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	<title>Jesucristo &#187; Jesús el Cristo</title>
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	<description>El Salvador y Redentor de la humanidad</description>
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		<title>¿Por qué Jesucristo es llamado la Luz del Mundo?</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 05:38:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jesús fue al templo durante la fiesta de los Tabernáculos. El templo estaba iluminado por cuatro candelabros muy grandes y su luz se podía ver desde una gran distancia. Aquí, Él rescató a la mujer de ser apedreada por adulterio y luego proclamó a aquellos que observaban el acontecimiento: “Yo soy la luz del mundo: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/02/Prince-of-Peace.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/02/Prince-of-Peace.jpg" alt="" title="Prince of Peace" width="150" height="150" class="alignleft size-full wp-image-688" /></a>Jesús fue al templo durante la fiesta de los Tabernáculos. El templo estaba iluminado por cuatro candelabros muy grandes y su luz se podía ver desde una gran distancia. Aquí, Él rescató a la mujer de ser apedreada por adulterio y luego proclamó a aquellos que observaban el acontecimiento: “Yo soy la luz del mundo: aquel que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de vida”.</p>
<p>La oscuridad, en un sentido spiritual, se refiere frecuentemente al pecado o a la confusión acerca de la verdad. Así como en la vida la oscuridad puede esconder maldad o distorsionar lo que es real, en el mundo espiritual, puede distorsionar la verdad o dificultar la visión o la comprensión de la verdad. Sin embargo, Dios creó tanto al día como a la noche, y Él no espera que nosotros vivamos en la oscuridad. Él desea que vivamos nuestras vidas en la luz, y esa luz viene del Salvador.</p>
<p><span id="more-687"></span></p>
<p>Jesucristo vino a la tierra a cumplir la profecía y a cumplir una promesa que nos hizo antes de que naciéramos; Él prometió venir y redimirnos de nuestros pecados. Antes de esto, Él enseñó el evangelio, ayudando a aquellos que escucharon a ver más allá de la Ley de Moisés hacia las nuevas y más altas leyes de amor.</p>
<p>Él enseñó a Sus seguidores que siguieran Su ejemplo y vivieran una ley que les acercaría a Dios. Aquellos que no hacían más que observarlo serían iluminados hasta el tipo de Ser que Dios Mismo era y el tipo de persona que cada uno de nosotros debe esforzarse por ser. En el incidente antes mencionado que implicaba a la mujer que iba a ser apedreada, Él respondió a las preguntas designadas a hacerlo caer respecto al destino de la mujer de acuerdo a la ley. En lugar de decirles a los hombres que la ley estaba equivocada, como ellos esperaban, Él simplemente dijo que la primera piedra debía ser arrojada por la persona en el grupo que no tuviera pecado. Por supuesto, sólo el Mismo Jesús sabía ese criterio, pero cuando los hombres se alejaron, Él también se rehusó a juzgarla. Él sólo le mandó que abandonara su pecado.</p>
<p>En Su breve ministerio, Él sanó al enfermo, trató con respeto a aquellos que eran tratados por el mundo como nada, se rehusó a rechazar a los niños cuando Él estaba cansado, y dio todo para dedicar Su vida a enseñar el evangelio. Cuando Su misión llegó a su final, Él tomó sobre Sí los pecados del mundo y luego voluntariamente se permitió a Sí Mismo ser asesinado. Él venció esa muerte y se levantó otra vez.<br />
Hoy en día, aunque Él no está con nosotros en la tierra, nosotros podemos aún ser guiados por Su luz. Su luz es una luz de amor, y permanecer en su camino nos mantendrá a salvo. En el Libro de Mormón, hay una visión dada a un profeta que vio un camino que llevaba a un hermoso árbol. El árbol estaba lleno de fruta dulce y magnífica. Una nube de oscuridad sobrevino al camino, haciendo difícil para aquellos que estaban en el camino el saber cómo llegar al árbol. Sin embargo, a todo lo largo del camino había una barra de hierro. El árbol y su fruto, que representaban el amor de Dios, se podrían obtener sólo sujetándose a la barra de hiero, que representaba la palabra de Dios. Aquellos que desistían, aquellos que se alejaban para explorar caminos a los lados, perdieron la oportunidad de recibir las recompensas.</p>
<p>Una manera en la que podemos permanecer en el camino y proteger nuestro asidero a la barra de hierro es aprendiendo a reconocer y obedecer la Luz de Cristo, y cuando lo recibimos, el Don del Espíritu Santo. A través de la Luz de Cristo, la que está disponible para todos nosotros, podemos aprender a reconocer la verdad cuando se nos presenta. A menudo, mientras se imparte una gran verdad, algo muy dentro de nosotros se mueve, dejándonos con un cálido sentimiento de seguridad. Esta es la Luz de Cristo, que nos testifica de esta verdad. A través de esta verdad algunas de las grandes preguntas de las épocas se pueden responder: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy en la Tierra? ¿A dónde iré cuando muera? Cuando cada religión enseña algo diferente, ¿cómo puedo saber cuál está enseñando lo que el Salvador enseñó?<br />
Hay algunos que tratan de convencer a las personas que no deben preguntar a Dios estas grandes preguntas, que no deben volverse a Él para pedirle consejo. Sin embargo, Jesús Mismo oró, y Santiago, el que se cree era el medio hermano del Salvador, enseñó: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada”. (Santiago 1:5-6)</p>
<p>La razón que algunos dan para aconsejar a las personas en contra de orar para saber la verdad es a menudo que la persona que ora no sabrá quién está respondiendo la oración. Sin embargo, los mormones creen que Dios nunca hace una promesa que no pueda cumplir, y Él prometió, como leemos en Santiago 1:5, que Dios ha prometido darnos la sabiduría que pidamos. ¿Es posible que Dios pudiera contestar nuestras oraciones en una forma que no deje duda en cuanto a quién se está comunicando con nosotros? “porque ninguna cosa es imposible para Dios”. (Lucas 1:37). Los <a href="http://creenciasmormonas.com/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a> creen en un Dios que puede hacer cualquier cosa que Él diga que hará. Ellos saben que a medida que ellos continúen orando y desarrollando su relación con Dios, Él los ayudará a reconocer cómo Él se comunica con ellos, y mejorando su capacidad para reconocer las respuestas a la oración.</p>
<p>A medida que los mormones ?y todos los que tienen fe en Dios y en Jesucristo? mejoran la calidad de sus oraciones y su capacidad para recibir respuestas, la luz en su interior crece, para que sin importan cuán oscuro esté el día o la situación de la vida, ellos estén rodeados de paz, gozo y verdad. Esta es la razón por la cual se llama a Jesús la luz del mundo: Su luz es la única fuente de gozo que Dios ha prometido que puede ser nuestra.</p>
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		<title>¿Qué creen los mormones sobre la caída de Adán?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:44:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las creencias mormonas tratan la caída de Adán de manera diferente que la mayoría de las religiones y sus enseñanzas acerca de Eva son aún mayores, una afirmación de que Dios valora la sabiduría y las contribuciones espirituales de las mujeres. La Caída de Adán se refiere al tiempo en que Adán y Eva vivían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las creencias mormonas tratan la caída de Adán de manera diferente que la mayoría de las religiones y sus enseñanzas acerca de Eva son aún mayores, una afirmación de que Dios valora la sabiduría y las contribuciones espirituales de las mujeres.</p>
<p>La Caída de Adán se refiere al tiempo en que Adán y Eva vivían en el Jardín de Edén. Dios les dijo que <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-and-Eve-teaching-their-children.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-and-Eve-teaching-their-children.jpg" alt="" title="Adam and Eve teaching their children" width="154" height="154" class="alignright size-full wp-image-670" /></a>podían comer de cualquier árbol en el jardín, excepto de uno, el árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, les recordó que tenían agencia y podían decidir por sí mismos, pero debían recordar que morirían si comían de él. Finalmente, optaron por comer de ese árbol y fueron expulsados del jardín al mundo de los mortales. La muerte fue posible y sus cuerpos fueron mortales. Tenían que empezar a trabajar por las cosas que necesitaban. A esto se le conoce como la caída de Adam. Muchos ven este evento como una gran tragedia que causó que todos los que vinimos después tengamos que enfrentar dificultades y pruebas. Sin embargo, <a href="http://www.laiglesiamormona.org/" class="internal_link_tool_los mormones">los mormones</a> entienden que Adán y Eva actuaron con gran sabiduría al hacer su elección. Mientras estaban en el Jardín, sus cuerpos no eran mortales y no podían tener hijos. Por esa razón, de haber elegido egoístamente seguir viviendo una vida de tranquilidad en el Jardín, ninguno de nosotros podría haber nacido.<span id="more-671"></span></p>
<p>Los <a href="http://creenciasmormonas.com/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a> creen que nuestros espíritus fueron creados por Dios y que vivieron con él durante un tiempo en el Cielo antes de la formación de la tierra. Si nuestros primeros padres no dejaban el jardín, todos estos espíritus hubieran estado atrapados, incapaces de avanzar. Las creencias mormonas dicen que la mortalidad es la pieza central de nuestra existencia, con vida premortal antes de ésta y nuestras vidas después de la muerte después de ésta. La mortalidad nos fue dada como un tiempo para ser probados, para tener familias y tener experiencias que nos permitan algún día regresar a la presencia de Dios, si vivimos el Evangelio. El Jardín fue un excelente lugar de transición para Adán y Eva mientras se preparaban para la experiencia completa de la mortalidad. Fue, en cierto sentido, su infancia, pero no podemos ser niños para siempre y convertirnos en lo que somos capaces de ser.</p>
<p>Los mormones creen que Adán y Eva estaban preparados para esta experiencia antes de sus creaciones y estaban bajo la tutela de Dios en el Jardín. Cuando la serpiente se le acercó a Eva, ésta esperaba arruinar el plan de Dios, pero en realidad ayudó a continuarlo. Las Escrituras no dicen que Eva tomó una decisión inmediata y por eso puede haber pasado un tiempo pensándolo. Ella comprendió que su llamado divino era la maternidad &#8211; Adán la llamó Eva, que significa madre de todos los vivos. Ella comprendió que tenía que abandonar el Jardín y experimentar sufrimiento para cumplir esa función. El anhelo de la maternidad es un don dado a la mujer y le fue dado a Eva.</p>
<p>Los mormones creen que Eva fue valiente y generosa en su decisión de renunciar a los placeres del jardín para que el resto de nosotros venga a la tierra a vivir. Adán honró su elección y siguió su ejemplo, sabiendo que era lo correcto.</p>
<p>Además de ser capaces de formar una familia, dejar el Jardín les permitió cumplir con las otras responsabilidades de la mortalidad. Sin pruebas, no podían aprender todo lo que necesitaban saber. Ellos necesitaban experimentar la gama de emociones con el fin de apreciar las buenas emociones. Tenían que estar enfermos para apreciar la salud.</p>
<p>El Libro de Mormón resume como los mormones ven la caída de Adán:</p>
<blockquote><p>22 Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.<br />
  23 Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.<br />
  24 Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.<br />
  25 Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.<br />
  26 Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado (2 Nefi 2:22-26 en el Libro de Mormón).
</p></blockquote>
<p>La caída fue una parte planeada y esencial de nuestro plan eterno, aunque Adán y Eva tuvieron un control completo sobre si iba a ocurrir o no, porque ellos, como nosotros, tenían albedrío. Dios, que es cariñoso y bondadoso, preparó un Salvador para venir a redimirnos de los efectos de la caída, para que podamos ser salvados y regresar a la presencia de Dios. La expiación cubre la transgresión de Adán y Eva.</p>
<p>Eva es honrada como una heroína por su papel en la Caída, y a las mujeres mormonas se les enseña que ella representa nuestra responsabilidad personal para con nuestra propia comprensión espiritual y liderazgo. Las mujeres son consideradas igualmente capaces de comprender la compleja doctrina y de tomar sus propias decisiones espirituales y se les enseña a estudiar las Escrituras por si mismas, en lugar de confiar en sus padres y esposos para interpretar las Escrituras por ellas. Además, las mujeres están invitadas a hablar y predicar en la iglesia, incluso en las conferencias internacionales y a los hombres se les enseña a escuchar a su consejo.</p>
<blockquote><p>Neal A. Maxwell, un antiguo apóstol, dijo, “los matrimonios mormones no deben ser matrimonios en los que los hombres son los teólogos y las mujeres son las cristianas, debemos avanzar juntos, para que los hombres finalmente no puedan ir donde sea que importe sin las mujeres.&#8221; (Véase Neal A. Maxwell: ¿Por qué debes seguir adelante?, Compañía de Libros Deseret, Ciudad de Lago Salado, Utah, 1977)</p></blockquote>
<p>Los mormones no enseñan la doctrina del pecado original. Ellos enseñan que somos castigados sólo por nuestros propios pecados, y no por los de alguien más, incluyendo las transgresiones de Adán y Eva. Si bien hubo consecuencias generacionales que nos han transmitido, no se nos considera responsables de sus elecciones. Por ello, los mormones enseñan que los niños pequeños no necesitan el bautismo. Están libres de pecado hasta que alcancen la edad de responsabilidad, que es a los ocho años de edad.</p>
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		<title>Jesucristo y la Resurrección</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:22:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones, enseña que después de la muerte del Salvador y de Sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio para administrar la Iglesia de Dios fue retirada de la tierra. La gente no estaba de acuerdo con el significado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones, enseña que después de la muerte del Salvador y de Sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio para administrar la Iglesia de Dios fue retirada de la tierra. </p>
<p>La gente no estaba de acuerdo con el significado de las escrituras y con las enseñanzas de Jesús.  Como resultado de lo anterior, comenzaron a aparecer en toda la tierra miles de iglesias cristianas que enseñaban doctrinas opuestas.  Aunque se continuó enseñando el cristianismo y se difundió su doctrina básica, aquella de la divinidad del Salvador, cada iglesia tenía su propia versión de cristianismo.  Muchas de las doctrinas eran fundamentales para la salvación, y así, al acercarse los últimos días antes de la segunda venida de Cristo, era importante que la verdad sea totalmente restaurada. <span id="more-660"></span></p>
<p>Fue en la preparación para este momento eternamente significativo que un jovencito de catorce años de edad llamado José Smith se interesó en la religión.  La zona en que vivía estaba en medio de un fervor religioso.  Acontecía en ese entonces un renacimiento religioso y muchas personas estaban decidiendo a qué iglesia unirse.  La familia de José participó en este movimiento, y José también quería elegir una iglesia.  Sin embargo, sus visitas a diversas iglesias y el renacimiento lo dejaban confundido.  Nadie podía explicarle cómo saber cuál de las enseñanzas opuestas que había escuchado en las diversas iglesias estaba en lo cierto.  Él sabía que no podían ser verdaderas.  Dios no es Dios de confusión.  Si una enseñanza doctrinal era esencial para la salvación, sólo podía haber una respuesta.<br />
Empezó a leer la Biblia, buscando sus propias respuestas.  Allí, encontró Santiago 1:5, un libro que al parecer ha sido escrito por el hermano de Jesucristo.  José leyó lo siguiente: </p>
<blockquote><p>Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Santiago 1:5).
</p></blockquote>
<p>Mientras José pensaba en este verso, se dio cuenta de que era la mejor solución a su problema.  Los hombres le proporcionaban información contradictoria, pero Dios sabía lo que era cierto.  Confió en este consejo y partió hacia el bosque a rezar, la primera vez que iba a rezar en voz alta.  Su oración fue respondida, tal como lo había prometido el Señor, pero de una manera que no pudo haber sido prevista.  Esta oración fue el momento elegido por Dios para dar el primer paso hacia la restauración.  Al igual que muchos otros profetas bíblicos, este joven tuvo una poderosa experiencia espiritual a fin de prepararse para los eventos venideros.  Dios y Jesucristo se aparecieron ante José.  Dios presentó al Salvador, quien entonces le dio instrucciones de no unirse a ninguna de las iglesias, porque el evangelio completo aún no estaba en la tierra. </p>
<p>Algunos años antes del inicio de la restauración, José Smith creció y maduró.  Después, José recibió la tutela de un ángel llamado Moroni, quien le enseñó los primeros principios importantes del evangelio y también le ayudó a desarrollar la madurez para hacer frente a los desafíos del futuro. </p>
<p>El Evangelio restaurado es el evangelio de Jesucristo, tal como lo enseñó cuando Él vivía en la tierra.  Él es la cabeza de la iglesia restaurada y la guía cada día.  Los mormones tienen un profeta que dirige la Iglesia en la tierra, pero el profeta es guiado por el Salvador y no puede hacer nada por sí mismo.  Él no puede inventar doctrinas o poner la verdad a votación.  No se le permite &#8220;seguir el ritmo de los tiempos&#8221;, modificando la doctrina a fin de hacer que la iglesia sea más popular en la sociedad.  Sólo el Salvador decide lo que es verdad y en consecuencia Él dirige el liderazgo de la iglesia.<br />
Hay muchos artículos en la prensa que aconsejan a la Iglesia a realizar cambios en su doctrina con el objetivo de ser más aceptada en un mundo cambiante.  Sin embargo, esto sugiere que tenemos que aconsejar a Dios, en lugar de tomar nuestro consejo de Dios.<br />
Russell M. Nelson, un apóstol del Señor en los tiempos modernos, enseñó:</p>
<blockquote><p>Otro principio inmutable es la ley divina o moral.  La transgresión de la ley moral trae consigo un castigo; la obediencia a ella trae bendiciones “inalterables e inmutables” (D. y C. 104:2).  Las bendiciones siempre se basan en la obediencia a la ley. 39  Así que la Iglesia nos enseña a aceptar lo correcto y a renunciar al mal – para que podamos tener gozo. 40 </p>
<p>El Salvador y Sus siervos 41 no hablan palabras de complacencia, sino enseñan lo que las personas necesitan saber.  La historia da fe a través de los siglos que los críticos contemporáneos han presionado a los líderes de la Iglesia para modificar un decreto del Señor. 42  Pero esa ley es eterna, y no puede ser alterada.  Ni siquiera por su Amado Hijo Dios puede cambiar la ley que exigía la Expiación.  Las doctrinas divinas no pueden ser reducidas a moldes compactos para que vayan de acuerdo a los patrones de la moda actual.  Ni tampoco pueden ser plenamente expresadas en una calcomanía (Russell M. Nelson, “La constancia en medio de Cambio”, Ensign, noviembre 1993, pág. 33). </p></blockquote>
<p>Es reconfortante para aquellos que han encontrado la fuente de la verdad el saber que la verdad es inmutable.  En un mundo donde todo cambia en momentos, algunas cosas nunca cambian.  Siempre podemos depender de la verdad de Dios.  Las prácticas pueden cambiar, pero los principios de la verdad, no.</p>
<p>El Salvador es la cabeza del Evangelio restaurado.  Cualquier persona  puede hacer lo que José Smith hizo y volverse a Dios para buscar consejo concerniente a qué iglesia unirse.  Esta no es una oportunidad reservada a los profetas futuros, sino algo que cada persona puede hacer.  Las personas que conocen a los <a href="http://www.religionmormona.com" class="internal_link_tool_misioneros mormones">misioneros mormones</a> aprenden que antes del bautismo, deben preguntarle a Dios si esta es la iglesia verdadera, para que sepan por sí mismos, en lugar de basarse en el testimonio de los hombres.  Aquellos que honestamente lo hacen son capaces de desarrollar un testimonio inquebrantable ya que recibieron su conocimiento personal de Dios y de Jesucristo.</p>
<p>Aunque la mayoría de personas no recibirá una visita personal de Dios, ya que no están preparados para restaurar el Evangelio, recibirá un conocimiento de la verdad en sus corazones.  Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, Él enseñó que la oración era una parte esencial de la vida espiritual.  Es igualmente indispensable hoy en día, y dado que Dios nos ha prometido sabiduría si le pedimos, según lo registrado por Santiago en el Nuevo Testamento, Él nos dará la respuesta en una forma que podamos reconocer como Suya, pero debemos tener paciencia y llegar a Él con plena fe. </p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte III – En memoria</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La noche anterior a la crucifixión del Cordero de Dios por los pecados del mundo y horas antes de que Él sea entregado, el Señor Jesús estaba sentado con sus apóstoles en un “gran aposento alto” (Marcos 14:15). Fue aquí que él instituyó por primera vez el sacramento: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La noche anterior a la crucifixión del <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/The-Last-Supper-300x190.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/The-Last-Supper-300x190.jpg" alt="" width="300" height="190" class="alignleft size-full wp-image-656" /></a>Cordero de Dios por los pecados del mundo y horas antes de que Él sea entregado, el Señor Jesús estaba sentado con sus apóstoles en un “gran aposento alto” (Marcos 14:15).  Fue aquí que él instituyó por primera vez el sacramento: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26).  Luego Él dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24).  Entonces, “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1 Corintios 11: 25).  Así, el propósito del sacramento de la Cena del Señor es para mirar atrás y recordar a Jesús el Cristo y lo que Él ha hecho por cada uno de nosotros.  Todo señala “a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14).  Los sacrificios de sangre miran hacia adelante; el sacramento de la Cena del Señor mira hacia atrás, y el acto central – la expiación de Jesucristo – está justo en el centro – en el meridiano del tiempo. <span id="more-655"></span></p>
<p>En los dos artículos anteriores sobre la ley del sacrificio, hemos hablado de cómo se utilizó  antiguamente la ley para enseñar a los hijos de Dios a esperar ese “gran y postrer sacrificio”.  Con el postrer sacrificio del Salvador, terminó la ley de Moisés.  La ley de Moisés; sin embargo, “no es lo mismo que la ley de sacrificio” (M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15).  El Salvador dijo después de su resurrección de entre los muertos, “Y vosotros ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre;… [[pero]  me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:19-20).  Por lo tanto, lo que sacrificamos ha cambiado, eso que sacrificamos, y las razones del por qué lo sacrificamos siguen siendo las mismas.</p>
<p>La palabra sacrificio significa hacer santo.  También significa “rendirse o renunciar a (algo) para la consecución de alguna ventaja mayor u objeto más preciado” (Diccionario de Inglés Oxford, “Sacrificio”).  O, como el apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Bruce R. McConkie dijo, “El sacrificio incluye el renunciamiento a las cosas de este mundo por las promesas de las bendiciones a ser alcanzadas en un mundo mejor” (Doctrina Mormona 2ª ed. “Sacrificio”, Bookcraft: 1966). </p>
<p>Pero, ¿qué es un corazón quebrantado y un espíritu contrito?  Un corazón quebrantado es lo contrario de un corazón duro.  La imagen de un corazón duro se usa en las Escrituras para denotar el orgullo.  Por lo tanto, una persona con un corazón quebrantado es humilde.  La palabra contrito significa arrepentido.  Una persona con un espíritu contrito tiene conciencia de su culpabilidad.  Esta persona recuerda las cosas que él o ella ha hecho mal, pero debido a que la persona está arrepentida, él o ella se esfuerza por cambiar y ser mejor que antes.  Esta persona sabe que a través de la expiación de Jesucristo, él o ella puede superar todos los obstáculos. </p>
<p>El hecho de tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito por lo tanto significa que estamos dispuestos a someternos a Dios.  Estamos dispuestos a someternos a Dios tal como Cristo estaba dispuesto someterse a Su padre.  El Salvador dijo: “Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas” (3 Nefi 27:14). </p>
<p>Dios nos ama.  Él quiere que vengamos a Él.  La ley de sacrificio nos prueba y nos ayuda a venir a Cristo (M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 10.).  Otro apóstol de la Iglesia, Russell M. Nelson, ha enseñado: “Nuestro mayor sentido de sacrificio se consigue como nos hacemos más sagrado o santo.  Esto lo hacemos por nuestra obediencia a los mandamientos de Dios” (“Lecciones que aprendemos de Eva”, Liahona, enero de 1988, pág. 85).  Por lo tanto, “el sacrificio cambió de la ofrenda al oferente” (M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15). </p>
<p>El sacrificio es por lo tanto una bendición maravillosa.  José Smith dijo: “Una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca tiene el poder suficiente con el cual producir la fe necesaria para llevarnos a vida y salvación” (Lectures on Faith 6:7).  En otras palabras, el sacrificio nos da la fe, y con la fe podemos recibir la salvación.  No siempre es fácil renunciar a algo que queremos, sobre todo cuando no podemos ver realmente los resultados finales.  Pero doy fe de que al final vale la pena.  A veces tenemos que dar unos pasos en la oscuridad para que la luz se encienda y vaya delante de nosotros.  Eso es la fe. Y el sacrificio tiene fe. </p>
<p>Termino con una de mis citas favoritas sobre la ley de sacrificio: “El verdadero sacrificio personal no ha consistido nunca en poner un animal sobre el altar, sino en la disposición de poner en el altar el animal que está dentro de nosotros y dejar que se consuma” (Neal A. Maxwell, “‘Absteneos de toda impiedad’”, Liahona, julio de 1995, pág. 78).</p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte II – Un gran y postrer sacrificio</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:13:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El sacrificio expiatorio de Jesucristo “abarca, sostiene, apoya y da vida y fuerza a todas las otras doctrinas del evangelio.  Es la base sobre la cual descansa toda la verdad, y todas las cosas crecen de ella y vienen por causa de ella”.1  “La maravillosa y gloriosa Expiación fue el acto central en toda la historia de la humanidad”.2  Debido a estas declaraciones, todas las cosas también señalan a Cristo y Su expiación.  Aquellos que vivieron antes de Cristo esperaron Su llegada y Su sacrificio infinito y eterno.  Los que viven después de Cristo miran en el pasado el más grande de todos los acontecimientos y “recuerdan lo que se ha hecho”.3</p>
<p>Hubo muchas diferentes maneras en que los sacrificios de sangre realizados antes de Cristo constituían tipos y sombras del grande y postrer sacrificio.  Tenga en cuenta algunos de los detalles:</p>
<blockquote><p>
En primer lugar, al igual que Cristo, el animal era escogido y ungido mediante la imposición de manos. (Tanto el título hebreo Mesías como el griego Cristo significan “el<br />
Ungido”).  Segundo, se debía derramar la sangre del animal.  Tercero, tenía que ser un animal sin defecto alguno, totalmente libre de imperfecciones físicas, completo, sano, perfecto.  Cuarto, el animal a sacrificar debía estar limpio y ser puro.  Quinto, el animal tenía que ser doméstico, es decir, no podía ser salvaje, sino manso y de utilidad para el hombre (véase Levítico 1:2–3, 10; 22:21).  Sexto y séptimo, en el sacrificio original practicado por Adán, y el más común de los de la ley de Moisés, el animal tenía que ser un primogénito y macho (véase Éxodo 12:5; Levítico 1:3; 22:18–25).  Octavo, el sacrificio de grano tenía que ser molido en harina y preparado en panecillos, lo cual nos recuerda el título del Señor como Pan de Vida (véase Juan 6:48).  Noveno, las primicias que se ofrecían nos recuerdan que Cristo fue las primicias de la Resurrección (véase 1 Corintios 15:20). 4 </p></blockquote>
<p><span id="more-652"></span></p>
<p>Unos 74 años antes de Cristo, el profeta Amulek escribió acerca de cómo el sacrificio de Cristo finalmente terminaría con los sacrificios de sangre:</p>
<blockquote><p>
Porque es preciso que haya un gran y postrer sacrificio; sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un sacrificio infinito y eterno…</p>
<p>Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno (Alma 34:10.14).</p></blockquote>
<p>Nueve años antes de esto, el profeta Alma también testificó de Cristo, </p>
<blockquote><p>Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo. </p>
<p>Y tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos (Alma 7:11-12). </p></blockquote>
<p>El Salvador de todo el género humano vino y cumplió la ley.  Él es el gran y postrer sacrificio.  El dolor que Él padeció fue “tan duro de llevar” que no podemos comprenderlo, y Su sufrimiento fue tan grande que Él – Dios, el mayor de todos – tembló a causa del dolor, sangró por cada poro, y padeció tanto en el cuerpo como en el espíritu (Véase Doctrina y Convenios 19:18). </p>
<p>Con Su muerte, la ley de Moisés se cumplió.  Sin embargo, la ley de Moisés no es exactamente lo mismo que la ley de sacrificio.5  Nosotros aún mantenemos la ley de sacrificio.  El Salvador enseñó en relación con el cumplimiento de la ley y lo que debemos sacrificar en la actualidad:</p>
<blockquote><p>Y vosotros ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre; sí, vuestros sacrificios y vuestros holocaustos cesarán, porque no aceptaré ninguno de vuestros sacrificios ni vuestros holocaustos. </p>
<p>Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito.  Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo (3 Nefi 9:19-20)</p></blockquote>
<p>A menudo se cita Malaquías 3:8-10 para motivarnos s pagar nuestros diezmos y ofrendas.  ¿Robará el hombre a Dios?. El registro dice:</p>
<blockquote><p>Pues vosotros me habéis robado.  Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?  En vuestros diezmos y ofrendas. </p>
<p>Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.</p>
<p>Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde (Malaquías 3:8-10).</p></blockquote>
<p>Debido a que una de las ofrendas que vamos a dar al Señor es “un corazón quebrantado y un espíritu contrito”, se aplica el mismo principio de las bendiciones.  Yo testifico que cuando nosotros ofrezcamos al Señor un corazón quebrantado y un espíritu contrito, Él derramará sobre nosotros una bendición que es tan grande y no habrá espacio suficiente para recibirla.  Nuestras bendiciones llegarán a desbordar, incluso tanto que los que nos rodean también recibirán bendiciones.</p>
<p>Sin embargo, no importa cuán contrito esté nuestro espíritu o cuán quebrantado nuestro corazón, nuestro sacrificio no es nada comparado a lo que ocurrió en el meridiano de tiempo.  De hecho, hay una ofrenda que derrama una bendición tan grande a todo el género humano, que nadie puede incluso comenzar a comprender la grandeza de la misma.  Esta ofrenda es tan grande que tiene el poder de bendecir – y salvar a toda la humanidad – “sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres” (2 Nefi 26:33).</p>
<p>En conclusión, lea otro testimonio de otro profeta en el Libro de Mormón – el rey Benjamín:</p>
<blockquote><p>He aquí, sufrirá tentaciones, y dolor en el cuerpo, hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir sin morir; pues he aquí, la sangre le brotará de cada poro, tan grande será su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo. </p>
<p>Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María.</p>
<p>He aquí, él viene a los suyos, para que la salvación llegue a los hijos de los hombres, mediante la fe en su nombre; y aun después de todo esto, lo considerarán como hombre, y dirán que está endemoniado, y lo azotarán, y lo crucificarán.</p>
<p>Y al tercer día resucitará de entre los muertos; y he aquí, se presenta para juzgar al mundo; y he aquí, todas estas cosas se hacen para que descienda un justo juicio sobre los hijos de los hombres. </p>
<p>Pues he aquí, y también su sangre  expía los pecados de aquellos que han caído por la transgresión de Adán, que han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por ignorancia (Mosíah 3:7-11) .
</p></blockquote>
<p>Por lo tanto, “Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso”.6 </p>
<p>Notas </p>
<p>1 Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, Salt Lake City: Bookcraft, 1966, pág. 294.<br />
2 Neal A. Maxwell, “Willing to Submit”, Ensign-revista SUD en inglés, mayo de 1985, pág. 70.<br />
3 Himnos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: Salt Lake City, 1980, pág. 185.<br />
4 M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15.<br />
5 Ibíd.<br />
6 José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, Intellectual Reserve: Salt Lake City, 2007, 52. </p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte I – Mirando adelante</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:04:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La expiación de Jesucristo es la doctrina central del cristianismo, y todas las demás doctrinas cristianas salen de ella y vienen por causa de ella.1 Estas otras doctrinas no solamente pueden conectarse nuevamente con el Salvador y Su sacrificio expiatorio, sino que si no lo están “no habrá vida, ni sustancia, ni redención de ellas”, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La expiación de Jesucristo es la doctrina central del cristianismo, y todas las demás doctrinas cristianas salen de ella y vienen por causa de ella.1  Estas otras doctrinas no solamente pueden conectarse nuevamente con el Salvador y Su sacrificio expiatorio, sino que si no lo están “no habrá vida, ni sustancia, ni redención de ellas”, para emplear una frase del Presidente Boyd K. Packer, un apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.2  Por lo tanto, no sólo es importante, sino también necesario que nos conectemos de nuevo con Jesucristo y Su sacrificio eterno cuando estudiemos cualquier doctrina, enseñanza o apéndice del Evangelio de Jesucristo.</p>
<p>Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén, se les ordenó “que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor” (Moisés 5:5).  Sin embargo, M. Russell Ballard, otro apóstol de la Iglesia, ha dicho que algunos se han preguntado, “¿Cómo puede semejante actividad tener algo que ver con el Evangelio de amor?”.3<span id="more-646"></span></p>
<p>Ballard continúa: </p>
<blockquote><p>Podemos comprender mejor la respuesta a [esta] pregunta cuando entendemos los dos propósitos principales de la ley de sacrificio, los cuales se aplicaron a Adán, a Abraham, a<br />
Moisés y a los apóstoles del Nuevo Testamento, y se aplican a nosotros hoy día cuando aceptamos y vivimos la ley de sacrificio.  [Los] dos propósitos principales [de la ley de sacrificio] son probarnos, demostrando así nuestra valía, y ayudarnos a venir a Cristo.4 </p></blockquote>
<p>A medida que leemos más sobre la obediencia de Adán y Eva a la ley de sacrificio, nos damos cuenta de la forma en que estos dos propósitos principales nos demuestran o prueban, y nos ayudan “a venir a Cristo”.</p>
<p>“Adán fue obediente a los mandamientos del Señor” (Moisés 5:5).  Ofreció las primicias de su rebaño.  Esto <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300.jpg" alt="" title="Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300" width="219" height="300" class="alignright size-full wp-image-647" /></a>no fue fácil, especialmente en una época en que uno vivía de su tierra y sus rebaños.  La primicia era una posesión muy valiosa.  Y si eso no es suficiente, Adán y Eva ni siquiera sabían por qué estaban ofreciendo sacrificios.  Además, el registro dice: “Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?  Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó” (Moisés 5:6). </p>
<p>Adán y Eva pasaron la prueba.</p>
<p>Al igual que a Adán y Eva, también a nosotros se nos pidió hacer sacrificios.  La mayoría de nosotros no tiene ninguna primicia a la cual renunciar (de todos modos aunque la tuviéramos, la ley ha cambiado después de que Jesucristo hizo el sacrificio supremo).  Sin embargo, sufrimos tribulaciones y se nos pone a prueba y, a veces, una persona “debe aprender a caminar unos pasos en la oscuridad y, entonces, se encenderá la luz y se le mostrará el camino”, tal como lo ha escrito Boyd K. Packer.5  Adán y Eva dieron unos pocos pasos en la oscuridad.  No sabían por qué tenían que hacer sacrificios, pero lo hicieron de todos modos.  Sin embargo, fíjese en, tal como el registro continúa, cómo Adán y Eva recibieron un testigo después de la prueba de su fe (véase Éter 12:6) y se les enseñó el segundo de los dos propósitos principales de la ley de sacrificio “ayudar a [los hijos de Dios] a venir a Cristo”. </p>
<p>El registro narra: </p>
<blockquote><p>Entonces el ángel le habló, diciendo: Este [sacrificio] es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia  y de verdad.  Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás (Moisés 5:7-8). </p></blockquote>
<p>Como Bruce R. McConkie, otro apóstol, ha escrito, “Para los pastores, cuyas vidas dependían de sus rebaños, no podía haber una similitud mejor que ésa”.6</p>
<p>La justa posteridad de Adán siguió ofreciendo sacrificios, hasta los hijos de Israel.  Sin embargo, </p>
<blockquote><p>Debido a la naturaleza rebelde de los hijos de Israel en los días de Moisés, se cambió la práctica de la ley, la que se convirtió en una ley estricta que requería la observancia diaria de rituales y ordenanzas.  Durante la época de Moisés, hubo una expansión en el número y en la variedad de las ofrendas de la ley de sacrificio.  Los sacrificios mosaicos consistían en cinco ofrendas principales divididas en dos categorías básicas: obligatorias y voluntarias&#8230;7
</p></blockquote>
<p>Además,</p>
<blockquote><p>Una cosa seguía siendo igual en todas esas ofrendas: todo lo relacionado con el sacrificio mosaico estaba centrado en Cristo.  Al igual que Él, el sacerdote actuaba como mediador entre el pueblo y su Dios.  Al igual que Cristo, el sacerdote debía tener el parentesco apropiado para poder oficiar, y el oferente, por medio de la obediencia, debía estar dispuesto a sacrificar lo que le requería la ley.8 </p></blockquote>
<p>Por lo tanto, el propósito de la ley de Moisés era persuadir a los hijos de Dios “a mirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida como si ya se hubiese verificado” (Jarom 1:11).  Alma, aproximadamente 74 años antes de Cristo, escribió que después del sacrificio supremo del Salvador la ley de Moisés (no la ley de sacrificio, porque estas dos no son exactamente la misma cosa) sería suprimida.  Él dijo: </p>
<blockquote><p><a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Greatest-of-All.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Greatest-of-All-225x300.jpg" alt="" title="Greatest of All" width="225" height="300" class="alignright size-medium wp-image-648" /></a>“De modo que es menester que haya un gran y postrer sacrificio; y entonces se pondrá, o será preciso que se ponga, fin al derramamiento de sangre; entonces quedará cumplida la ley de Moisés; sí, será totalmente cumplida, sin faltar ni una jota ni una tilde, y nada se habrá perdido. </p></blockquote>
<p>Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno.</p>
<p>Y así él trae la salvación a cuantos crean en su nombre; ya que es el propósito de este último sacrificio poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento”(Alma 34:13-15).</p>
<p>Dios nos ama.  Él “no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo” (2 Nefi 26:24).  Él entrega a Sus hijos las leyes y los mandamientos para que se centren en Cristo. Renunciar a lo que queremos a fin de conseguir algo mejor no es fácil.  El sacrificio nunca fue fácil.  Prueba nuestra fe y, como todas las demás doctrinas del Evangelio de Jesucristo, nos conecta nuevamente y nos lleva a estar más cerca del Salvador. </p>
<p>Si bien la ley de Moisés ha sido suprimida, la ley de sacrificio no lo fue.  Aquellos que vivieron antes de Cristo miraban adelante hacia Él, como si Él ya hubiera llegado.  Hoy, miramos hacia atrás con un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20)</p>
<p>De hecho, como Neal A. Maxwell, un apóstol de la Iglesia, ha dicho: “El verdadero sacrificio personal no ha consistido nunca en poner un animal sobre el altar, sino en la disposición de poner en el altar el animal que está dentro de nosotros y dejar que se consuma”.9 </p>
<p>Notas<br />
1 Véase Bruce R. McConkie, Doctrina mormona, 2 ª ed., “Expiación de Cristo”, Bookcraft: 1966, pág. 294; José Smith, Enseñanzas del profeta José Smith.  Seleccionado por Joseph Fielding Smith, Salt Lake City: Deseret Book 1938, pág.121.<br />
2 Boyd K. Packer, en Conference Report, abril de 1977, 80; o Liahona, julio de 1977, págs.55-56.<br />
3 M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 10<br />
4 Ibíd.<br />
5 Boyd K. Packer, “El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo – cosas claras y preciosas”, Liahona, mayo de 2005, págs. 6-9.<br />
6 Bruce R. McConkie, “A New Witness for the Articles of Faith”, Salt Lake City: Deseret Book, 1985, págs. 114-15.<br />
7 M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15<br />
8 Ibíd.<br />
9 Neal A. Maxwell, “Absteneos de toda impiedad”, Liahona, julio de 1995, pág. 78</p>
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		<title>¿Quién o qué es Dios?</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 06:52:03 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de decir algo más, quiero dejar en claro que la respuesta real a esa pregunta está más allá del alcance de este artículo; es más, está más allá del alcance de la mortalidad y todas las cosas temporales: porque “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Además, será un largo tiempo después de haber pasado por el velo antes de que se hayas aprendido [todos los principios de exaltación]. No todo es para ser comprendido en este mundo, será una gran trabajo aprender nuestra salvación y exaltación, incluso más allá de la tumba. (José Smith, Historia de la Iglesia, 6:306-7)</p>
<p><a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/in_his_light-208x300.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/in_his_light-208x300.jpg" alt="" title="in_his_light-208x300" width="208" height="300" class="alignleft size-full wp-image-635" /></a>Ahora estoy en condiciones de intentar una respuesta básica a la pregunta de arriba.<span id="more-634"></span></p>
<p>Una de las más profundas declaraciones que actuará como el comienzo de nuestra respuesta fue formulada por el profeta José Smith. Él dijo, “Es el primer principio del Evangelio conocer con certeza el carácter de Dios” (Enseñanzas del profeta José Smith, comp. José Fielding Smith. Salt Lake City: Libros Deseret. 1938. 345). Porque “carácter” significa tanto “atributos” y “naturaleza” (Cf. Gordon B. Hinckley. Fe: Esencia de la religión verdadera. Salt Lake City: Libros Deseret. 1989. 20-27.). Con el fin de conocer a Dios y así recibir la vida eterna, debemos aprender de sus atributos divinos y su naturaleza divina. Porque “el conocimiento de cosas divinas y espirituales es absolutamente esencial para la salvación” (Diccionario de la Biblia, “conocimiento”, véase también Romanos 10:14). Se ha escrito mucho en relación a los atributos divinos de Dios, por lo que en este artículo voy a intentar una breve explicación del otro significado de carácter, uno sobre el cual rara vez se habla &#8211; la naturaleza divina de Dios.</p>
<p>Ya dije que es el “primer principio del Evangelio conocer con certeza el carácter de Dios”. Además, “si los hombres y mujeres no comprenden el carácter de Dios, no se comprenden a sí mismos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith [Salt Lake City: Libros Deseret Co., 1938], p. 343). Esto se debe a que “todos los seres humanos –hombres y mujeres – son creados a imagen de Dios”- todos son un hijo o hija espiritual amados de padres celestiales y como tal, todos tienen una naturaleza divina y destino divino” (La familia: Una proclamación para el mundo. Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. 1995).</p>
<p>La razón por la que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios (Génesis 1:27) es porque “el Padre tiene un cuerpo de carne y hueso tangible como el del hombre, el Hijo también, pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y hueso, sino que es un personaje de Espíritu” (Doctrina y Convenios 130:22). Esta es la naturaleza corpórea básica de Dios Padre y su hijo Jesucristo. Dios Padre, su hijo Jesucristo el premortal Jehová y el Espíritu Santo son tres personajes separados y distintos. (Cf. Jeffery Holland. El único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él ha enviado. Salt Lake City: Libros Deseret. 2008. 208-214).</p>
<p>Para algunos puede ser extraño decir que Dios tiene un cuerpo tan tangible (o “posible de tocar y sentir”) como el del hombre. Jeffery R. Holland elocuentemente dijo:</p>
<blockquote><p>“Si la idea de un Dios encarnado es repugnante, ¿por qué lo son las doctrinas centrales y las características más singularmente distintivas de todo el cristianismo la Encarnación, la Expiación, y la Resurrección física del Señor Jesucristo? Si tener un cuerpo no sólo no es necesario, sino que no deseable por la Deidad, ¿por qué el Redentor de la humanidad redime Su cuerpo, redimiéndolo del asidero de la muerte y la tumba, garantizando que nunca más será separado de Su espíritu en el tiempo o la eternidad? Cualquiera que descarte el concepto de un Dios encarnado descarta tanto al Cristo mortal como al resucitado. Nadie que diga ser un verdadero cristiano querrá hacerlo” (Ibíd.).</p></blockquote>
<p>Es fácil llegar a la conclusión de que Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, tiene “un cuerpo de carne y hueso tan tangible como el del hombre” como Él mismo lo dijo (Cf. Lucas 24:39). Jesucristo resucitó y resucitar significa “la unión de un cuerpo espiritual con un cuerpo de carne y hueso, no ser dividido nunca más” (Diccionario de la Biblia, “Resurrección”) hubo muchos que tocaron las palmas de Sus manos, palparon las marcas de los clavos en sus pies e introdujeron sus manos en su costado (Cf. Juan 20:27, 3 Nefi 11:14-15).</p>
<p>También es fácil llegar a la conclusión que el Espíritu Santo “no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros” (Doctrina y Convenios 130:22) Por lo tanto su nombre es el Espíritu Santo.</p>
<p>Sin embargo, decir que Dios Padre tiene “un cuerpo de carne y hueso” es una seria afirmación, especialmente al considerar algunas declaraciones contradictorias encontradas en el Nuevo Testamento. Una de las más perplejas de estas declaraciones es dada por el mismo Salvador: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24)</p>
<p>A menudo este pasaje se toma fuera de contexto. En Juan capítulo cuatro, el Salvador estaba enseñando a la mujer de Samaria cómo servir. Él no le estaba dando un discurso sobre la naturaleza corpórea de su Padre o la falta de esta. Pero fuera de contexto o no, solo porque Dios es un Espíritu no significa que sólo sea un espíritu y nada más. Es más, el hombre es espíritu (Doctrina y Convenios 93:33) y Dios es por lo tanto un Espíritu en el mismo sentido que nosotros somos espíritus, un cuerpo espiritual cubierto con un cuerpo físico (Cf. Ether 3:9). Por último, la traducción común de este pasaje (Juan 4.24) es un error. Una versión más completa de éste fue dada al profeta José Smith en revelación y confirma que el Salvador estaba enseñando cómo servir. “Porque a los tales Dios ha prometido su Espíritu. Y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.26 TJS).</p>
<p>El cuerpo de Dios es, por supuesto, diferente al nuestro. Es inmortal, perfecto, glorificado y resucitado. Y debido a que Jesús el Cristo resucitó y rompió los lazos de la muerte, todos los que han vivido y vivirán en la tierra también resucitarán y recibirán sus cuerpos después que mueran, cuerpos que son inmortales, perfectos y glorificados. Los más fieles recibirán cuerpos celestiales. (Cf. 1 Corintios 15:22, 40-42)</p>
<p>Por lo tanto, “si los hombres no comprenden el carácter de Dios, no se comprenden a sí mismos”</p>
<p>José Smith dijo que “los principios fundamentales de nuestra religión son los testimonios de los Apóstoles y <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/joseph-229x300.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/joseph-229x300.jpg" alt="" title="joseph-229x300" width="229" height="300" class="alignright size-full wp-image-636" /></a>Profetas con respecto a Jesucristo, que murió, fue enterrado y se levantó el tercer día y ascendió a los cielos, y otras cosas que pertenecen a nuestra religión son sólo apéndices de ello”. Jesús el Cristo es central para todo. El es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Es  “por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (Doctrina y Convenios 76:24). Fue resucitado de la muerte y Él y su Padre no solo se aparecieron en sueños a  Esteban durante su martirio (Hechos 7:56) sino que también se aparecieron ante el joven José Smith a principios de la primavera de 1820. De Ellos, el profeta declara que vio dos Personajes, cuyo brillo y gloria desafían toda descripción… Uno de ellos me hablo, llamándome por mi nombre y dijo, señalando al otro: “Éste es mi amado Hijo. ¡Escúchalo! (Historia de José Smith 1:17)</p>
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		<title>¿Por qué Jesús es llamado el Hijo de Dios?</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 05:52:06 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces, algunas de las preguntas más simples son también algunas de las más profundas. Este tipo de preguntas son, por lo tanto, algunas de los más difíciles de responder. “¿Por qué Jesús es llamado Hijo de Dios?” es una de estas preguntas, sencilla, profunda y difícil de responder. Pero, como uno de mis profesores de inglés me dijo el otro día, “Las preguntas difíciles son las únicas preguntas que realmente valen la pena formular”. En ese caso, ¿por qué Jesús es llamado Hijo de Dios?</p>
<p>En un sentido básico, la pregunta está estrechamente relacionada con la pregunta que el Espíritu del Señor hizo a Nefi: “¿Comprendes la condescendencia de Dios?&#8221; (1 Nefi 11:16). Tenga en cuenta una definición de &#8220;condescender&#8221; que el Diccionario Oxford de Inglés le da a la palabra: “apartarse de los privilegios de la superioridad por una sumisión voluntaria; hundirse voluntariamente a la igualdad de condiciones con inferiores”. Siento que puedo utilizar la respuesta de Nefi a la pregunta del Espíritu como mi respuesta, “sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:16-17).<span id="more-630"></span></p>
<p>Lo que dice el registro a continuación es una respuesta básica a la pregunta. </p>
<p>“Y [el Espiritu] le dijo a [Nefi]: He aquí, la virgen que tú ves es la madre del Hijo de Dios, según la carne.<br />
Y aconteció que vi que fue llevada en el Espíritu; y después que hubo sido llevada en el Espíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!<br />
Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos.<br />
 Y el ángel me dijo: ¡He aquí, el Cordero de Dios, sí, el Hijo del Padre Eterno! ¿Comprendes el significado del árbol que tu padre vio?” (1 Nefi 11:18-21).</p>
<p>James E. Talmage, un erudito bíblico, escribió sobre el nacimiento del Señor y qué significa que Jesús sea el Hijo de Dios:</p>
<p>“Ese Hijo que nació de María fue engendrado por Elohim, el Padre Eterno, no contraviniendo las leyes naturales, sino de acuerdo con una manifestación superior de las mismas; y el Hijo de esa asociación de santidad suprema— Paternidad celestial y maternidad pura aunque terrenal—habría de llamarse con toda propiedad el &#8220;Hijo del Altísimo&#8221;. En su naturaleza habrían de combinarse las potencias de la Divinidad, y la capacidad y posibilidades del estado mortal; y esto de acuerdo con la operación normal de la ley fundamental de herencia—declarada por Dios, demostrada por la ciencia y admitida por la filosofía— de que los seres vivientes se han de propagar según su especie. El Niño Jesús habría de heredar los rasgos físicos, mentales y espirituales, las tendencias y poderes que distinguían a sus padres: uno inmortal y glorificado, a saber, Dios; el otro humano, una mujer”. (Jesús el Cristo. Libros Deseret: Salt Lake City, 1990.77)</p>
<p>Cuando se habla de un hijo, nos referimos a un hijo varón de un padre y una madre. Llamar a Jesucristo el Hijo de Dios está estrechamente relacionado con llamar a Jesús el Primogénito. Además, ser llamado primogénito implica un heredero y la herencia “del liderazgo de la familia. . . A menudo en las Escrituras se habla de esto como derecho de nacimiento” (Diccionario de la Biblia: Primogénito). Ya que Jesús es el Hijo de Dios y el Primogénito, él es, por  lo tanto, heredero de “todo. . . lo que tiene el Padre” (Juan 16:15). Además, Él  “es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, [y] el Unigénito del Padre en la carne” (Diccionario de la Biblia: Primogénito).    </p>
<p>La segunda de estas dos últimas oraciones del Diccionario de la Biblia, que Jesús es el “Unigénito del Padre en la carne”, reitera lo que el Espíritu dice a Nefi, que María es “la madre del Hijo de Dios, según la carne” (1 Nefi 11:18). La frase “según la carne” es interesante. Se especifica que María es la madre mortal de Jesús. Sin embargo, especificando, la frase alude a la existencia de una vida antes de que Jesús recibiera un cuerpo físico. “Nosotros no estamos pensando en el nacimiento virginal”, dijo C.S. Lewis, “Estamos pensando en algo que ocurrió antes que la Naturaleza fuera creada. . . &#8216;Antes de todos los mundos&#8217; Cristo fue engendrado” (Lewis, 157). Se trata esencialmente de una reformulación de la primera afirmación del Diccionario de la Biblia, que Jesús “es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial”. </p>
<p>Pero debido a la definición de “hijo” que se ha definido anteriormente, que un hijo es un hijo varón de un padre y una madre hay otro corolario. La definición de “hijo” significa que durante la Vida Premortal, “antes que la Naturaleza fuera creada”, Jesús, “el primogénito de los hijos espirituales”, debe tener una Madre Celestial, así como un Padre Celestial. Eliza R. Snow, una vez escribió:</p>
<p>Antes te llamaba Padre,<br />
sin saber por qué lo fue,<br />
Mas la luz del evangelio<br />
aclaróme el por qué.<br />
¿Hay en los cielos padres solos?<br />
Clara la verdad está;<br />
La verdad eterna muestra:<br />
madre hay también allá. (Himnos 187)</p>
<p>Para algunos, todo esto será difícil de comprender. Pero, “no hay bien en quejarse de que estas declaraciones son difíciles. El cristianismo alega estar hablándonos de otro mundo, acerca de algo antes del mundo que podemos tocar, oír y ver. Usted puede pensar que la afirmación es falsa, pero si fuera verdadera, lo que nos dice tendría que ser difícil, al menos tan difícil como la física moderna, y por la misma razón” (Lewis, Mero cristianismo 156).</p>
<p>Sin embargo, sólo porque estas declaraciones sean difíciles no significa que sean imposibles de comprender con el estudio y la fe. “Porque todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27).</p>
<p>Sé que no me he acercado a la descripción de todas las maneras (o incluso a una manera) en que Jesús es el Hijo de Dios, pero espero que esta explicación básica invitará al lector a estudiar más profundamente la vida del Salvador  y el “gran&#8230; plan de nuestro Dios” (2 Nefi 9:13).</p>
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		<title>¿Por qué se llama a Jesús el Cordero de Dios?</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 05:47:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Porque los títulos que se le da a Jesús son simbólicos, se pueden analizar para obtener una mejor apreciación de ellos y para aprender quién es en verdad Él. Uno de los títulos de Jesucristo que tiene un nivel profundo de simbolismo es cuando lo llaman “el Cordero de Dios”. Intentaré dar una explicación simple [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Porque los títulos que se le da a Jesús son simbólicos, se pueden analizar para obtener una mejor apreciación de ellos y para aprender quién es en verdad Él. Uno de los títulos de Jesucristo que tiene un nivel profundo de simbolismo es cuando lo llaman “el Cordero de Dios”. Intentaré dar una explicación simple de lo que significa este título, y por qué entre todas las criaturas se eligió a un cordero para representar al Salvador.</p>
<p>Mucho antes de que el Cordero de Dios naciera en Belén, Isaías comparó al Salvador, de todos los hombres y mujeres, con un cordero cuando escribió: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7). Por lo tanto, el cordero es un símbolo de sumisión, humildad y disposición para someterse a la voluntad del amo. Es verdad que Jesús es todo esto (humilde, dispuesto a someterse ante el Padre) pero el nivel de simbolismo es mucho más profundo que esto.<span id="more-628"></span></p>
<p>Pero antes de dar una explicación más amplia sobre porqué a Jesús se le llama el Cordero de Dios, debemos analizar por un momento la Ley de sacrificio, un rito de adoración que se ha practicado como parte de la alabanza desde los días de Adán y Eva. El comprender la Ley de sacrificio nos dará un punto de inicio para el simbolismo más profundo de porqué se le llama a Jesús el Cordero de Dios.</p>
<p>El Diccionario de la Biblia dice que: “Poco después de la expulsión de Adán y Eva del Jardín de Edén, el Señor les dio la ley de sacrificios, que consistía en la ofrenda de las primicias de sus rebaños, a semejanza del sacrificio futuro del Unigénito de Dios” (Diccionario de la Biblia: Sacrificios). Por lo tanto, la ley señaló a los hombres y a las mujeres “ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14).</p>
<p>En la ley mosaica se lee que los sacrificios deben ser de “un macho sin defecto” (Levítico 1:3), las primicias o primogénitos del propio rebaño (Números 18:17), y sin tener ningún hueso quebrado (Éxodo 12:46). Los corderos de este tipo eran pertenencias de gran valor y tenían que ofrecerse de manera voluntaria. Después de que se sacrificó al cordero pascual, se lo “comieron&#8230; con pan sin levadura y hierbas amargas” (Diccionario de la Biblia: Fiestas). Todo lo que sobró se quemó.</p>
<p>Esto es lo que sucedía cuando se sacrificaban corderos durante la Pésaj, una fiesta de los judíos que se “instituyó para conmemorar el pasar de largo sobre las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando Dios castigó a los primogénitos de los egipcios” y la “salvación de Israel de Egipto” (Diccionario de la Biblia: Fiestas). Este sacrificio del cordero en la fiesta del Pésaj es conocida como el “cordero pascual”.</p>
<p>James E. Talmage dijo, uniendo las piezas del rompecabezas:</p>
<blockquote><p>“El cordero pascual, a quien se le da muerte por cada hogar israelita en la fiesta anual recurrente del Pésaj, era un tipo particular del Cordero de Dios a quien en su debido momento se le daría muerte por los pecados del mundo. La crucifixión de Cristo se llevo acabo por la época de la Pascua; y la consumación del Sacrificio supremo, de los cuales los corderos pascuales han sido prototipos menores, hizo que el apóstol Pablo afirme, tiempo después, lo siguiente: ‘porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros’” (Jesús el Cristo. Ciudad del Lago Salado: Deseret, 1922. 46-47).</p></blockquote>
<p>Además,</p>
<blockquote><p>“Si ‘la preparación de la pascua’ (Juan 19:14) del viernes, día de la crucifixión de Cristo, significa la matanza de los corderos pascuales, nuestro Señor, el verdadero sacrificio del cual todas las primeras víctimas de altar han sido sólo prototipos, murió en la cruz mientras que se daba muerte a los corderos pascuales en el templo” (Ibídem. 620).</p></blockquote>
<p>Por lo tanto, Abraham dijo de una manera profética, cuando se preparaba para sacrificar a su único hijo: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (Génesis 22:8).</p>
<p>Jesucristo es el Cordero de Dios. Él es varón, no tiene pecados ni imperfecciones. Ninguno de sus huesos estaban quebrados (Juan 19:36). El era el Primogénito. Él es sumiso, humilde y dispuesto a someterse a la voluntad de su Padre. Él es nuestra Pascua (1 Corintios 5:7).</p>
<p>Mientras que todos los sacrificios, incluida la Pascua, ayudaron a la antigua Israel a esperar el suceso más grande que alguna vez haya ocurrido en la tierra, el Sacramento de la Cena del Señor nos ayuda a recordar ese mismo suceso. De manera simbólica, comemos Su carne y bebemos Su sangre como una muestra del recuerdo de ese suceso trascendental (Mateo 26:26-28). De esta manera, la ley antigua se ha eliminado y se ha reemplazado con una nueva.</p>
<blockquote><p>“Porque es preciso que haya un gran y postrer sacrificio; sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un sacrificio infinito y eterno” (Alma 34:10).</p></blockquote>
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		<title>¿Por qué Jesús es llamado el Hijo de David?</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 05:43:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En el primer versículo del primer evangelio, tal como aparece en nuestro Nuevo Testamento, Mateo llama a Jesucristo “el hijo de David” como si fuera un tipo de introducción a la genealogía que está a punto de escribir, y talvez, una introducción al testimonio completo de Mateo del Salvador. Siguiendo esta introducción se encuentra la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el primer versículo del primer evangelio, tal como aparece en nuestro Nuevo Testamento, Mateo llama a Jesucristo “el hijo de David” como si fuera un tipo de introducción a la genealogía que está a punto de escribir, y talvez, una introducción al testimonio completo de Mateo del Salvador. Siguiendo esta introducción se encuentra la línea de ascendencia real de José, el esposo de María, hasta llegar a David, rey de Israel (cf. Mateo 1:1-16). Puesto que José es uno de los descendientes de David, también se le puede llamar hijo de David.</p>
<p>José trató a Jesús como si Él fuera su propio hijo, y aquellos que no sabían de Su origen divino asumían que Jesús era “el hijo de José” (Lucas 3:23) o “el Hijo del carpintero” (Mateo 13:55). Se puede decir entonces que Jesús es el hijo adoptivo de José. Sin embargo, José no era el Padre literal de Jesús. Tal como explicó James E. Talmage:<span id="more-625"></span></p>
<blockquote><p>“Ese Hijo que nació de María fue engendrado por Elohim, el Padre Eterno, no contraviniendo las leyes naturales, sino de acuerdo con una manifestación superior de las mismas; y el Hijo de esa asociación de santidad suprema—Paternidad celestial y maternidad pura aunque terrenal—habría de llamarse con toda propiedad el ‘Hijo del Altísimo’” (Jesús el Cristo, Salt Lake City: Deseret, 1922. Pág. 50).</p></blockquote>
<p> Por esta razón, a Cristo se le llama el Unigénito del Padre en la carne, tenía una madre mortal y un Padre inmortal. Por lo tanto, para que Jesús sea un descendiente literal (y por consiguiente un hijo) de David, María también debió haber sido de descendencia davídica. Talmage dio una explicación más amplia:  </p>
<blockquote><p>
“La genealogía personal de José sería esencialmente la misma que la de María, pues los dos eran primos hermanos. Según Mateo, José era hijo de Jacob; e hijo de Eli, según S. Lucas; pero Jacob y Eli eran hermanos, y parece que uno de los dos fue el padre de José, y el otro, el padre de María y, consiguientemente, padre político de José.  Muchas Escrituras establecen claramente que María era de la descendencia de David, pues en vista de que Jesús había de nacer de María, mas no  engendrado por José—que era el padre declarado y, según la ley de los judíos, el padre legal— la sangre de la posteridad de David llegó al cuerpo de Jesús únicamente por conducto de María” (Jesús el Cristo.  Salt Lake City: Deseret, 1922. Pág. 52).</p></blockquote>
<p>Por lo tanto, Jesús es el hijo de David. Sin embargo, debido a que el título “hijo de David” reconoce la genealogía de Jesucristo significa que debe tener un significado más profundo. Con el fin de descubrir cuál es este significado más profundo, se debe definir el título mismo.</p>
<p>David era el gran rey de la antigua Israel. Su reino “era el más brillante de la historia israelí, porque (1) unió a las tribus en una sola nación, (2) aseguró la posesión indiscutible de la nación, (3) el gobierno entero descanso sobre bases religiosas y la voluntad de Dios era la ley de Israel” (Diccionario de la Biblia: David). Puesto que David era el rey de Israel, sus descendientes, según el orden patriarcal, tenían derecho al trono. Sin embargo,</p>
<blockquote><p>“En la época del nacimiento del Salvador, Israel se hallaba bajo el dominio de monarcas extranjeros. Los derechos de la familia real davídica no tenían validez, y el gobernador de los judíos era nombrado por Roma. Si Judá hubiese sido una nación libre e independiente, regida por su soberano legal, José el carpintero habría sido su rey; y el sucesor legal al trono, Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos” (Ibídem. pág. 52).</p></blockquote>
<p>Finalmente, tal vez el análisis puede dar un paso más si distinguimos “hijo de David” con ‘h’ en minúscula de “Hijo de David” con ‘H’ en mayúscula. La versión con ‘h’ en minúscula denota a cualquier hijo o descendiente de David. Los que reciben este título son Absalón, Amnón, Salomón, entre otros (cf. 2 Samuel 13:1, 2 Crónicas 1:1). Pero el título “Hijo de David” con ‘H’ en mayúscula se reserva sólo para un ser que alguna vez caminó en la tierra. Se aplica sólo a Jesús de Nazaret, y generalmente cuando se pide que realice un milagro. Por esta razón, al dirigirnos a “Jesús como Hijo de David” uno “muestra&#8230; su  creencia en que Él era el Mesías de Israel” (Ibídem. pág. 193).</p>
<p>Mesías es una palabra aramea que significa “el ungido” (Diccionario de la Biblia: Mesías). En los tiempos del Antiguo Testamento, se les ungía a los reyes para sus cargos, como se hacía a los sacerdotes, sumos sacerdotes y profetas (cf. 1 Samuel 10:1, Éxodo 40:15, Levítico 21:10, 1 Reyes 19:16). Por lo tanto, es adecuado llamar a Jesús el Mesías, el Ungido, ya que Él es Profeta, Sacerdote y Rey. A David se le ungió cuando se convirtió rey de Israel, y él, tal como se indicó hasta este momento, “unió a las tribus en una sola nación,… aseguró la posesión indiscutible de la nación,… y [hizo] la voluntad de Dios&#8230; la ley de Israel” (Diccionario de la Biblia: David). David, en cierto modo, liberó a Israel. Por lo tanto, también es adecuado que el Ungido, el Mesías, “denote al Rey y Libertador cuya llegada los judíos esperaban con entusiasmo” (Diccionario de la Biblia: Mesías). Los judíos “esperaban con entusiasmo” al Libertador porque el Antiguo Testamento está lleno de referencias, clases, misterios y profecías de la llegada del que uniría a Israel una vez por todas, les daría la ley de Dios para que se guíen y liberaría a su nación para ellos. Este Libertador era y es Jesucristo, el Hijo de David.</p>
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