue expulsado del cielo; sí, &#8220;fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él&#8221;.<a href="http://lds.org/scriptures/nt/rev/12.9?lang=spa">[8]</a> El profeta Isaías, a quien se habían revelado estos sucesos trascendentales cerca de ocho siglos antes de la época en que Juan los escribió, lamenta con sentimiento inspirado la caída de un personaje tan importante, y cita como causa, su ambición egoísta: &#8220;¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo&#8221;<a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_9_9">[9]</a>. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">En la causa de la gran contienda, es decir, las condiciones que condujeron a este conflicto en los cielos, se hallará justificación para citar estos pasajes de las Escrituras en relación con el asunto que estamos considerando. Es evidente, según las palabras de Isaías, que Lucifer ocupaba ya una posición exaltada, y que intentó engrandecerse a sí mismo sin tomar en consideración los derechos o albedrío de otros. El asunto, expresado en palabras que no admiten equivocación, se halla en una revelación dada a Moisés, y repetida por conducto del primer profeta de la dispensación actual: &#8220;Y yo, Dios el Señor le hablé a Moisés diciendo: Ese Satanás, a quien tú has mandado en el nombre de mi Unigénito, es el mismo que existió desde el principio; y vino ante mí, diciendo: Heme aquí, envíame. Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra. Mas he aquí, mi Hijo Amado, aquel que fue mi Amado y mi Electo desde el principio, me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre. Pues por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, e intentó destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y también quería que le diera mi propio poder, hice que fuera echado por el poder de mi Unigénito; y llegó a ser Satanás, sí, aun el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres, aun a cuantos no escucharen mi voz, llevándolos cautivos según la voluntad de él&#8221;. <a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#Footnote_10_10">[10]</a></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">NOTAS</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">1<strong>. Inteligencias graduadas</strong> en el estado preexistente.- Muéstrase con toda claridad, mediante una revelación divina dada a Abraham, que los espíritus de los hombres existieron como inteligencias individuales con distintos grados de habilidad y poder, antes de la inauguración del estado terrenal sobre esta tierra y aun antes de la creación del mundo como morada adecuada para los seres humanos: &#8220;Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes; y Dios vio estas almas, y eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A éstos haré mis gobernantes—pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos &#8211; y él me dijo: Abrahán, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer.&#8221; (P. de G. P., Abraham 3:22-23)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">Siguen inmediatamente a las partes de la revelación citada otros versículos en los que se manifiesta que Cristo así como Satanás se hallaban entre aquellas inteligencias exaltadas, y que Aquél fue elegido y éste rechazado como el futuro Salvador del género humano: &#8220;Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra en donde éstos puedan morar; y así los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. Y a los que guardaren su primer estado les será añadido; y aquellos que no guardaren su primer estado, no recibirán gloria en el mismo reino con los que lo hayan guardado; y quienes guardaren su segundo estado, recibirán aumento de gloria sobre sus cabezas para siempre jamás. Y el Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame. Y otro contestó, y dijo: Heme aquí; envíame a mí. Y el Señor dijo: Enviaré al primero. Y el segundo se enojó, y no guardó su primer estado-; y muchos lo siguieron ese día&#8221;. (Ibid., vers. 24-28)</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="note_2_2"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">2<strong>. El concilio primordial en los cielos</strong>.—&#8221;Se afirma definitivamente en el libro de Génesis que el Señor dijo: &#8216;Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza&#8217;; y además, después que Adán hubo participado del fruto prohibido, el Señor declaró: &#8216;He aquí el hombre es como uno de nosotros&#8217;; y claramente se deduce que en todo lo relacionado con la obra de la creación del mundo, hubo una consulta; y aunque Dios habló como está escrito en la Biblia, es evidente, sin embargo, que consultó con otros. Las Escrituras nos dicen que &#8216;hay muchos dioses y muchos señores, para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre&#8217;. (1 Cor. 8:5) Es por esta razón, aunque oíros participaron en la creación de los mundos, que la Biblia lo expresa en la forma en que lo tenemos; porque la plenitud de estas verdades se revela únicamente a personas altamente favorecidas, por razones que sólo Dios sabe; y como nos es dicho en las Escrituras: &#8216;La comunión íntima de Jehová es con los que le temen; y a ellos hará conocer su pacto&#8217;. (Salmos 25:14)</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">&#8220;Es congruente creer que en este Concilio Celestial se examinó detenidamente el plan que había de adoptarse con relación a los hijos de Dios, que en esa época eran espíritus y no habían obtenido cuerpos todavía. Porque al considerar la creación del mundo y la colocación de los hombres sobre él &#8211; permitiéndoles de esta manera obtener tabernáculos o cuerpos, y con ellos obedecer las leyes de la vida y nuevamente ser exaltados entre los Dioses &#8211; nos es dicho que &#8216;alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios&#8217;. El siguiente asunto por resolver fue cómo y de acuerdo con cuál principio se habría de llevar a cabo la salvación, exaltación y gloria eterna de los hijos de Dios. Es evidente que se propusieron y discutieron ciertos planes en ese Concilio, y que después de un examen completo de aquellos principios, y habiendo declarado el Padre su voluntad concerniente a su propósito, Lucifer se presentó ante el Padre con un plan ideado por él mismo, y dijo: &#8220;Heme aquí, envíame. Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra.&#8217; Pero Jesús, al oír esta proposición de Lucifer, dijo: &#8216;Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre.&#8217; De estas palabras del Hijo bien amado, naturalmente hemos de colegir que al discutirse este asunto, el Padre había dado a conocer su voluntad y explicado su plan y designio sobre estas cosas, y todo lo que su Hijo amado deseaba hacer era cumplir &#8216;a voluntad de su Padre que, según parece, ya se había expresado. También deseaba que se diera la gloria a su Padre, a quien, como Dios el Padre, y originador y diseñador del plan, correspondía todo el honor y la gloria. Sin embargo, Lucifer quería introducir un plan contrario a la voluntad de su Padre, y además quería su honra, pues dijo: &#8216;Salvaré a todas las almas de los hombres, por tanto, dame tu honra.&#8217; Quería obrar en contra de la voluntad de su Padre, y arrogantemente deseaba privar al hombre de su libre albedrío, y de este modo convertirlo en esclavo y colocarlo en tal posición que le sería imposible obtener esa exaltación que Dios había propuesto para él, mediante la obediencia a la ley que El le había indicado; y además, Lucifer aspiraba al honor y poder de su Padre, a fin de poder llevar a cabo principios que se oponían a los deseos del Padre.&#8221;- Mediation and Atonement, por John Taylor, págs. 93, 94.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="note_2_3"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">3. <strong>Los Jareditas.—&#8221;</strong>De las dos naciones cuyas historias constituyen el Libro de <a href="http://www.templosmormones.com/" class="external_link_tool">Mormón</a>, la primera, en cuestión de tiempo, fue la del pueblo de Jared, que bajo la dirección de su caudillo, salió de la Torre de Babel al tiempo de la confusión de lenguas. Éter, el último de sus profetas, escribió su historia sobre veinticuatro planchas de oro y, previendo la destrucción de su pueblo a causa de su iniquidad, escondió las planchas históricas. Más tarde las encontró una expedición enviada por el rey Limhi, monarca nefita, aproximadamente en el año 122 antes de Cristo. Moroni subsiguientemente compendió la historia que se hallaba grabada sobre estas planchas y agregó el relato condensado a los anales del Libro de <a href="http://www.allaboutmormons.com/malentendidos_jesucristo_dios_el_padre_cristianismo_jose_smith.php" class="external_link_tool">Mormón</a>. En la traducción moderna lleva el nombre del Libro de Éter.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">&#8220;En la historia, según la tenemos, no se da el nombre del primer y principal profeta de los jareditas, sino solamente se conoce como el hermano de Jared. En cuanto a su pueblo, nos enteramos de que en medio de aquella confusión en Babel, Jared y su hermano rogaron ante el Señor que ellos y sus compañeros fuesen librados de la dispersión inminente. Se escuchó su oración, y junto con un grupo considerable que, como ellos, no se había contaminado con la adoración de ídolos, el Señor los llevó de sus casas, prometiendo conducirlos a un país escogido sobre todos los demás. No se sabe con exactitud la ruta que siguieron; sólo sabemos que llegaron al océano y que allí construyeron ocho naves o barcos, en los cuales se hicieron a la mar. Estos barcos eran pequeños y carecían de luz por dentro, pero el Señor hizo luminosas ciertas piedras, las cuales proveyeron luz a los viajeros encerrados. Después de un viaje de trescientos cuarenta y cuatro días, la colonia desembarcó en las costas de América.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">&#8220;Aquí la colonia llegó a ser una nación floreciente; pero, cediendo con el tiempo a disensiones internas, se dividieron en bandos que combatieron entre sí hasta que el pueblo quedó totalmente destruido. Esta destrucción que ocurrió cerca del cerro Rama, al que los nefitas más tarde dieron el nombre de Cumora, se verificó más o menos al tiempo de la llegada de Lehi, aproximadamente 590 años antes de Cristo&#8221;. Artículos de Fe, por el autor, págs. 291-292.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Footnote_4_4"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_4_4">[4]</a> Ap. 12:7, véase también versículos 8 y 9.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_5_5">[5]</a> Ap.12:4; véase también Doctrina y Convenios 29:36-38; y 76:25-27.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_6_6">[6]</a> Judas 6.</span></p>
<p class="MsoNormal"><a name="Footnote_7_7"></a><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_7_7">[7]</a> P. de G.P., Abraham 3:26.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_8_8">[8]</a> Ap. 12:9.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_9_9">[9]</a> Isa. 14:12-15; compárese Doctrina y Convenios 29:36-38; y 76:23-27.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES"><a href="http://www.gutenberg.org/files/22542/22542-h/22542-h.htm#FNanchor_10_10">[10]</a> P. de G.P., Moisés 4:1-4; véase también Abraham 3:27, 28.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt;line-height: 115%" lang="ES">James Talmage, <em>Jesús el Cristo</em>.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://elcristo.org/66/cristo-en-la-vida-premortal/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

