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	<title>Jesucristo &#187; Expiación de Jesucristo</title>
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	<description>El Salvador y Redentor de la humanidad</description>
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		<title>¿Qué es la plenitud del Evangelio?</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 05:43:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Enseñanzas de Jesucristo]]></category>
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		<description><![CDATA[Los mormones (un apodo para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) a menudo usan el término “plenitud del evangelio”. Los mormones se refieren a los tiempos modernos como la dispensación de la plenitud de los tiempos, refiriéndose al hecho de que el evangelio de Jesucristo ha sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los mormones (un apodo para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) a menudo usan el término “plenitud del evangelio”. Los <a href="http://www.losmormones.org/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a> se refieren a los tiempos modernos como la dispensación de la plenitud de los tiempos, refiriéndose al hecho de que el evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud.</p>
<p><div id="attachment_693" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/02/Adam-and-Eve-Teaching-Their-Children-Del-Parson.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/02/Adam-and-Eve-Teaching-Their-Children-Del-Parson.jpg" alt="" title="Adam and Eve Teaching Their Children- Del Parson" width="150" height="150" class="size-full wp-image-693" /></a><p class="wp-caption-text">Adán y Eva enseñando a sus hijos - Del Parson</p></div>Las creencias mormonas enseñan que a Adán y Eva, las primeras personas que vivieron sobre la tierra, se les dio la plenitud del evangelio. Ellos lo compartieron con sus hijos. Sin embargo, a las personas a menudo les es difícil vivir la plenitud del evangelio, y por tanto, periódicamente la plenitud del evangelio fue reemplazado con leyes preparatorias, tales como la Ley de Moisés, para ayudar a las personas a progresar a tal punto que ellas pudieran vivir la plenitud del evangelio. Además, las verdades estaban algunas veces perdidas. Siempre han existido aquellos que desean que Dios cambie la verdad por algo más placentero para ellos, y periódicamente, aquellas falsas creencias se han esparcido entre las personas. Durante estos tiempos, Dios a menudo retira los profetas, lo cual también quita el acceso a la palabra de Dios. Esto se conoció como apostasía, ya que las personas habían escogido apostatar al ignorar o cambiar la palabra de Dios. Sin embargo, Dios nunca permite que la apostasía dure para siempre. Cada vez, Él finalmente devuelve los profetas a la tierra, como lo podemos ver a medida que estudiemos la Biblia.</p>
<p>Su evangelio se estableció primero en la tierra empezando con Adán y se ha enseñado en cada dispensación a través de profetas como Enoc, Noé, Abraham, Moisés y otros.</p>
<p>Cada uno de estos profetas predijo la venida de Jesucristo para expiar por los pecados del mundo. Esas profecías se han cumplido. El Salvador estableció Su Iglesia. Él llamó a Sus Apóstoles y estableció Su sacerdocio. Lo que es más importante, Él depuso Su vida y la volvió a tomar para que todos resucitáramos otra vez, llevando a cabo así el sacrificio expiatorio. Pero ese no fue el final.</p>
<p>Después de la Resurrección del Salvador, Él comisionó a Sus Apóstoles para que dirigieran la Iglesia y administraran las ordenanzas del Evangelio. Fieles a este encargo, ellos fueron perseguidos, y algunos fueron finalmente martirizados. Como resultado, la autoridad del sacerdocio del Señor ya no estaba en la tierra, y el mundo cayó en la oscuridad espiritual. En los siglos que siguieron, los hijos de Dios tenían la Luz de Cristo, podían orar, y podían sentir la influencia del Espíritu Santo. Pero la plenitud del Evangelio se había perdido. No había nadie en la tierra con el poder y autoridad para dirigir la Iglesia o realizar ordenanzas sagradas, como el bautismo, el conferir el don del Espíritu Santo, y las ordenanzas salvadoras del templo. A casi todo el mundo se le negó el acceso a las Escrituras, y la mayoría de las personas eran analfabetas (Robert D. Hales, &#8220;Preparativos para la Restauración y la Segunda Venida:&#8221; Mi mano estará sobre ti &#8216; &#8220;, Liahona, nov 2005, 88-92)</p>
<p>Los mormones llaman a esto la Gran Apostasía. Fue muy larga y muy minuciosa. Podemos ver el impacto de este tiempo a medida que miramos a nuestro alrededor en la tierra. Aun cuando los apóstoles estaban en la tierra, la apostasía estaba empezando, y los apóstoles lamentaban la pérdida de personas e incluso naciones enteras debido a la apostasía. Hoy, al observar el paisaje de nuestro país, vemos cientos de iglesias, todas enseñando cosas diferentes y la mayoría dicen tener la verdad. Esto sucedió porque la verdad se perdió y la gente tenía que tratar de decidir por sí mismos lo que era cierto y lo que no lo era. A menudo, estas decisiones se tradujeron en la formación de nuevas iglesias cristianas con nuevas creencias que no se encuentran en la Biblia o en la iglesia, tal como existía cuando Cristo estuvo en la tierra e incluso se oponen directamente a esas enseñanzas. Dado que Dios no es un Dios de confusión, y dado que la verdad es importante para Él, como podemos ver por las muchas referencias a ella en la Biblia, sabemos que es importante para Dios lo que creemos y nuestra forma de actuar sobre la base de la verdad que Jesucristo enseñó mientras estuvo sobre la tierra.</p>
<p>Sin embargo, Dios empezó a preparar a Su pueblo para la restauración de la profecía y la plenitud del evangelio. La alfabetización aumentó y la imprenta hizo posible que la gente leyera la Biblia por sí misma. Empezaron reformas que desafiaron las tradiciones de algunas religiones de larga data.</p>
<p>En la década de 1700, se formó una nación que garantizaba la libertad de religión. Esto hizo posible que se produjera una restauración. Por último, en la década de 1800, el mundo estaba listo para que se produjera la restauración. José Smith, un adolescente en el estado de Nueva York, vivió en un momento de gran emoción sobre la religión. La gente estaba ansiosa de alinearse con una iglesia y se les dieron muchas oportunidades de elegir una que se adaptaba a sus creencias. José, su madre y sus hermanos asistieron a muchas de estos avivamientos e iglesias, pero esta exploración sólo confundió a José. No podía encontrar la manera de decir cuál de las iglesias era verdadera.</p>
<p>Él se volvió a la Biblia en busca de ayuda. Mientras estudiaba, encontró Santiago 1:5-6: &#8220;Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dad. Pero pida con fe, no dudando nada”. Este versículo, considerado por muchos estudiosos como la obra del medio hermano de Jesucristo, fue, y José se dio cuenta, la clave para resolver su dilema. Entró en el bosque cerca de su casa y oró con fe. Dios y Jesús se le aparecieron y le dieron instrucciones de no afiliarse a ninguna de las iglesias que estaban sobre la tierra, ya que ninguna era totalmente correcta. Más tarde, cuando había crecido y madurado, un ángel llamado Moroni llegó a empezar a instruirlo en preparación para la restauración. José, eventualmente, tradujo un conjunto de registros antiguos que llamamos el Libro de Mormón, el que es un compañero de la Biblia y da fe de su veracidad. Cuando esta traducción se completó, la restauración del evangelio del Salvador podría comenzar.</p>
<p>Hoy en día, vivimos en un momento en que de nuevo se cuenta con la bendición de profetas que comparten con nosotros la palabra de Dios. Si bien algunos piensan que Dios les ha dado la espalda a Sus hijos para siempre, los <a href="http://religionmormona.com/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a> saben que al igual que los profetas fueron necesarios para preparar al pueblo de Dios para la primera venida de Cristo, los profetas son también necesarios para prepararnos para la segunda venida. Tal vez la necesidad es aún mayor, ya que este retorno se dará a conocer a todo el mundo.</p>
<p>Nuestro mensaje es único. Declaramos al mundo que la plenitud del Evangelio de Jesucristo ha sido restaurada a la tierra. Declaramos con audacia que las llaves del sacerdocio han sido restauradas para el hombre, con el poder para sellar en la tierra y en los cielos. Las ordenanzas salvadoras pronunciado por el Señor como requisitos para entrar en la vida eterna con Él ahora se puede realizar con carácter vinculante por los que dignamente ejercer el poder de su sacerdocio santo. Declaramos al mundo que este es el día mencionado por los profetas bíblicos como los últimos días. Es el tiempo final, antes de la venida de Jesucristo para gobernar y reinar sobre la tierra.</p>
<p>Invitamos a todos a escuchar el mensaje del Evangelio restaurado de Jesucristo de entre nosotros. Entonces usted puede comparar el glorioso mensaje con lo que puede escuchar de los demás, y usted puede determinar cuál procede de Dios y cuál procede del hombre (L. Tom Perry, &#8220;El mensaje de la Restauración&#8221;, Liahona, mayo de 2007, 85-88).</p>
<p>La plenitud del Evangelio, entonces, significa que los profetas de Dios están en la tierra, lo que nos permite diferenciar la verdad de las enseñanzas de los hombres, y nos ayuda a prepararnos para el regreso triunfal del Salvador, y para nuestro propio retorno a la presencia de Dios. Podemos saber por nosotros mismos si esto es verdad, porque Dios nos ha prometido que podemos orar para saber, y no simplemente confiar en la palabra del hombre. Así como el hermano de Jesús dijo, si nos falta sabiduría, Dios promete dárnosla si pedimos con fe, con un sincero deseo de conocer la verdad.</p>
<p>Los mormones enseñan que tienen la plenitud del evangelio en su propia fe. Sin embargo, James E. Faust, un apóstol anterior del Señor, enseña lo que esto significa en relación con otras religiones:</p>
<p>Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una restauración de la Iglesia original establecida por Jesucristo, que fue construida &#8220;sobre el fundamento de apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular&#8221;. Esta no es una separación de cualquier otra iglesia.</p>
<p>Creemos que la plenitud del Evangelio de Cristo ha sido restaurada, pero esto no es razón para que nadie se sienta superior en modo alguno hacia los demás hijos de Dios. Más bien, requiere una obligación mayor de invocar la esencia del evangelio de Cristo en nuestra vida ?amar, servir y bendecir a otros. De hecho, como la Primera Presidencia declaró en 1978, creemos que &#8220;los grandes líderes religiosos del mundo, tales como Mahoma, Confucio, y los Reformadores, así como los filósofos como Sócrates, Platón, y otros, recibieron una porción de la luz de Dios. Dios les dio verdades morales para iluminar naciones enteras y lograr un mayor nivel de comprensión para las personas&#8221;. Por lo tanto, tenemos respeto por las creencias religiosas sinceras de los demás y apreciamos que los demás extiendan la misma cortesía y respeto por los principios que apreciamos. (James E. Faust, &#8220;La restauración de todas las cosas&#8221;, Liahona, mayo de 2006, 61-62, 67-68. &#8220;)</p>
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		<title>¿Qué creen los mormones sobre la caída de Adán?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:44:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Jesús el Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte y Resurrección de Jesús]]></category>
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		<category><![CDATA[Caída]]></category>
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		<description><![CDATA[Las creencias mormonas tratan la caída de Adán de manera diferente que la mayoría de las religiones y sus enseñanzas acerca de Eva son aún mayores, una afirmación de que Dios valora la sabiduría y las contribuciones espirituales de las mujeres. La Caída de Adán se refiere al tiempo en que Adán y Eva vivían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las creencias mormonas tratan la caída de Adán de manera diferente que la mayoría de las religiones y sus enseñanzas acerca de Eva son aún mayores, una afirmación de que Dios valora la sabiduría y las contribuciones espirituales de las mujeres.</p>
<p>La Caída de Adán se refiere al tiempo en que Adán y Eva vivían en el Jardín de Edén. Dios les dijo que <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-and-Eve-teaching-their-children.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-and-Eve-teaching-their-children.jpg" alt="" title="Adam and Eve teaching their children" width="154" height="154" class="alignright size-full wp-image-670" /></a>podían comer de cualquier árbol en el jardín, excepto de uno, el árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, les recordó que tenían agencia y podían decidir por sí mismos, pero debían recordar que morirían si comían de él. Finalmente, optaron por comer de ese árbol y fueron expulsados del jardín al mundo de los mortales. La muerte fue posible y sus cuerpos fueron mortales. Tenían que empezar a trabajar por las cosas que necesitaban. A esto se le conoce como la caída de Adam. Muchos ven este evento como una gran tragedia que causó que todos los que vinimos después tengamos que enfrentar dificultades y pruebas. Sin embargo, <a href="http://www.laiglesiamormona.org/" class="internal_link_tool_los mormones">los mormones</a> entienden que Adán y Eva actuaron con gran sabiduría al hacer su elección. Mientras estaban en el Jardín, sus cuerpos no eran mortales y no podían tener hijos. Por esa razón, de haber elegido egoístamente seguir viviendo una vida de tranquilidad en el Jardín, ninguno de nosotros podría haber nacido.<span id="more-671"></span></p>
<p>Los <a href="http://creenciasmormonas.com/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a> creen que nuestros espíritus fueron creados por Dios y que vivieron con él durante un tiempo en el Cielo antes de la formación de la tierra. Si nuestros primeros padres no dejaban el jardín, todos estos espíritus hubieran estado atrapados, incapaces de avanzar. Las creencias mormonas dicen que la mortalidad es la pieza central de nuestra existencia, con vida premortal antes de ésta y nuestras vidas después de la muerte después de ésta. La mortalidad nos fue dada como un tiempo para ser probados, para tener familias y tener experiencias que nos permitan algún día regresar a la presencia de Dios, si vivimos el Evangelio. El Jardín fue un excelente lugar de transición para Adán y Eva mientras se preparaban para la experiencia completa de la mortalidad. Fue, en cierto sentido, su infancia, pero no podemos ser niños para siempre y convertirnos en lo que somos capaces de ser.</p>
<p>Los mormones creen que Adán y Eva estaban preparados para esta experiencia antes de sus creaciones y estaban bajo la tutela de Dios en el Jardín. Cuando la serpiente se le acercó a Eva, ésta esperaba arruinar el plan de Dios, pero en realidad ayudó a continuarlo. Las Escrituras no dicen que Eva tomó una decisión inmediata y por eso puede haber pasado un tiempo pensándolo. Ella comprendió que su llamado divino era la maternidad &#8211; Adán la llamó Eva, que significa madre de todos los vivos. Ella comprendió que tenía que abandonar el Jardín y experimentar sufrimiento para cumplir esa función. El anhelo de la maternidad es un don dado a la mujer y le fue dado a Eva.</p>
<p>Los mormones creen que Eva fue valiente y generosa en su decisión de renunciar a los placeres del jardín para que el resto de nosotros venga a la tierra a vivir. Adán honró su elección y siguió su ejemplo, sabiendo que era lo correcto.</p>
<p>Además de ser capaces de formar una familia, dejar el Jardín les permitió cumplir con las otras responsabilidades de la mortalidad. Sin pruebas, no podían aprender todo lo que necesitaban saber. Ellos necesitaban experimentar la gama de emociones con el fin de apreciar las buenas emociones. Tenían que estar enfermos para apreciar la salud.</p>
<p>El Libro de Mormón resume como los mormones ven la caída de Adán:</p>
<blockquote><p>22 Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.<br />
  23 Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.<br />
  24 Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.<br />
  25 Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.<br />
  26 Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por sí mismos, y no para que se actúe sobre ellos, a menos que sea por el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado (2 Nefi 2:22-26 en el Libro de Mormón).
</p></blockquote>
<p>La caída fue una parte planeada y esencial de nuestro plan eterno, aunque Adán y Eva tuvieron un control completo sobre si iba a ocurrir o no, porque ellos, como nosotros, tenían albedrío. Dios, que es cariñoso y bondadoso, preparó un Salvador para venir a redimirnos de los efectos de la caída, para que podamos ser salvados y regresar a la presencia de Dios. La expiación cubre la transgresión de Adán y Eva.</p>
<p>Eva es honrada como una heroína por su papel en la Caída, y a las mujeres mormonas se les enseña que ella representa nuestra responsabilidad personal para con nuestra propia comprensión espiritual y liderazgo. Las mujeres son consideradas igualmente capaces de comprender la compleja doctrina y de tomar sus propias decisiones espirituales y se les enseña a estudiar las Escrituras por si mismas, en lugar de confiar en sus padres y esposos para interpretar las Escrituras por ellas. Además, las mujeres están invitadas a hablar y predicar en la iglesia, incluso en las conferencias internacionales y a los hombres se les enseña a escuchar a su consejo.</p>
<blockquote><p>Neal A. Maxwell, un antiguo apóstol, dijo, “los matrimonios mormones no deben ser matrimonios en los que los hombres son los teólogos y las mujeres son las cristianas, debemos avanzar juntos, para que los hombres finalmente no puedan ir donde sea que importe sin las mujeres.&#8221; (Véase Neal A. Maxwell: ¿Por qué debes seguir adelante?, Compañía de Libros Deseret, Ciudad de Lago Salado, Utah, 1977)</p></blockquote>
<p>Los mormones no enseñan la doctrina del pecado original. Ellos enseñan que somos castigados sólo por nuestros propios pecados, y no por los de alguien más, incluyendo las transgresiones de Adán y Eva. Si bien hubo consecuencias generacionales que nos han transmitido, no se nos considera responsables de sus elecciones. Por ello, los mormones enseñan que los niños pequeños no necesitan el bautismo. Están libres de pecado hasta que alcancen la edad de responsabilidad, que es a los ocho años de edad.</p>
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		<title>¿Qué enseñó Jesús acerca de la gracia?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:28:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acerca de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Enseñanzas de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte y Resurrección de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación]]></category>

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		<description><![CDATA[Jesucristo en realidad no usó la palabra gracia en Su ministerio terrenal. Sólo dos versículos hacen referencia a esta palabra en los cuatro evangelios, y estas fueron pronunciadas por otras personas. Lucas nos dice que la gracia de Dios estaba en Jesús durante su niñez. Juan enseñó: “Pues la ley por medio de Moisés fue [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jesucristo en realidad no usó la palabra gracia en Su ministerio terrenal.  Sólo dos versículos hacen referencia a esta palabra en los cuatro evangelios, y estas fueron pronunciadas por otras personas.  Lucas nos dice que la gracia de Dios estaba en Jesús durante su niñez.  Juan enseñó: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).  Por lo tanto, nuestra comprensión de la palabra gracia proviene de otras personas. </p>
<p>Veamos algunos usos de la palabra gracia en la Biblia.  Aunque fueron pronunciadas después de la muerte del Salvador, estas palabras fueron dichas por Sus apóstoles.<br />
La primera referencia del Nuevo Testamento que da información real acerca de la gracia se encuentra en Hechos, capítulo 15.  Pablo estaba escuchando a los miembros de la iglesia debatir sobre la circuncisión de los gentiles.  En el pasado, el Evangelio no había sido enseñado a los gentiles, y por lo tanto esta era una cuestión relativamente reciente.  Pablo, quien decidió que había escuchado lo suficiente o tal vez estaba cansado del debate, se puso de pie y les recordó que habían sido instruidos para enseñar a los gentiles y que la cuestión de la circuncisión ya había sido tratada.  La circuncisión como una práctica necesaria terminó con la expiación de Jesucristo.  Fue a través de la expiación que nos hemos salvamos, no por el acto de la circuncisión, que había sido destinada a recordar la alianza de Dios con Abraham.  Por lo tanto, aprendemos que la gracia llega a través de Jesucristo, y que sólo a través de Él podemos ser salvados. <span id="more-663"></span></p>
<p>En Romanos, capítulo tres, Pablo vuelve a hacer frente a los desacuerdos sobre la circuncisión.  Les recuerda a todos que los hombres son pecadores y que la circuncisión no salvará a nadie de sus pecados.  En los versículos 23, 24 y 25, Pablo escribe:<br />
  23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,<br />
  24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,<br />
  25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.<br />
La justificación significa ser restituidos a nuestra propia relación con Dios después haber pecado.  Ninguno de nosotros puede hacer esto por cuenta propia.  Si Jesucristo no hubiera estado dispuesto a expiar nuestros pecados, ninguna cantidad de arrepentimiento, obediencia o fe nos podría haber salvado.  El pecado más pequeño nos mantendría fuera de la presencia de Dios.  Debido a la expiación, podemos restaurar nuestro lugar en el reino de Dios.  La gracia lo hace posible.</p>
<p>La gracia significa que podemos resucitar después de nuestra muerte.  Nos da otras bendiciones también.  No somos responsables de las decisiones que Adán y Eva tomaron en el Jardín del Edén y cuando nosotros cometemos un pecado, podemos arrepentirnos si así lo decidimos, y ser perdonados cuando lo hacemos.  Todo aquel que vino a la tierra recibe la gracia libremente, sin ningún tipo de acciones u opciones.  <a href="http://www.laiglesiamormona.com/" class="internal_link_tool_los mormones">Los mormones</a> están entre los pocos que realmente creen que la gracia no depende de las obras, ni siquiera del acto de hacer una declaración formal de aceptación de la expiación del Salvador.  La gracia es dada libremente a todos.<br />
Aquellos que aceptan a Jesucristo como su Salvador pueden recibir muchas más bendiciones como resultado de la expiación.  La gracia hace que sean posibles, pero estas bendiciones adicionales no están al alcance de todos.  Para recibirlas, una persona debe aceptar a Jesucristo como su Salvador y tomar sobre sí el nombre de Cristo.  Debido a que tomar el nombre del Salvador – llegar a ser conocido como un cristiano – es una responsabilidad sagrada, debemos honrar ese compromiso viviendo el evangelio de amor y fe, y no simplemente vivirlo por un deseo de recompensa.<br />
Las personas que hacen esto, quienes guardan los mandamientos, pueden  hacer más cosas que simplemente resucitar y vivir para siempre.  Ellos pueden vivir con Dios para siempre.  Las Escrituras nos enseñan que nada impuro puede habitar en el cielo, y por supuesto, todos los que piensen así entenderán que sería inapropiado que los impuros habiten con Dios.  Cuando morimos y resucitamos, nos llevamos a nosotros mismos.  Todavía seremos las personas que éramos antes de morir, en términos de carácter y personalidad.  El cielo será maravilloso porque estaremos con Dios y no estaremos viviendo en un estado terrenal, rodeados de aquellos que no honran la verdad o no quieren vivir de la manera que Dios mandó.<br />
El Libro de Mormón ayuda a explicar la relación entre la gracia, que nos permite ser resucitados y vivir para siempre, y la exaltación, que nos permite volver a Dios:<br />
  23 Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos; </p>
<p>  24 y a pesar de que creemos en Cristo, observamos la ley de Moisés, y esperamos  anhelosamente y con firmeza en Cristo, hasta que la ley sea cumplida. </p>
<p>  25 Pues para este fin se dio la ley; por tanto, para nosotros la ley ha muerto, y somos vivificados en Cristo a causa de nuestra fe; guardamos, empero, la ley, a causa de los mandamientos. </p>
<p>  26 Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que  nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados. </p>
<p>  27 Por lo tanto, hablamos concerniente a la ley para que nuestros hijos sepan que la ley ya no rige; y, entendiendo que la ley ya no rige, miren ellos adelante hacia aquella vida que está en Cristo, y sepan con qué fin fue dada la ley. Y para que, después de cumplirse la ley en Cristo, no endurezcan contra él sus corazones, cuando la ley tenga que ser abrogada. </p>
<p>(Véase 2 Nefi 25)<br />
Esta escritura expone varios puntos importantes.  En primer lugar, nos dice que el propósito del Libro de Mormón es llevar a las  personas hacia Cristo y ayudarles a creer en Él.  Luego, explica que nos salvamos por la gracia, después de hacer todo cuanto podamos.  Esta frase a veces resulta confusa para aquellos que están escuchándola por primera vez. ¿Qué significa?</p>
<p>Esta frase nos dice que no podemos salvarnos a nosotros mismos.  Como se ha mencionado anteriormente, las obras no pueden salvarnos.  Dios, como todo buen padre, espera que hagamos por nosotros mismos tanto como sea posible.  En este caso, se refiere a guardar los mandamientos.  Sin embargo, eso no es suficiente, y los demás requisitos están más allá de nuestra capacidad para realizarlas.  Aquí es donde entra en juego la gracia.  Hacemos lo que podemos, y a continuación, Cristo hace la diferencia.  Él hace por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos, lo cual es la expiación. </p>
<p>Las secciones restantes nos dicen que los nefitas, que fueron las personas que hicieron este registro, guardaban la Ley de Moisés, después de haber venido de Jerusalén en la época del profeta Jeremías, porque el Salvador aún no había llegado y expiado por ellos.  Sin embargo, los nefitas entendieron que la ley no los salvaría, sino que estaba allí simplemente para ayudarles a recordar a Dios y a prepararse.</p>
<p>El versículo 26 es la clave para entender el concepto de la gracia.  Debemos mirar a Cristo para que nuestros pecados sean perdonados, porque no podemos perdonarnos a nosotros mismos, sin importar lo mucho que obremos. </p>
<p>Nuestra obediencia es de amor, no de codicia, a fin de ser verdadera obediencia.  Debería ser una consecuencia natural de nuestra conversión al cristianismo.  El resultado de esto es una promesa que el mismo Salvador hizo para los que honren Su nombre:<br />
“10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).</p>
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		<title>Jesucristo y la Resurrección</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:22:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones, enseña que después de la muerte del Salvador y de Sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio para administrar la Iglesia de Dios fue retirada de la tierra. La gente no estaba de acuerdo con el significado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones, enseña que después de la muerte del Salvador y de Sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio para administrar la Iglesia de Dios fue retirada de la tierra. </p>
<p>La gente no estaba de acuerdo con el significado de las escrituras y con las enseñanzas de Jesús.  Como resultado de lo anterior, comenzaron a aparecer en toda la tierra miles de iglesias cristianas que enseñaban doctrinas opuestas.  Aunque se continuó enseñando el cristianismo y se difundió su doctrina básica, aquella de la divinidad del Salvador, cada iglesia tenía su propia versión de cristianismo.  Muchas de las doctrinas eran fundamentales para la salvación, y así, al acercarse los últimos días antes de la segunda venida de Cristo, era importante que la verdad sea totalmente restaurada. <span id="more-660"></span></p>
<p>Fue en la preparación para este momento eternamente significativo que un jovencito de catorce años de edad llamado José Smith se interesó en la religión.  La zona en que vivía estaba en medio de un fervor religioso.  Acontecía en ese entonces un renacimiento religioso y muchas personas estaban decidiendo a qué iglesia unirse.  La familia de José participó en este movimiento, y José también quería elegir una iglesia.  Sin embargo, sus visitas a diversas iglesias y el renacimiento lo dejaban confundido.  Nadie podía explicarle cómo saber cuál de las enseñanzas opuestas que había escuchado en las diversas iglesias estaba en lo cierto.  Él sabía que no podían ser verdaderas.  Dios no es Dios de confusión.  Si una enseñanza doctrinal era esencial para la salvación, sólo podía haber una respuesta.<br />
Empezó a leer la Biblia, buscando sus propias respuestas.  Allí, encontró Santiago 1:5, un libro que al parecer ha sido escrito por el hermano de Jesucristo.  José leyó lo siguiente: </p>
<blockquote><p>Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Santiago 1:5).
</p></blockquote>
<p>Mientras José pensaba en este verso, se dio cuenta de que era la mejor solución a su problema.  Los hombres le proporcionaban información contradictoria, pero Dios sabía lo que era cierto.  Confió en este consejo y partió hacia el bosque a rezar, la primera vez que iba a rezar en voz alta.  Su oración fue respondida, tal como lo había prometido el Señor, pero de una manera que no pudo haber sido prevista.  Esta oración fue el momento elegido por Dios para dar el primer paso hacia la restauración.  Al igual que muchos otros profetas bíblicos, este joven tuvo una poderosa experiencia espiritual a fin de prepararse para los eventos venideros.  Dios y Jesucristo se aparecieron ante José.  Dios presentó al Salvador, quien entonces le dio instrucciones de no unirse a ninguna de las iglesias, porque el evangelio completo aún no estaba en la tierra. </p>
<p>Algunos años antes del inicio de la restauración, José Smith creció y maduró.  Después, José recibió la tutela de un ángel llamado Moroni, quien le enseñó los primeros principios importantes del evangelio y también le ayudó a desarrollar la madurez para hacer frente a los desafíos del futuro. </p>
<p>El Evangelio restaurado es el evangelio de Jesucristo, tal como lo enseñó cuando Él vivía en la tierra.  Él es la cabeza de la iglesia restaurada y la guía cada día.  Los mormones tienen un profeta que dirige la Iglesia en la tierra, pero el profeta es guiado por el Salvador y no puede hacer nada por sí mismo.  Él no puede inventar doctrinas o poner la verdad a votación.  No se le permite &#8220;seguir el ritmo de los tiempos&#8221;, modificando la doctrina a fin de hacer que la iglesia sea más popular en la sociedad.  Sólo el Salvador decide lo que es verdad y en consecuencia Él dirige el liderazgo de la iglesia.<br />
Hay muchos artículos en la prensa que aconsejan a la Iglesia a realizar cambios en su doctrina con el objetivo de ser más aceptada en un mundo cambiante.  Sin embargo, esto sugiere que tenemos que aconsejar a Dios, en lugar de tomar nuestro consejo de Dios.<br />
Russell M. Nelson, un apóstol del Señor en los tiempos modernos, enseñó:</p>
<blockquote><p>Otro principio inmutable es la ley divina o moral.  La transgresión de la ley moral trae consigo un castigo; la obediencia a ella trae bendiciones “inalterables e inmutables” (D. y C. 104:2).  Las bendiciones siempre se basan en la obediencia a la ley. 39  Así que la Iglesia nos enseña a aceptar lo correcto y a renunciar al mal – para que podamos tener gozo. 40 </p>
<p>El Salvador y Sus siervos 41 no hablan palabras de complacencia, sino enseñan lo que las personas necesitan saber.  La historia da fe a través de los siglos que los críticos contemporáneos han presionado a los líderes de la Iglesia para modificar un decreto del Señor. 42  Pero esa ley es eterna, y no puede ser alterada.  Ni siquiera por su Amado Hijo Dios puede cambiar la ley que exigía la Expiación.  Las doctrinas divinas no pueden ser reducidas a moldes compactos para que vayan de acuerdo a los patrones de la moda actual.  Ni tampoco pueden ser plenamente expresadas en una calcomanía (Russell M. Nelson, “La constancia en medio de Cambio”, Ensign, noviembre 1993, pág. 33). </p></blockquote>
<p>Es reconfortante para aquellos que han encontrado la fuente de la verdad el saber que la verdad es inmutable.  En un mundo donde todo cambia en momentos, algunas cosas nunca cambian.  Siempre podemos depender de la verdad de Dios.  Las prácticas pueden cambiar, pero los principios de la verdad, no.</p>
<p>El Salvador es la cabeza del Evangelio restaurado.  Cualquier persona  puede hacer lo que José Smith hizo y volverse a Dios para buscar consejo concerniente a qué iglesia unirse.  Esta no es una oportunidad reservada a los profetas futuros, sino algo que cada persona puede hacer.  Las personas que conocen a los <a href="http://www.religionmormona.com" class="internal_link_tool_misioneros mormones">misioneros mormones</a> aprenden que antes del bautismo, deben preguntarle a Dios si esta es la iglesia verdadera, para que sepan por sí mismos, en lugar de basarse en el testimonio de los hombres.  Aquellos que honestamente lo hacen son capaces de desarrollar un testimonio inquebrantable ya que recibieron su conocimiento personal de Dios y de Jesucristo.</p>
<p>Aunque la mayoría de personas no recibirá una visita personal de Dios, ya que no están preparados para restaurar el Evangelio, recibirá un conocimiento de la verdad en sus corazones.  Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, Él enseñó que la oración era una parte esencial de la vida espiritual.  Es igualmente indispensable hoy en día, y dado que Dios nos ha prometido sabiduría si le pedimos, según lo registrado por Santiago en el Nuevo Testamento, Él nos dará la respuesta en una forma que podamos reconocer como Suya, pero debemos tener paciencia y llegar a Él con plena fe. </p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte III – En memoria</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La noche anterior a la crucifixión del Cordero de Dios por los pecados del mundo y horas antes de que Él sea entregado, el Señor Jesús estaba sentado con sus apóstoles en un “gran aposento alto” (Marcos 14:15). Fue aquí que él instituyó por primera vez el sacramento: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La noche anterior a la crucifixión del <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/The-Last-Supper-300x190.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/The-Last-Supper-300x190.jpg" alt="" width="300" height="190" class="alignleft size-full wp-image-656" /></a>Cordero de Dios por los pecados del mundo y horas antes de que Él sea entregado, el Señor Jesús estaba sentado con sus apóstoles en un “gran aposento alto” (Marcos 14:15).  Fue aquí que él instituyó por primera vez el sacramento: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26).  Luego Él dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24).  Entonces, “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1 Corintios 11: 25).  Así, el propósito del sacramento de la Cena del Señor es para mirar atrás y recordar a Jesús el Cristo y lo que Él ha hecho por cada uno de nosotros.  Todo señala “a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno” (Alma 34:14).  Los sacrificios de sangre miran hacia adelante; el sacramento de la Cena del Señor mira hacia atrás, y el acto central – la expiación de Jesucristo – está justo en el centro – en el meridiano del tiempo. <span id="more-655"></span></p>
<p>En los dos artículos anteriores sobre la ley del sacrificio, hemos hablado de cómo se utilizó  antiguamente la ley para enseñar a los hijos de Dios a esperar ese “gran y postrer sacrificio”.  Con el postrer sacrificio del Salvador, terminó la ley de Moisés.  La ley de Moisés; sin embargo, “no es lo mismo que la ley de sacrificio” (M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15).  El Salvador dijo después de su resurrección de entre los muertos, “Y vosotros ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre;… [[pero]  me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:19-20).  Por lo tanto, lo que sacrificamos ha cambiado, eso que sacrificamos, y las razones del por qué lo sacrificamos siguen siendo las mismas.</p>
<p>La palabra sacrificio significa hacer santo.  También significa “rendirse o renunciar a (algo) para la consecución de alguna ventaja mayor u objeto más preciado” (Diccionario de Inglés Oxford, “Sacrificio”).  O, como el apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Bruce R. McConkie dijo, “El sacrificio incluye el renunciamiento a las cosas de este mundo por las promesas de las bendiciones a ser alcanzadas en un mundo mejor” (Doctrina Mormona 2ª ed. “Sacrificio”, Bookcraft: 1966). </p>
<p>Pero, ¿qué es un corazón quebrantado y un espíritu contrito?  Un corazón quebrantado es lo contrario de un corazón duro.  La imagen de un corazón duro se usa en las Escrituras para denotar el orgullo.  Por lo tanto, una persona con un corazón quebrantado es humilde.  La palabra contrito significa arrepentido.  Una persona con un espíritu contrito tiene conciencia de su culpabilidad.  Esta persona recuerda las cosas que él o ella ha hecho mal, pero debido a que la persona está arrepentida, él o ella se esfuerza por cambiar y ser mejor que antes.  Esta persona sabe que a través de la expiación de Jesucristo, él o ella puede superar todos los obstáculos. </p>
<p>El hecho de tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito por lo tanto significa que estamos dispuestos a someternos a Dios.  Estamos dispuestos a someternos a Dios tal como Cristo estaba dispuesto someterse a Su padre.  El Salvador dijo: “Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas” (3 Nefi 27:14). </p>
<p>Dios nos ama.  Él quiere que vengamos a Él.  La ley de sacrificio nos prueba y nos ayuda a venir a Cristo (M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 10.).  Otro apóstol de la Iglesia, Russell M. Nelson, ha enseñado: “Nuestro mayor sentido de sacrificio se consigue como nos hacemos más sagrado o santo.  Esto lo hacemos por nuestra obediencia a los mandamientos de Dios” (“Lecciones que aprendemos de Eva”, Liahona, enero de 1988, pág. 85).  Por lo tanto, “el sacrificio cambió de la ofrenda al oferente” (M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15). </p>
<p>El sacrificio es por lo tanto una bendición maravillosa.  José Smith dijo: “Una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca tiene el poder suficiente con el cual producir la fe necesaria para llevarnos a vida y salvación” (Lectures on Faith 6:7).  En otras palabras, el sacrificio nos da la fe, y con la fe podemos recibir la salvación.  No siempre es fácil renunciar a algo que queremos, sobre todo cuando no podemos ver realmente los resultados finales.  Pero doy fe de que al final vale la pena.  A veces tenemos que dar unos pasos en la oscuridad para que la luz se encienda y vaya delante de nosotros.  Eso es la fe. Y el sacrificio tiene fe. </p>
<p>Termino con una de mis citas favoritas sobre la ley de sacrificio: “El verdadero sacrificio personal no ha consistido nunca en poner un animal sobre el altar, sino en la disposición de poner en el altar el animal que está dentro de nosotros y dejar que se consuma” (Neal A. Maxwell, “‘Absteneos de toda impiedad’”, Liahona, julio de 1995, pág. 78).</p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte II – Un gran y postrer sacrificio</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:13:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sacrificio expiatorio de Jesucristo “abarca, sostiene, apoya y da vida y fuerza a todas las otras doctrinas del evangelio. Es la base sobre la cual descansa toda la verdad, y todas las cosas crecen de ella y vienen por causa de ella”.1 “La maravillosa y gloriosa Expiación fue el acto central en toda la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sacrificio expiatorio de Jesucristo “abarca, sostiene, apoya y da vida y fuerza a todas las otras doctrinas del evangelio.  Es la base sobre la cual descansa toda la verdad, y todas las cosas crecen de ella y vienen por causa de ella”.1  “La maravillosa y gloriosa Expiación fue el acto central en toda la historia de la humanidad”.2  Debido a estas declaraciones, todas las cosas también señalan a Cristo y Su expiación.  Aquellos que vivieron antes de Cristo esperaron Su llegada y Su sacrificio infinito y eterno.  Los que viven después de Cristo miran en el pasado el más grande de todos los acontecimientos y “recuerdan lo que se ha hecho”.3</p>
<p>Hubo muchas diferentes maneras en que los sacrificios de sangre realizados antes de Cristo constituían tipos y sombras del grande y postrer sacrificio.  Tenga en cuenta algunos de los detalles:</p>
<blockquote><p>
En primer lugar, al igual que Cristo, el animal era escogido y ungido mediante la imposición de manos. (Tanto el título hebreo Mesías como el griego Cristo significan “el<br />
Ungido”).  Segundo, se debía derramar la sangre del animal.  Tercero, tenía que ser un animal sin defecto alguno, totalmente libre de imperfecciones físicas, completo, sano, perfecto.  Cuarto, el animal a sacrificar debía estar limpio y ser puro.  Quinto, el animal tenía que ser doméstico, es decir, no podía ser salvaje, sino manso y de utilidad para el hombre (véase Levítico 1:2–3, 10; 22:21).  Sexto y séptimo, en el sacrificio original practicado por Adán, y el más común de los de la ley de Moisés, el animal tenía que ser un primogénito y macho (véase Éxodo 12:5; Levítico 1:3; 22:18–25).  Octavo, el sacrificio de grano tenía que ser molido en harina y preparado en panecillos, lo cual nos recuerda el título del Señor como Pan de Vida (véase Juan 6:48).  Noveno, las primicias que se ofrecían nos recuerdan que Cristo fue las primicias de la Resurrección (véase 1 Corintios 15:20). 4 </p></blockquote>
<p><span id="more-652"></span></p>
<p>Unos 74 años antes de Cristo, el profeta Amulek escribió acerca de cómo el sacrificio de Cristo finalmente terminaría con los sacrificios de sangre:</p>
<blockquote><p>
Porque es preciso que haya un gran y postrer sacrificio; sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un sacrificio infinito y eterno…</p>
<p>Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno (Alma 34:10.14).</p></blockquote>
<p>Nueve años antes de esto, el profeta Alma también testificó de Cristo, </p>
<blockquote><p>Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo. </p>
<p>Y tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos (Alma 7:11-12). </p></blockquote>
<p>El Salvador de todo el género humano vino y cumplió la ley.  Él es el gran y postrer sacrificio.  El dolor que Él padeció fue “tan duro de llevar” que no podemos comprenderlo, y Su sufrimiento fue tan grande que Él – Dios, el mayor de todos – tembló a causa del dolor, sangró por cada poro, y padeció tanto en el cuerpo como en el espíritu (Véase Doctrina y Convenios 19:18). </p>
<p>Con Su muerte, la ley de Moisés se cumplió.  Sin embargo, la ley de Moisés no es exactamente lo mismo que la ley de sacrificio.5  Nosotros aún mantenemos la ley de sacrificio.  El Salvador enseñó en relación con el cumplimiento de la ley y lo que debemos sacrificar en la actualidad:</p>
<blockquote><p>Y vosotros ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre; sí, vuestros sacrificios y vuestros holocaustos cesarán, porque no aceptaré ninguno de vuestros sacrificios ni vuestros holocaustos. </p>
<p>Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito.  Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo (3 Nefi 9:19-20)</p></blockquote>
<p>A menudo se cita Malaquías 3:8-10 para motivarnos s pagar nuestros diezmos y ofrendas.  ¿Robará el hombre a Dios?. El registro dice:</p>
<blockquote><p>Pues vosotros me habéis robado.  Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?  En vuestros diezmos y ofrendas. </p>
<p>Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.</p>
<p>Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde (Malaquías 3:8-10).</p></blockquote>
<p>Debido a que una de las ofrendas que vamos a dar al Señor es “un corazón quebrantado y un espíritu contrito”, se aplica el mismo principio de las bendiciones.  Yo testifico que cuando nosotros ofrezcamos al Señor un corazón quebrantado y un espíritu contrito, Él derramará sobre nosotros una bendición que es tan grande y no habrá espacio suficiente para recibirla.  Nuestras bendiciones llegarán a desbordar, incluso tanto que los que nos rodean también recibirán bendiciones.</p>
<p>Sin embargo, no importa cuán contrito esté nuestro espíritu o cuán quebrantado nuestro corazón, nuestro sacrificio no es nada comparado a lo que ocurrió en el meridiano de tiempo.  De hecho, hay una ofrenda que derrama una bendición tan grande a todo el género humano, que nadie puede incluso comenzar a comprender la grandeza de la misma.  Esta ofrenda es tan grande que tiene el poder de bendecir – y salvar a toda la humanidad – “sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres” (2 Nefi 26:33).</p>
<p>En conclusión, lea otro testimonio de otro profeta en el Libro de Mormón – el rey Benjamín:</p>
<blockquote><p>He aquí, sufrirá tentaciones, y dolor en el cuerpo, hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir sin morir; pues he aquí, la sangre le brotará de cada poro, tan grande será su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo. </p>
<p>Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María.</p>
<p>He aquí, él viene a los suyos, para que la salvación llegue a los hijos de los hombres, mediante la fe en su nombre; y aun después de todo esto, lo considerarán como hombre, y dirán que está endemoniado, y lo azotarán, y lo crucificarán.</p>
<p>Y al tercer día resucitará de entre los muertos; y he aquí, se presenta para juzgar al mundo; y he aquí, todas estas cosas se hacen para que descienda un justo juicio sobre los hijos de los hombres. </p>
<p>Pues he aquí, y también su sangre  expía los pecados de aquellos que han caído por la transgresión de Adán, que han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por ignorancia (Mosíah 3:7-11) .
</p></blockquote>
<p>Por lo tanto, “Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso”.6 </p>
<p>Notas </p>
<p>1 Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, Salt Lake City: Bookcraft, 1966, pág. 294.<br />
2 Neal A. Maxwell, “Willing to Submit”, Ensign-revista SUD en inglés, mayo de 1985, pág. 70.<br />
3 Himnos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: Salt Lake City, 1980, pág. 185.<br />
4 M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15.<br />
5 Ibíd.<br />
6 José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, Intellectual Reserve: Salt Lake City, 2007, 52. </p>
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		<title>La Ley de Sacrificio: Parte I – Mirando adelante</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 03:04:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La expiación de Jesucristo es la doctrina central del cristianismo, y todas las demás doctrinas cristianas salen de ella y vienen por causa de ella.1 Estas otras doctrinas no solamente pueden conectarse nuevamente con el Salvador y Su sacrificio expiatorio, sino que si no lo están “no habrá vida, ni sustancia, ni redención de ellas”, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La expiación de Jesucristo es la doctrina central del cristianismo, y todas las demás doctrinas cristianas salen de ella y vienen por causa de ella.1  Estas otras doctrinas no solamente pueden conectarse nuevamente con el Salvador y Su sacrificio expiatorio, sino que si no lo están “no habrá vida, ni sustancia, ni redención de ellas”, para emplear una frase del Presidente Boyd K. Packer, un apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.2  Por lo tanto, no sólo es importante, sino también necesario que nos conectemos de nuevo con Jesucristo y Su sacrificio eterno cuando estudiemos cualquier doctrina, enseñanza o apéndice del Evangelio de Jesucristo.</p>
<p>Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén, se les ordenó “que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor” (Moisés 5:5).  Sin embargo, M. Russell Ballard, otro apóstol de la Iglesia, ha dicho que algunos se han preguntado, “¿Cómo puede semejante actividad tener algo que ver con el Evangelio de amor?”.3<span id="more-646"></span></p>
<p>Ballard continúa: </p>
<blockquote><p>Podemos comprender mejor la respuesta a [esta] pregunta cuando entendemos los dos propósitos principales de la ley de sacrificio, los cuales se aplicaron a Adán, a Abraham, a<br />
Moisés y a los apóstoles del Nuevo Testamento, y se aplican a nosotros hoy día cuando aceptamos y vivimos la ley de sacrificio.  [Los] dos propósitos principales [de la ley de sacrificio] son probarnos, demostrando así nuestra valía, y ayudarnos a venir a Cristo.4 </p></blockquote>
<p>A medida que leemos más sobre la obediencia de Adán y Eva a la ley de sacrificio, nos damos cuenta de la forma en que estos dos propósitos principales nos demuestran o prueban, y nos ayudan “a venir a Cristo”.</p>
<p>“Adán fue obediente a los mandamientos del Señor” (Moisés 5:5).  Ofreció las primicias de su rebaño.  Esto <a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300.jpg" alt="" title="Adam-And-Eve-Kneeling-At-An-Altar-219x300" width="219" height="300" class="alignright size-full wp-image-647" /></a>no fue fácil, especialmente en una época en que uno vivía de su tierra y sus rebaños.  La primicia era una posesión muy valiosa.  Y si eso no es suficiente, Adán y Eva ni siquiera sabían por qué estaban ofreciendo sacrificios.  Además, el registro dice: “Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?  Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó” (Moisés 5:6). </p>
<p>Adán y Eva pasaron la prueba.</p>
<p>Al igual que a Adán y Eva, también a nosotros se nos pidió hacer sacrificios.  La mayoría de nosotros no tiene ninguna primicia a la cual renunciar (de todos modos aunque la tuviéramos, la ley ha cambiado después de que Jesucristo hizo el sacrificio supremo).  Sin embargo, sufrimos tribulaciones y se nos pone a prueba y, a veces, una persona “debe aprender a caminar unos pasos en la oscuridad y, entonces, se encenderá la luz y se le mostrará el camino”, tal como lo ha escrito Boyd K. Packer.5  Adán y Eva dieron unos pocos pasos en la oscuridad.  No sabían por qué tenían que hacer sacrificios, pero lo hicieron de todos modos.  Sin embargo, fíjese en, tal como el registro continúa, cómo Adán y Eva recibieron un testigo después de la prueba de su fe (véase Éter 12:6) y se les enseñó el segundo de los dos propósitos principales de la ley de sacrificio “ayudar a [los hijos de Dios] a venir a Cristo”. </p>
<p>El registro narra: </p>
<blockquote><p>Entonces el ángel le habló, diciendo: Este [sacrificio] es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia  y de verdad.  Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás (Moisés 5:7-8). </p></blockquote>
<p>Como Bruce R. McConkie, otro apóstol, ha escrito, “Para los pastores, cuyas vidas dependían de sus rebaños, no podía haber una similitud mejor que ésa”.6</p>
<p>La justa posteridad de Adán siguió ofreciendo sacrificios, hasta los hijos de Israel.  Sin embargo, </p>
<blockquote><p>Debido a la naturaleza rebelde de los hijos de Israel en los días de Moisés, se cambió la práctica de la ley, la que se convirtió en una ley estricta que requería la observancia diaria de rituales y ordenanzas.  Durante la época de Moisés, hubo una expansión en el número y en la variedad de las ofrendas de la ley de sacrificio.  Los sacrificios mosaicos consistían en cinco ofrendas principales divididas en dos categorías básicas: obligatorias y voluntarias&#8230;7
</p></blockquote>
<p>Además,</p>
<blockquote><p>Una cosa seguía siendo igual en todas esas ofrendas: todo lo relacionado con el sacrificio mosaico estaba centrado en Cristo.  Al igual que Él, el sacerdote actuaba como mediador entre el pueblo y su Dios.  Al igual que Cristo, el sacerdote debía tener el parentesco apropiado para poder oficiar, y el oferente, por medio de la obediencia, debía estar dispuesto a sacrificar lo que le requería la ley.8 </p></blockquote>
<p>Por lo tanto, el propósito de la ley de Moisés era persuadir a los hijos de Dios “a mirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida como si ya se hubiese verificado” (Jarom 1:11).  Alma, aproximadamente 74 años antes de Cristo, escribió que después del sacrificio supremo del Salvador la ley de Moisés (no la ley de sacrificio, porque estas dos no son exactamente la misma cosa) sería suprimida.  Él dijo: </p>
<blockquote><p><a href="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Greatest-of-All.jpg"><img src="http://elcristo.org/wp-content/uploads/2010/01/Greatest-of-All-225x300.jpg" alt="" title="Greatest of All" width="225" height="300" class="alignright size-medium wp-image-648" /></a>“De modo que es menester que haya un gran y postrer sacrificio; y entonces se pondrá, o será preciso que se ponga, fin al derramamiento de sangre; entonces quedará cumplida la ley de Moisés; sí, será totalmente cumplida, sin faltar ni una jota ni una tilde, y nada se habrá perdido. </p></blockquote>
<p>Y he aquí, éste es el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno.</p>
<p>Y así él trae la salvación a cuantos crean en su nombre; ya que es el propósito de este último sacrificio poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento”(Alma 34:13-15).</p>
<p>Dios nos ama.  Él “no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo” (2 Nefi 26:24).  Él entrega a Sus hijos las leyes y los mandamientos para que se centren en Cristo. Renunciar a lo que queremos a fin de conseguir algo mejor no es fácil.  El sacrificio nunca fue fácil.  Prueba nuestra fe y, como todas las demás doctrinas del Evangelio de Jesucristo, nos conecta nuevamente y nos lleva a estar más cerca del Salvador. </p>
<p>Si bien la ley de Moisés ha sido suprimida, la ley de sacrificio no lo fue.  Aquellos que vivieron antes de Cristo miraban adelante hacia Él, como si Él ya hubiera llegado.  Hoy, miramos hacia atrás con un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20)</p>
<p>De hecho, como Neal A. Maxwell, un apóstol de la Iglesia, ha dicho: “El verdadero sacrificio personal no ha consistido nunca en poner un animal sobre el altar, sino en la disposición de poner en el altar el animal que está dentro de nosotros y dejar que se consuma”.9 </p>
<p>Notas<br />
1 Véase Bruce R. McConkie, Doctrina mormona, 2 ª ed., “Expiación de Cristo”, Bookcraft: 1966, pág. 294; José Smith, Enseñanzas del profeta José Smith.  Seleccionado por Joseph Fielding Smith, Salt Lake City: Deseret Book 1938, pág.121.<br />
2 Boyd K. Packer, en Conference Report, abril de 1977, 80; o Liahona, julio de 1977, págs.55-56.<br />
3 M. Russell Ballard, “La Ley de Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 10<br />
4 Ibíd.<br />
5 Boyd K. Packer, “El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo – cosas claras y preciosas”, Liahona, mayo de 2005, págs. 6-9.<br />
6 Bruce R. McConkie, “A New Witness for the Articles of Faith”, Salt Lake City: Deseret Book, 1985, págs. 114-15.<br />
7 M. Russell Ballard, “La Ley del Sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 15<br />
8 Ibíd.<br />
9 Neal A. Maxwell, “Absteneos de toda impiedad”, Liahona, julio de 1995, pág. 78</p>
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		<title>¿Por qué Jesús tuvo que sufrir tanto?</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 06:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Enseñanzas de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación de Jesucristo]]></category>

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		<description><![CDATA[El fin de la vida de Jesús fue muy difícil. Él sufrió persecución y en momentos difíciles, muchas personas que lo amaban lo abandonaron. En el jardín de Getsemaní, Él soportó más dolores de los que podemos imaginar y siguió hasta morir dolorosamente en la cruz. ¿Por qué fue necesario todo esto? Jeffrey R. Holland, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El fin de la vida de Jesús fue muy difícil. Él sufrió persecución y en momentos difíciles, muchas personas que lo amaban lo abandonaron. En el jardín de Getsemaní, Él soportó más dolores de los que podemos imaginar y siguió hasta morir dolorosamente en la cruz.  ¿Por qué fue necesario todo esto? </p>
<p>Jeffrey R. Holland, un apóstol del Señor, abordó este tema en un discurso  reciente. </p>
<p>El habló de los desafíos que transcurrieron en los últimos días en la vida del Salvador, del gobernador que no lo encontró culpable pero que de todas maneras ordenó azotarlo; de la traición que sufrió por uno de sus apóstoles, de tener apóstoles que dormían  mientras Él soportaba sufrimientos extraordinarios, para luego morir en la cruz. </p>
<blockquote><p>&#8220;Ahora hablo con sumo cuidado, incluso con reverencia, de lo que tal vez haya sido el momento más difícil de todos en esta solitaria jornada hacia la Expiación. Me refiero a esos momentos finales para los cuales Jesús debió haber estado preparado intelectual y físicamente, pero para los que quizás no haya estado preparado emocional ni espiritualmente, aquel descenso final hacia la paralizante desesperación de sentir que Dios lo había desamparado, cuando exclama en suprema soledad: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?</p>
<p><span id="more-620"></span></p>
<p>Él había previsto la pérdida del apoyo de seres mortales, pero ciertamente no había comprendido este último. ¿Acaso Él no había dicho a Sus discípulos: “He aquí, la hora… ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo”.</p>
<p>Con toda la convicción de mi alma, testifico que Él sí complació perfectamente a Su Padre, y que un Padre perfecto no desamparó a Su Hijo en ese momento. De hecho, mi creencia personal es que durante todo el ministerio terrenal de Cristo, posiblemente el Padre nunca haya estado más cerca de Su Hijo que en esos últimos momentos de angustioso sufrimiento. No obstante, a fin de que el sacrificio supremo de Su Hijo fuera igualmente completo como lo fue voluntario y solitario, el Padre retiró brevemente de Jesús el consuelo de Su Espíritu, el apoyo de Su presencia personal. Fue necesario; de hecho, fue fundamental para la trascendencia de la Expiación que este Hijo perfecto que nunca había dicho ni hecho nada malo, ni había tocado cosa inmunda, supiese cómo se sentiría el resto de la humanidad, o sea nosotros, todos nosotros, cuando cometiera esos pecados. Para que Su expiación fuese infinita y eterna, Él tenía que sentir lo que era morir no sólo física sino espiritualmente, sentir lo que era el alejamiento del Espíritu divino, al dejar que la persona se sintiera total, vil y completamente sola&#8221;. (Nadie estuvo con Él por Elder Jeffrey R. Holland del Quórum de los Doce Apóstoles, Conferencia General de abril del 2009) </p>
</blockquote>
<p>El propósito del sufrimiento de Jesús fue tratar de entender a aquellos de nosotros que estamos lejos de la experiencia perfecta. En los días finales, Jesús servirá como nuestro abogado y juez y lo hará de manera correcta, Él necesitará entender lo que sufrimos. Él no tenía conocimiento de primera mano de lo que significaba sufrir a causa del pecado. Él nunca experimentó, por medio de sus propias decisiones, lo que significaba tener a Dios lejos. </p>
<p><a href="http://www.allaboutmormons.com/SPAN_index.php" class="internal_link_tool_los mormones">Los mormones</a> enseñan que cada persona tiene derecho de recibir el Espíritu de Cristo y aquellos que han sido bautizados pueden recivir el Don del Espíritu Santo. (La influencia del Espíritu Santo puede estar con las personas antes del bautismo, pero no de la misma manera como puede estarlo después, cuando se convierte en un don y no es solo una influencia). Sin embargo; el Espíritu Santo no puede estar presente donde está la maldad y quienes intencionalmente eligen el pecado e ignoran las advertencias del Espíritu Santo serán dejados solos y afrontarán las consecuencias. Jesucristo nunca experimentó este sentimiento de estar solo, sin la presencia de Dios o el Espíritu Santo como consuelo y guía. Él tuvo esta experiencia en sus momentos finales. El colgó de la cruz solo. Nadie pudo acercarse más que al suelo. Ningún ángel lo fortaleció como lo hicieron en el Jardín de Getsemaní. Esta vez, por un breve momento, Él se encontraba absolutamente solo. </p>
<p>Una razón por la que Jesús vino a la tierra como un niño y creció hasta la adultez, en vez de simplemente descender de las nubes por un período corto, era para que pueda ganar experiencias y llegar a entender lo que implicaba ser un ser humano. Dado queÉl experimentó los desafíos de poseer un cuerpo mortal, sintió hambre, pena, preocupación y gozo, Él comprendió mejor nuestras vidas y motivaciones. Se tornó más fácil para Él el comprender las pruebas y tentaciones que enfrentamos. Esto le proporcionó un completo entendimiento y la compasión  necesaria para comprender de qué manera podemos ser juzgados justamente.  </p>
<p>Su sufrimiento, el cual de manera voluntaria soportó, fue un regalo para nosotros, uno de los muchos grandes y eternamente importantes actos de de sacrificio a favor de Sus  hermanos y hermanas. </p>
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		<title>¿Jesús podía pecar?</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 05:22:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Acerca de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Vida mortal de Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Jesús pudo haber pecado? Si Él no podía pecar, entonces ¿cuál fue el propósito de la tentación? Toda persona que alguna vez fue creada por el Padre Celestial recibió el don del albedrio moral, que es el derecho a tomar decisiones. Esto incluye a Jesucristo. El don que el Salvador nos dio fue entregado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Jesús pudo haber pecado?  Si Él no podía pecar, entonces ¿cuál fue el propósito de la tentación?</p>
<p>Toda persona que alguna vez fue creada por el Padre Celestial recibió el don del albedrio moral, que es el derecho a tomar decisiones.  Esto incluye a Jesucristo.  El don que el Salvador nos dio fue entregado de manera voluntaria, lo cual fue una parte necesaria del don.  Esto significa que cuando Satanás intentó tentar a Jesús, ciertamente Él pudo haber caído en tentación.  Dios sabía, cuando Él envió a Jesús, que Su Hijo no pecaría, pero que tenía la capacidad de hacerlo si así lo elegía. </p>
<p><span id="more-451"></span></p>
<p>Howard W. Hunter, un antiguo profeta de los mormones, habló sobre este tema antes ser profeta.  El élder Hunter, como era llamado en ese entonces, dijo: “Es importante recordar que Jesús tenía la capacidad de pecar, que pudo haber sucumbido, que el plan de vida y de salvación pudieron haber sido frustrados, pero que Él permaneció fiel.  Si no hubiera existido una posibilidad de caer en la tentación de Satanás, no existiría una prueba real, como consecuencia no existiría una verdadera victoria.  Si se le hubiera despojado de la facultad de pecar, habría sido despojado de su albedrío.  Fue él quien llegó a salvaguardar y garantizar el albedrío del hombre.  Él tuvo que mantener la capacidad y la habilidad de pecar porque así lo deseaba.  Pablo escribió, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8), y “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).  Él era perfecto y sin pecado, no porque tenía que serlo, sino más bien porque con convicción y firmeza Él quería serlo.  Doctrina y Convenios registra: “Sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas” (<a href="http://scriptures.lds.org/es/dc/20/22#22">D. y C. 20:22</a>) (Howard W. Hunter, “Las tentaciones de Cristo”, Ensign, noviembre de 1976, 17).</p>
<p>El albedrío fue una parte fundamental del plan de Dios para nosotros.  Las creencias mormonas enseñan que antes de que naciéramos, Dios creó nuestros espíritus y nos permitió vivir con Él como espíritus por algún tiempo.  Teníamos albedrio y nuestras propias personalidades.  Nuestro crecimiento y desarrollo se iniciaron allí.  Algunos optaron por ser más justos que otros, tal como se hace ahora aquí.  Cuando llegó nuestro momento de venir a la tierra, Dios explicó su plan para nosotros.  Recibiríamos cuerpos y familias, pero no recordaríamos el tiempo que pasamos en el cielo.  Tendríamos que buscar la verdad, aceptarla, tener fe y vivir por ella.  La vida sería una prueba, y como tal, a menudo cometeríamos errores y pecaríamos.  Dado que la justicia requeriría perfección, algo que no es posible para las personas totalmente mortales, Dios nos entregaría un Salvador, alguien cuya ascendencia combinaría lo mortal y lo divino, alguien que viviría una vida perfecta, y que, por elección, moriría por nuestros pecados. </p>
<p>Lucifer quería el trabajo pero tenía la firme intención de derrocar el plan de Dios.  Sin tener el deseo de sufrir por nuestros pecados, su plan incluía quitarnos nuestro albedrío.  Vendríamos a la tierra solamente como títeres.  Él controlaría cada una de nuestras acciones y todo pensamiento, haciendo imposible que pequemos y burlándose de la prueba.  De esta manera, todos tendríamos garantizados el derecho a regresar a Dios, pero Lucifer no necesitaría sufrir por nosotros ya que no habría pecado que expiar.  Se trataba de un plan  egoísta y la mayoría lo rechazó.  Jesucristo se ofreció a ser nuestro Salvador y estaba feliz de seguir el plan que Dios tenía para nosotros.  Él estaba dispuesto a sufrir los dolores de Getsemaní y la cruz porque Él amaba a Dios y Él nos amaba a nosotros.  Él comprendió que el albedrio era esencial para nuestras experiencias en la tierra y no intentó arrebatárnoslo.</p>
<p>También sabía que era esencial para Su propia experiencia en la tierra.  Él necesitaba experimentar las pruebas y las tentaciones de la vida, y demostrar Su habilidad y voluntad para evitar la tentación y hacer frente a las pruebas.  Sólo así, podría entender lo que enfrentábamos, y sólo con Sus sacrificios realizados libremente podría ocurrir la expiación.  Era un don que debía ser entregado voluntariamente.</p>
<p>Las tentaciones reflejaban los tipos de tentaciones que enfrentamos en nuestras propias vidas.  Él ya había sido bautizado y había ayunado durante cuarenta días, quedando débil.  Cuando nuestros cuerpos están débiles, nos parece más difícil resistir a la tentación. </p>
<p>El élder Hunter citó a David O. McKay, otro antiguo líder de la iglesia, quien dijo: “Clasifiquen esas tentaciones y verán que bajo una de esas tres casi todas las tentaciones que nos manchan a ustedes y a mí nos acometen como (1) la tentación de los apetitos; (2) el ceder ante el orgullo, los estilos y la vanidad de los que se han alejado de las cosas de Dios, y (3) el satisfacer, el deseo de obtener las riquezas del mundo o el poder entre los hombres”, y luego dijo: “¿Cuándo y por qué vienen las tentaciones?  Vienen a nosotros en nuestras reuniones sociales, vienen a nosotros en nuestras bodas, vienen a nosotros en nuestra política, vienen a nosotros en nuestras relaciones comerciales, en la granja, en el establecimiento mercantil, en nuestras relaciones, en todos los asuntos de la vida, nos encontramos con estas insidiosas influencias cuando estamos trabajando y cuando éstas se manifiestan a la conciencia de cada persona es cuando se debe ejercer la defensa de la verdad” (David O. McKay, Conference Report, octubre de 1911, pág. 59) </p>
<p>Jesús mantuvo su mirada en los objetivos eternos, no en las tentaciones a corto plazo y por lo tanto, mantuvo su rol como un perfecto Redentor.  Al tiempo que demostraba Su compromiso personal con el Evangelio y con Su función en el mismo, también nos dejó un ejemplo.  Nosotros nos enfrentaremos a retos similares en nuestras propias vidas, y aunque no podremos ver directamente a Satanás delante de nosotros, debemos aprender a reconocer sus tentaciones en las formas más sutiles y desarrollar la fortaleza, el coraje y la visión eterna para apartar a Satanás.</p>
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		<title>Jesucristo como abogado</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jul 2009 04:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Expiación de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[Vida premortal de Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes del nacimiento de Jesucristo, incluso antes que el mundo comience, Jesucristo se comprometió a asumir el papel de ser nuestro abogado ante el Padre. Un abogado es alguien que suplica por otra persona. Juan explicó este papel en 1 Juan, capítulo 2 de la Biblia del Rey Santiago: 1 Hijitos míos, estas cosas os [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes del nacimiento de Jesucristo, incluso antes que el mundo comience, Jesucristo se comprometió a asumir el papel de ser nuestro abogado ante el Padre. Un abogado es alguien que suplica por otra persona.</p>
<p>Juan explicó este papel en 1 Juan, capítulo 2 de la Biblia del Rey Santiago: </p>
<p>1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. </p>
<p>2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. <span id="more-447"></span></p>
<p>Dios es un Dios justo. Él nos ha dado leyes que espera que obedezcamos. Sin embargo, él también es un Dios cariñoso y Él nos conoce perfectamente. Debido a esto, Él sabe que no vamos a obedecer todas las leyes y que pecaremos durante nuestra vida. La justicia requiere que seamos castigados por cada pecado, incluyendo el castigo de no poder regresar a la presencia de Dios. Las Escrituras nos enseñan que ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. Dado que sería imposible para cualquier persona mortal abstenerse del pecado, Dios amorosamente nos proveyó un Salvador. Esto permite a la justicia ser atenuada por la misericordia.</p>
<p>Esto se hizo antes de la creación del mundo. Dios creó los espíritus de todos los que han vivido y vivimos con Él por un tiempo en una existencia premortal. Allí desarrollamos nuestra personalidad y talentos y aprendimos sobre el Evangelio. Ya que éramos nosotros mismos, algunos fueron justos y algunos no. Después de un tiempo, Dios nos dijo que habíamos progresado lo máximo que podíamos en esa vida espiritual y ahora teníamos la oportunidad de ir a un nuevo hogar, donde se nos daría una familia y un cuerpo y tendríamos la oportunidad tener experiencias y pruebas. Durante este tiempo, se esperaba que busquemos, encontremos y, luego, vivamos por la verdad. Si vivíamos de acuerdo a la verdad que supiéramos, podríamos volver a Él algún día. Sin embargo, sabiendo que no seríamos perfectos, la ley fue atenuada por misericordia. Él  ofreció enviarnos un Salvador. Jesucristo se ofreció a hacer esto por nosotros.<br />
Jesús fue el primer espíritu creado por Dios, por lo que Él es nuestro hermano mayor. Se ofreció a venir a la tierra y vivir una vida sin pecado. Sólo Él pudo hacer esto, porque vendría no como hijo de dos padres mortales, sino como el hijo de una madre mortal y un Padre Celestial. Esta combinación de mortal y divino le permitiría experimentar las cosas que hemos experimentado como mortales y morir, pero también le permitiría vivir sin pecado y elegir la muerte, en lugar de tenerla forzosamente como los mortales. Nadie sería capaz de tomar Su vida. Él la daría como regalo. Justo antes de Su muerte, Él tomaría sobre sí todos los pecados del mundo y luego moriría por nosotros. Ello satisfizo las exigencias de la justicia y la atenuó con misericordia.</p>
<p>Después de nuestra muerte, será Jesús quien nos juzgará. Porque Él vivió aquí en la tierra y compartió nuestras experiencias y porque Él es el que expió nuestros pecados, Él está cualificado para hacerlo.</p>
<p>22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. (Juan 5:22)</p>
<p>A su vez, El asignará juicio a los que fueron nuestros líderes en nuestra propia vida – a los Doce Apóstoles que juzguen a los que vivían en su tiempo, por ejemplo, porque tienen una mejor comprensión de los desafíos especiales de sus propias vidas. Pero es el Salvador quien será el juez final y nuestro abogado ante Dios, suplicando nuestro caso para que la misericordia atenúe la justicia. Su sacrificio expiatorio le da el derecho a hacerlo.  Su juicio será completamente justo. La Biblia es clara en nuestra responsabilidad de guardar los mandamientos:</p>
<p>No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21, Versión de Reina Valera)</p>
<p>Nuestra responsabilidad, entonces, es buscar la verdad, aprender a vivirla y arrepentirnos cuando caemos. Cuando hayamos hecho nuestro mejor intento, el Salvador hará la diferencia.</p>
<p>En la Gran Oración Intercesora, Jesús nos demostró esta función:</p>
<p>6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. </p>
<p>7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; </p>
<p>8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. </p>
<p>9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17)</p>
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