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El ejemplo del Salvador me enseñó a enseñar

Miércoles, Julio 8th, 2009

Una experiencia personal por Terrie

Crecí en una familia ligeramente religiosa que no pertenecía a los SUD. Recitaba una oración antes de dormir, leía las historias de la Biblia y asistía a la iglesia una o dos veces al año. La moral importaba, pero se nos dijo que decidamos qué era correcto. Fue sólo después que me uní a la iglesia que aprendí a utilizar el ejemplo del Salvador como una vara para medir mis propias decisiones.

Cuando era adolescente y nueva en la iglesia, fui invitada para enseñar a un inusual numeroso grupo de preescolares. Algunos tenían discapacidades y los otros daban mucho trabajo. Me ofrecieron el trabajo voluntario porque era la única persona disponible que sabía lenguaje de signos y se podía comunicar con los dos niños sordos. Sin experiencia en la docencia, fui incapaz de controlar mi clase. Semana tras semana, luchaba para enseñar una lección, y por lo general terminaba la clase en lágrimas después de que el último niño se había marchado. Yo no tenía la confianza necesaria para admitir que necesitaba ayuda. (más…)

Perdonar mediante la Gracia del Salvador

Domingo, Julio 5th, 2009

Por Kristin

Yo no recuerdo a mi madre. En ocasiones percibiré el aroma de Channel No. 5 y mi cerebro me retrotransporta – hacia el pasado – y entonces puedo ver sombras muy tenues de personas que conocí pero no logro ver su rostro. Sé que ella hacía chupetes de jugo en bandejas para hielo con mondadientes. También recuerdo las sábanas verdaderamente feas que debe haber comprado para mi cama (eran tan de los setentas…) Recuerdo con claridad cristalina el día en que mi dulce tío Fred salió de la casa del abuelo y la abuela y me dijo algo amigable antes de entrar. Yo estaba comiendo zanahorias. Unos minutos después yo también fui invitada a entrar y él me dijo que mi mamá había fallecido. Ella había muerto a causa de un accidente automovilístico camino a recogernos a mi hermana y a mí. Yo tenía tan solo cuatro años, pero inmediatamente supe que necesitábamos orar. No sé qué pedimos en la oración, como si hubiera algo que pudiera ayudar, pero los adultos presentes se arrodillaron conmigo y oraron. Yo no sé cómo es que supe que era momento de orar. Mi mami me lo debió haber enseñado en algún momento por el camino. (más…)

Mi experiencia en la tumba del Jardín de Jerusalén: Testigo de la Resurrección

Sábado, Julio 4th, 2009

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La Tumba del Jardín en Jerusalén fue encontrada hace poco. Se ubica exactamente en toda la calle del Gólgota, el lugar de la calavera. La calavera es claramente visible al lado de la montaña hoy en día. Mi guía contó que los romanos siempre crucificaban a nivel de la calle para que los transeúntes tuvieran que ver lo que ocurría con aquellos crucificados, ver su sufrimiento y se reprimieran de cometer un crimen que les garantizara esa misma suerte. Así que es muy posible que Jesús no hubiera sido crucificado en la cima de la montaña como dice el himno y supone la creencia popular, sino a nivel de la calle que en la actualidad es un poco menos visible.

Una parte del jardín permite ver el Gólgota a lo largo de una calle angosta, un lugar en el que hoy se estacionan los omnibuses de turismo. Allí se exhibe una antigua fotografía que muestra la parte inferior de la calavera más prominentemente, pero en la actualidad no requiere mucha imaginación ver los ojos y la nariz de una calavera, pequeñas cuevas al lado de la montaña rocosa.

Las escrituras revelan que uno tenía que “agacharse” para acceder a la tumba en donde fue colocado el cuerpo de Jesús. Actualmente uno puede caminar directamente hacia adentro. Pero al mirar atentamente en las partes más bajas de la abertura de la entrada se verá que son suaves hasta la altura de la piedra redonda cercana, y ásperamente labradas arriba de esa encorvadura.

Cerca a la entrada de la tumba hay una piedra redonda, más pequeña de lo que me había imaginado, como de tres pies de altura si acaso, pero gruesa y muy pesada. Hay una ranura debajo de la entrada de la tumba en donde tamaña piedra pudo haber sido colocada y rodada de ida y vuelta para entrar a la tumba. La piedra que se encuentra allí ahora fue encontrada en una tumba cercana. Uno tendría que agacharse para poder entrar a un agujero cubierto por esa piedra.

Las tumbas judías cercanas a Jerusalén en esos días eran tres habitaciones conectadas. A la que uno entra es en donde la familia lloraba al difunto (excepto en el día sabático). Hay una habitación en donde se colocaba el cuerpo, y otra, adjunta y sin paredes, en donde se colocaba la “caja de huesos”. Después de que la carne se deteriorara, los huesos eran colocados en la caja de tal manera que la tumba podría ser usada otra vez, de repente muchas veces.

En esta tumba, los turistas hacen cola y caminan en círculo alrededor del salón de duelo solamente, tomando fotografías conforme van pasando, docenas o hasta cientos de personas forman una gran fila detrás. Las entradas de los otros dos salones están bloqueadas por barras de acero que no impiden la visibilidad hacia dentro de ellas.

Mi guía me dijo que los soldados romanos tenían que tener por lo menos cinco pies y siete pulgadas de estatura (aprox. 1.72mts.) para calificar para el servicio en Jerusalén y alrededores ya que la estatura promedio (si recuerdo bien) de los judíos en esos días era de cinco pies cinco pulgadas (1.66mts). Los gobernantes romanos querían que sus soldados sobresalieran entre los judíos. Mi guía dijo que se sabía que Jesús era más alto que los soldados romanos.

El lugar en donde se coloca el cuerpo se esculpe en roca a manera de una cama elevada, en uno de los extremos un tanto más elevado como una almohada para colocar la cabeza del cuerpo sobre ello. En esta tumba en particular en el lugar en donde se colocarían los pies, se ha cavado una hendidura en la roca, de tal manera que se pudiera colocar un cuerpo que ¡mediría sin dobleces seis pies dos pulgadas de estatura!

¿Tradición popular antigua? Puede ser, pero yo mismo vi la hendidura. Y cuando regresé por segunda vez y no encontré a nadie allí entré a la tumba con mi esposa y otra mujer de nuestro grupo turístico. Mientras estuvimos dentro alguien cerró la puerta a la tumba.

Allí estaba yo, un americano casi solo en una tierra extranjera. No lejos de donde estaba, los tanques rodaban hacia la Franja de Gaza y la gente estaba muriendo. Sobre nuestras cabezas, aviones de guerra se escuchaban frecuentemente sobre Jerusalén ese día, se dirigían a Gaza. Había gente por todo sitio, hombres y mujeres, algunos vestían uniformes, otros no, portaban rifles cargados y armas automáticas. Yo ya había sido testigo de una batalla armada.

¡Y fui encerrado dentro de una tumba!

¿Se pueden imaginar lo que sentía?

No, no creo que puedan hacerlo.

Me sentí abrigado, seguro, me sentí cómodo mientras recostaba mi espalda contra la piedra áspera; parecía ceder a mi peso. ¡Deseaba no salir, nunca!

No pasó mucho tiempo antes de que el Espíritu del Señor descendiera sobre mí tan poderosamente que testificó de una manera innegable por el resto de mi vida ¡que la Tumba del Jardín en Jerusalén es el lugar en donde tuvo lugar la primera Resurrección!

Sobre la puerta de la Tumba Jardín hay un cartel que dice:

“Él no está aquí porque ha resucitado”

Sí, Él ha resucitado.

Y también sé que Él visita Jerusalén a veces…

Esta es una historia de la vida real, yo mismo la he vivido, me sucedió hace unas semanas así como lo escribo, en la primavera de 2008. Le pudo haber sucedido a usted.

Si esto lo inspira para ofrecer mayor servicio a su Señor y Redentor, un testimonio mayor de que Él vive, y un amor más grande para el resto de nosotros que compartimos este su tiempo terrenal, comparta esta historia y haga un enlace a Christ.org con sus amigos de todos los credos.
¡Jesús ha resucitado!

¿Qué enseñó Jesús sobre la caridad?

Sábado, Julio 4th, 2009

Los mormones frecuentemente definen la caridad como el puro amor de Cristo, citando al profeta Mormón del Libro de Mormón. Ellos enseñan que cuando sirven a otros, también están sirviendo a Dios y toman el ejemplo del Salvador al decidir cómo servir a otros.

Durante Su ministerio mortal, a Jesucristo se le preguntó qué mandamiento era el más grande o más importante. El respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es similar, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas.” (Mateo 22: 37-40)

Para el Salvador, amor y caridad eran lo mismo. Todos Sus actos de caridad no tenían el sentido de obligación o tarea, sino que provenían de un profundo sentimiento de amor por todo aquel que Él encontraba. El no limitó sus sentimientos a aquellos que eran ricos o de clase media. Tampoco lo limitó para aquellos que eran dignos, a los ojos del mundo, de caridad.

Podemos aprender de mejor manera como el Salvador sentía respecto a la caridad observando como trataba a otros durante Su ministerio. Un día los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida y descubierta en el acto de adulterio. Ellos le recordaron que la ley exigía que fuera apedreada por lo que le preguntaron qué pensaba Él que ellos debían hacer. Su propósito no era el de conseguir consejo, sino el de hacerlo caer. Sin embargo, Él actuó exactamente como si el motivo hubiera sido puro. El mundo no podía influenciar en cómo Él trataría a los demás. Él se arrodilló, escribiendo en el polvo como si no los hubiera escuchado. Ellos continuaron preguntando y Él respondió: “Aquel que de entre ustedes se encuentre sin pecado, que tire la primera piedra.” (Juan capítulo ocho). Habiendo sido avergonzados, los hombres empezaron a alejarse. Cuando Jesús y la mujer estuvieron solos, Él le preguntó si todavía quedaban acusadores y ella respondió que ya no. Él tiernamente le dijo que Él tampoco la acusaba, pero le advirtió que no volviera a pecar.

Este es uno de los ejemplos más poderosos sobre la caridad del Salvador. Él la rescató de la humillación y de la muerte, preservó una cierta cantidad de dignidad rehusándose a juzgar su dignidad por su acto de servicio y le aconsejó en cuanto a cómo evitar el mismo problema en el futuro.

Un día un ciego lo llamó pidiéndole ayuda. Otros le habían advertido al hombre no molestar a Jesús. Después de todo, él era solamente un mendigo, no alguien “importante” de acuerdo a los valores del mundo. Sin embargo, Jesús lo oyó y lo llamó hacia Él. Le preguntó cómo podría ayudarlo y el hombre pidió recuperar la vista. Jesús no solamente restauró la visibilidad del hombre, también envió un mensaje claro a aquellos que habían considerado indigno de la caridad del Señor. Él le dijo al hombre que era su propia fe lo que lo había curado. Este hombre, aparentemente sin importancia, había poseído suficiente fe como para curarse a sí mismo, y esto realmente envió una reprensión muy sutil a aquellos que lo habían desechado al considerarlo sin importancia e indigno de ser tomado en cuenta.

La caridad del Salvador siempre ayudó a la gente a aprender a respetarse a sí mismos por la forma en que Él los trataba. Todos recibían su respeto. Ese detalle removía murallas y los recompensaba por sus propios esfuerzos cuando era posible. Los encaminaba en dirección a una mejor vida. Su caridad también estaba dirigida a satisfacer necesidades pequeñas pero de carácter inmediato, como el de alimentar a la multitud ya que estaban, en el momento, hambrientos. Cada persona que se encontraba entre la multitud pudo satisfacer su hambre.

Aun cuando no era el propósito principal el contar esta historia, Jesús contó una parábola sobre un hombre rico que vivió en una casa elegante. A las afueras de sus puertas vivía un mendigo llamado Lázaro. (Hay que resaltar que Jesús nombra al mendigo, pero no se molesta siquiera en mencionar el nombre del rico, aún cuando la historia se ocupa con mayor amplitud en el rico). El acaudalado hombre no hace nada por servir o ayudar al mendigo, quien necesitaba alimento y cuidados médicos. Cuando ambos hombres murieron, es el pobre el que recibe la recompensa y el hombre rico recibe castigo eterno, el cual, naturalmente, él encuentra muy molesto. Cuando el castigado pide que se le envíe a Lázaro para servirle y ayudarle a sentirse mejor, Abraham le dice, “Hijo, recuerda que tú durante tu vida terrenal recibiste todo lo bueno y de igual manera Lázaro todo lo malo: pero ahora él es consolado y a ti te toca ser atormentado”.

El Salvador puso en claro en esta parábola que una persona que se rehúsa a servir a otros y a practicar la caridad no puede esperar recibir caridad para sí mismo cuando la necesite.

El rey Benjamín, un profeta del Libro de Mormón, enseñó este tipo de servicio cristiano a su pueblo y les advirtió cuidarse del juicio injusto al decidir a quién servir:

17 Tal vez dirás: El hombre ha traído sobre sí su miseria, por tanto, detendré mi mano y no le daré de mi alimento, ni le impartiré de mis bienes para evitar que padezca, porque sus castigos son justos.

18 Mas, ¡oh hombre!, yo te digo que quien esto hiciere tiene gran necesidad de arrepentirse; y a menos que se arrepienta de lo que ha hecho, perece para siempre, y no tiene parte en el reino de Dios.

19 Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos? ¿No dependemos todos del mismo Ser, sí, de Dios, por todos los bienes que tenemos; por alimento y vestido; y por oro y plata y por las riquezas de toda especie que poseemos? ( Mosíah 4)

Vemos, en los ejemplos del servicio del Salvador, que Él vivió de acuerdo a estas mismas creencias. El ejemplo más grande de los sentimientos del Salvador sobre la caridad, por supuesto, se encuentra en los días finales de Su vida, cuando tomó sobre Sí nuestros pecados en el Huerto de Getsemaní y en el Jardín del Edén. Aunque Él vivió una vida perfecta, sufrió por cada persona que ha vivido, por dignos e indignos por igual, y por aquellos que merecían ayuda y por aquellos que trajeron miseria sobre sí mismos por causa de su propia elección. El no hizo distingos. El nos ama a todos por igual, y sufrió por cada uno de nosotros individualmente.

El mundo en el que vivimos se beneficiaría grandemente si los hombres y mujeres en todo lugar ejercitaran el amor puro de Cristo, el mismo que es amable, humilde y suave. No tiene envidia ni orgullo. Es único porque no busca nada a cambio. No contiene mal ni enfermedad, no se regocija en la iniquidad; no tiene lugar para la intolerancia, odio ni violencia. Se rehúsa a permitir la ridiculez, la vulgaridad, el abuso o el ostracismo. Anima a diferentes tipos de personas a vivir juntos en amor cristiano sin importar su creencia religiosa, raza, nacionalidad, condición financiera, educación o cultura. (Howard W. Hunter, “Una manera más excelsa, “Ensign, mayo de 1992, pág. 6).

James Ballou: “Sobreviviente del Alma” mormón

Sábado, Julio 4th, 2009

Son nuestras decisiones y no las circunstancias las que nos definen

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James

Viví mi juventud en el hogar de mi padre rodeado de drogas, violencia, alcohol y depravación. Viví en medio de gente cuyas almas habían sido voluntariamente sacrificadas y que conocían solamente de la búsqueda del placer terrenal. Este fue mi hogar hasta que mi padre murió como resultados de complicaciones causadas por su estilo de vida. Tenía 15 años. Algunos podrían pensar que mis años formativos representaban un casi irremontable cúmulo de obstáculos y que cualquiera que hubiera crecido en tales circunstancias quizá nunca podría encontrar a Dios. Pero yo había sobrevivido a los embates, negocios con drogas, abuso y negligencia para un propósito mayor.

(más…)

Un Corazón Presionado: Una mujer mormona habla de la Adversidad – Parte I

Sábado, Julio 4th, 2009

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Parte I

El Plato Especial del Salvador

Alguien dijo que hay dos maneras de ver la vida-la primera: nada es un milagro, la segunda: “todo” es un milagro. Yo me inclino por la última. Lo que el Señor crea con la materia prima de nuestras vidas es milagroso. Ver la mano del Señor en mi vida ha aumentado significativamente desde que me uní a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los mormones).

Siempre hay un festín preparado para nosotros, dentro y fuera de la adversidad, sin embargo con frecuencia nos lo perdemos. El plato especial del Salvador es Su amor perfecto, en toda circunstancia, incluyendo aquellas que resultan del mal uso que otros hacen de su albedrío. (más…)

Un Corazón Presionado: Mujer mormona Habla de la Adversidad – Parte II

Sábado, Julio 4th, 2009

Parte II

Bueno, esto nos conduce a compartir nuestras experiencias con fortalecedora adversidad, pero primero unas reflexiones sobre el paso por la prensa del corazón.

Podado, Presionado & Purificado

Por medio del evangelio de Jesucristo, tenemos un nuevo entendimiento de la adversidad. Aprendemos mediante la oposición y la presión, contra la dificultad y el sufrimiento, independientemente de la fuente y naturaleza de la prueba. Jesucristo nos puede socorrer. (más…)

Proclamar a Jesucristo: Fe de los Mormones en el Redentor.

Viernes, Noviembre 21st, 2008

Jesucristo en Getsemaní - Greg Olsen

Jesucristo en Getsemaní

Robert Millet, prestigioso miembro de la facultad de religión de la Universidad de Brigham Young y Gerald McDermott, portavoz evangélico y teólogo  han dado el ejemplo en conversación  cómo aquellos que abrazan dos puntos de vista espirituales diferentes pueden dialogar civilizadamente acerca de sus respectivas creencias. Habiendo realizado conferencias por todo el país contrastando los principios del mormonismo y de los Evangélicos, Bob y Gerald han mantenido una cercana y significativa amistad, y se han esforzado por  alcanzar  un entendimiento más profundo de la fe y creencias de cada uno.

Durante más de 180 años, los mormones (miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)  de manera inequívoca han declarado su creencia centrada en la misión  expiatoria de Jesucristo  y su creencia central en el Salvador como Redentor y Cabeza de su Iglesia, no obstante, por mucho tiempo, esta noción  con frecuencia  ha sido desautorizada o simplemente ignorada por la colectividad.  A la luz de esta persistente percepción equívoca, resulta refrescante oír lo que Gerald McDermott comparte a este respecto:

Me temo que yo soy uno de aquellos que ha malentendido y ha representado equivocadamente a los mormones… Maltraté a un distinguido historiador mormón cuando él vino a hablar a mi clase hace más de una década. Además de tratarlo rudamente., no comprendí cuán central era Jesucristo para su fe así como para la Iglesia SUD (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) en general. Como lo recuerdo, yo pensaba que él no me estaba diciendo toda la verdad  cuando sostenía que él confiaba en Jesucristo para su salvación y yo insinuaba en la misma magnitud a mi clase contrarrestando  y cuestionando repetidamente. (más…)

El doble efecto de la expiación

Jueves, Septiembre 11th, 2008

A través de la expiación realizada por Jesucristo, un servicio redentor, prestado indirectamente en nombre de la humanidad, todos los cuales han sido separados de Dios por los efectos del pecado tanto heredado como el individual, el camino está abierto para una reconciliación donde el hombre puede estar de nuevo en comunión con Dios, y deberá ser capaz de vivir de nuevo y para siempre en la presencia de su Padre Eterno. Este pensamiento fundamental está admirablemente implícito en la palabra en inglés, “atonement” (expiación), que, como atestiguan sus sílabas, (at-one-ment =hecho para unificar), “que denota reconciliación, o la puesta en acuerdo de aquellos que han sido separados.” (Se halla en el New Standard Dictionary bajo “propitiation”-en inglés) El efecto de la expiación puede ser convenientemente considerado como doble: (más…)

La necesidad de la expiación de Jesucristo

Miércoles, Julio 9th, 2008
Camina conmigo por Greg Olsen

Camina conmigo por Greg Olsen

La muerte ha llegado a ser el patrimonio universal, ésta puede reclamar a su víctima en la infancia o en la juventud, en la flor de la vida, o puede aplazarse hasta el anochecer de nuestros días, puede suceder como resultado de un accidente o enfermedad, por violencia, o como decimos, por causas naturales, pero debe llegar, como bien sabe Satanás, y en este conocimiento yace su presente, aunque temporal triunfo. Pero los propósitos de Dios, siempre han sido y siempre serán infinitamente superiores a los designios más profundos de los hombres o demonios, y las satánicas maquinaciones para hacer de la muerte algo inevitable, perpetuo y supremo se presentaron incluso antes de que se creara al primer hombre. La expiación de Jesucristo fue ordenada para superar la muerte y proporcionar un medio de rescate del poder de Satanás.

Como el incidente de castigo a la caída llegó a la raza humana a través de un acto individual, sería manifiestamente injusto, y por tanto, imposible como parte del propósito divino, hacer que todos los hombres sufran las consecuencias sin posibilidad de liberación. Además, ya que por la transgresión de un solo hombre el pecado entró al mundo y la muerte se aplica a todos, por lo tanto es consecuente con razón que la expiación necesariamente deba ser causada por una persona.* “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. … Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Romanos 5:12,18) Así enseña el apóstol Pablo, y, además: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21-22). (más…)