Archive for the ‘Enseñanzas de Jesucristo’ Categoría

Perdonar mediante la Gracia del Salvador

5 julio 2009

Por Kristin

Yo no recuerdo a mi madre. En ocasiones percibiré el aroma de Channel No. 5 y mi cerebro me retrotransporta – hacia el pasado – y entonces puedo ver sombras muy tenues de personas que conocí pero no logro ver su rostro. Sé que ella hacía chupetes de jugo en bandejas para hielo con mondadientes. También recuerdo las sábanas verdaderamente feas que debe haber comprado para mi cama (eran tan de los setentas…) Recuerdo con claridad cristalina el día en que mi dulce tío Fred salió de la casa del abuelo y la abuela y me dijo algo amigable antes de entrar. Yo estaba comiendo zanahorias. Unos minutos después yo también fui invitada a entrar y él me dijo que mi mamá había fallecido. Ella había muerto a causa de un accidente automovilístico camino a recogernos a mi hermana y a mí. Yo tenía tan solo cuatro años, pero inmediatamente supe que necesitábamos orar. No sé qué pedimos en la oración, como si hubiera algo que pudiera ayudar, pero los adultos presentes se arrodillaron conmigo y oraron. Yo no sé cómo es que supe que era momento de orar. Mi mami me lo debió haber enseñado en algún momento por el camino. (más…)

¿Cómo podía Jesús orar a Sí mismo?

5 julio 2009

Esta es la pregunta que los cristianos que leen la Biblia concienzudamente se hacen con frecuencia. Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a veces llamados los mormones, tienen una sólida respuesta a esta interrogante, la misma que es una muy buena pregunta.

Cuando José Smith tenía catorce años de edad, fue al bosque cercano a su casa para orar. Él había estado tratando de decidir a qué Iglesia unirse y había leído en la Biblia que si alguien necesitaba sabiduría, él podía preguntar a Dios, y Dios le respondería. El había decidido hacer justamente eso.

Mientras oraba, una luz brillante descendió de los cielos y se detuvo sobre él. Dentro de la luz, vio a dos personajes. El primero de ellos señalaba al otro y dijo: “Este es mi Hijo amado. Escúchalo”. El orador era Dios el Padre, y Él estaba presentando a Su Hijo, Jesucristo. De esta visión, la misma que condujo a la restauración de la iglesia completa sobre la tierra del Salvador, José supo que Dios y Jesús eran seres independientes.

Una vez que uno se da cuenta de que probablemente Jesús no oraba a Sí mismo, puede leer el Nuevo Testamento una vez más y darse cuenta de que la Biblia es muy clara a este respecto. La Trinidad, una creencia de que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son una sola persona en tres formas, fue canonizada en los siglos cuarto y quinto luego de una reunión en la que líderes religiosos llegaron a un acuerdo, haciendo cambiar de parecer a algunos que no estaban de acuerdo y desaforando a los que se rehusaban a retractarse. Eso no se enseñaba en la Biblia en absoluto. Veamos algunas escrituras que se refieren a este asunto:

Una escritura que en ocasiones la usan las personas que aceptan la Trinidad es Juan 14:7:

7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. Ellos sienten que esto prueba que Dios y Jesús eran la misma persona. Sin embargo, al leer el versículo en contexto demuestra que esto no es en absoluto lo que el Salvador estaba diciendo.

En el versículo 10, Jesús dice: “¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras”. Aquí, Jesucristo claramente dice que Él no está hablando por Sí mismo, sino por Dios y que es Dios quien hace las obras, no Él. Esto aclara que son entes independientes. Jesús promete orar a Dios para pedir a Dios que envíe un consolador a Sus apóstoles cuando Él se haya ido, algo que no sería necesario si ellos fueran la misma persona. Pero en el versículo 20, vemos exactamente lo que Jesús quiere decir cuando Él habla de estar en el Padre:

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” Si los versículos anteriores tuvieran el significado de que “Yo estoy en mi Padre” querría decir que ellos eran la misma persona, luego la siguiente frase: “Y vosotros en mí, y Yo en vosotros” significaría que los apóstoles serían también la misma persona que Jesús, haciendo de ello algo mucho más que una Trinidad. Jesús usa parafraseos similares con frecuencia, instruyendo a los apóstoles a ser uno con cada cual así como Él es uno con Su Padre. Lo que Él quería decir, obviamente, era que debían estar completamente unificados en amor, doctrina y propósito.

El testimonio de Stephen es aún más claro acerca de la independencia de Jesús y Dios: “Pero él, estando lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la Gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Y dijo, he aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.” (Hechos 7:55-56)

Así que la respuesta a su pregunta es que Él no oró a Sí mismo, lo que de verdad sería una cosa muy extraña. El oró a Su Padre en los Cielos, así como lo hacemos nosotros, y como Él nos enseñó a hacerlo.

¿Qué enseñó Jesús sobre la caridad?

4 julio 2009

Los mormones frecuentemente definen la caridad como el puro amor de Cristo, citando al profeta Mormón del Libro de Mormón. Ellos enseñan que cuando sirven a otros, también están sirviendo a Dios y toman el ejemplo del Salvador al decidir cómo servir a otros.

Durante Su ministerio mortal, a Jesucristo se le preguntó qué mandamiento era el más grande o más importante. El respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento. Y el segundo es similar, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas.” (Mateo 22: 37-40)

Para el Salvador, amor y caridad eran lo mismo. Todos Sus actos de caridad no tenían el sentido de obligación o tarea, sino que provenían de un profundo sentimiento de amor por todo aquel que Él encontraba. El no limitó sus sentimientos a aquellos que eran ricos o de clase media. Tampoco lo limitó para aquellos que eran dignos, a los ojos del mundo, de caridad.

Podemos aprender de mejor manera como el Salvador sentía respecto a la caridad observando como trataba a otros durante Su ministerio. Un día los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida y descubierta en el acto de adulterio. Ellos le recordaron que la ley exigía que fuera apedreada por lo que le preguntaron qué pensaba Él que ellos debían hacer. Su propósito no era el de conseguir consejo, sino el de hacerlo caer. Sin embargo, Él actuó exactamente como si el motivo hubiera sido puro. El mundo no podía influenciar en cómo Él trataría a los demás. Él se arrodilló, escribiendo en el polvo como si no los hubiera escuchado. Ellos continuaron preguntando y Él respondió: “Aquel que de entre ustedes se encuentre sin pecado, que tire la primera piedra.” (Juan capítulo ocho). Habiendo sido avergonzados, los hombres empezaron a alejarse. Cuando Jesús y la mujer estuvieron solos, Él le preguntó si todavía quedaban acusadores y ella respondió que ya no. Él tiernamente le dijo que Él tampoco la acusaba, pero le advirtió que no volviera a pecar.

Este es uno de los ejemplos más poderosos sobre la caridad del Salvador. Él la rescató de la humillación y de la muerte, preservó una cierta cantidad de dignidad rehusándose a juzgar su dignidad por su acto de servicio y le aconsejó en cuanto a cómo evitar el mismo problema en el futuro.

Un día un ciego lo llamó pidiéndole ayuda. Otros le habían advertido al hombre no molestar a Jesús. Después de todo, él era solamente un mendigo, no alguien “importante” de acuerdo a los valores del mundo. Sin embargo, Jesús lo oyó y lo llamó hacia Él. Le preguntó cómo podría ayudarlo y el hombre pidió recuperar la vista. Jesús no solamente restauró la visibilidad del hombre, también envió un mensaje claro a aquellos que habían considerado indigno de la caridad del Señor. Él le dijo al hombre que era su propia fe lo que lo había curado. Este hombre, aparentemente sin importancia, había poseído suficiente fe como para curarse a sí mismo, y esto realmente envió una reprensión muy sutil a aquellos que lo habían desechado al considerarlo sin importancia e indigno de ser tomado en cuenta.

La caridad del Salvador siempre ayudó a la gente a aprender a respetarse a sí mismos por la forma en que Él los trataba. Todos recibían su respeto. Ese detalle removía murallas y los recompensaba por sus propios esfuerzos cuando era posible. Los encaminaba en dirección a una mejor vida. Su caridad también estaba dirigida a satisfacer necesidades pequeñas pero de carácter inmediato, como el de alimentar a la multitud ya que estaban, en el momento, hambrientos. Cada persona que se encontraba entre la multitud pudo satisfacer su hambre.

Aun cuando no era el propósito principal el contar esta historia, Jesús contó una parábola sobre un hombre rico que vivió en una casa elegante. A las afueras de sus puertas vivía un mendigo llamado Lázaro. (Hay que resaltar que Jesús nombra al mendigo, pero no se molesta siquiera en mencionar el nombre del rico, aún cuando la historia se ocupa con mayor amplitud en el rico). El acaudalado hombre no hace nada por servir o ayudar al mendigo, quien necesitaba alimento y cuidados médicos. Cuando ambos hombres murieron, es el pobre el que recibe la recompensa y el hombre rico recibe castigo eterno, el cual, naturalmente, él encuentra muy molesto. Cuando el castigado pide que se le envíe a Lázaro para servirle y ayudarle a sentirse mejor, Abraham le dice, “Hijo, recuerda que tú durante tu vida terrenal recibiste todo lo bueno y de igual manera Lázaro todo lo malo: pero ahora él es consolado y a ti te toca ser atormentado”.

El Salvador puso en claro en esta parábola que una persona que se rehúsa a servir a otros y a practicar la caridad no puede esperar recibir caridad para sí mismo cuando la necesite.

El rey Benjamín, un profeta del Libro de Mormón, enseñó este tipo de servicio cristiano a su pueblo y les advirtió cuidarse del juicio injusto al decidir a quién servir:

17 Tal vez dirás: El hombre ha traído sobre sí su miseria, por tanto, detendré mi mano y no le daré de mi alimento, ni le impartiré de mis bienes para evitar que padezca, porque sus castigos son justos.

18 Mas, ¡oh hombre!, yo te digo que quien esto hiciere tiene gran necesidad de arrepentirse; y a menos que se arrepienta de lo que ha hecho, perece para siempre, y no tiene parte en el reino de Dios.

19 Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos? ¿No dependemos todos del mismo Ser, sí, de Dios, por todos los bienes que tenemos; por alimento y vestido; y por oro y plata y por las riquezas de toda especie que poseemos? ( Mosíah 4)

Vemos, en los ejemplos del servicio del Salvador, que Él vivió de acuerdo a estas mismas creencias. El ejemplo más grande de los sentimientos del Salvador sobre la caridad, por supuesto, se encuentra en los días finales de Su vida, cuando tomó sobre Sí nuestros pecados en el Huerto de Getsemaní y en el Jardín del Edén. Aunque Él vivió una vida perfecta, sufrió por cada persona que ha vivido, por dignos e indignos por igual, y por aquellos que merecían ayuda y por aquellos que trajeron miseria sobre sí mismos por causa de su propia elección. El no hizo distingos. El nos ama a todos por igual, y sufrió por cada uno de nosotros individualmente.

El mundo en el que vivimos se beneficiaría grandemente si los hombres y mujeres en todo lugar ejercitaran el amor puro de Cristo, el mismo que es amable, humilde y suave. No tiene envidia ni orgullo. Es único porque no busca nada a cambio. No contiene mal ni enfermedad, no se regocija en la iniquidad; no tiene lugar para la intolerancia, odio ni violencia. Se rehúsa a permitir la ridiculez, la vulgaridad, el abuso o el ostracismo. Anima a diferentes tipos de personas a vivir juntos en amor cristiano sin importar su creencia religiosa, raza, nacionalidad, condición financiera, educación o cultura. (Howard W. Hunter, “Una manera más excelsa, “Ensign, mayo de 1992, pág. 6).

James Ballou: “Sobreviviente del Alma” mormón

4 julio 2009

Son nuestras decisiones y no las circunstancias las que nos definen

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James

Viví mi juventud en el hogar de mi padre rodeado de drogas, violencia, alcohol y depravación. Viví en medio de gente cuyas almas habían sido voluntariamente sacrificadas y que conocían solamente de la búsqueda del placer terrenal. Este fue mi hogar hasta que mi padre murió como resultados de complicaciones causadas por su estilo de vida. Tenía 15 años. Algunos podrían pensar que mis años formativos representaban un casi irremontable cúmulo de obstáculos y que cualquiera que hubiera crecido en tales circunstancias quizá nunca podría encontrar a Dios. Pero yo había sobrevivido a los embates, negocios con drogas, abuso y negligencia para un propósito mayor.

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Un Corazón Presionado: Una mujer mormona habla de la Adversidad – Parte I

4 julio 2009

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Parte I

El Plato Especial del Salvador

Alguien dijo que hay dos maneras de ver la vida-la primera: nada es un milagro, la segunda: “todo” es un milagro. Yo me inclino por la última. Lo que el Señor crea con la materia prima de nuestras vidas es milagroso. Ver la mano del Señor en mi vida ha aumentado significativamente desde que me uní a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los mormones).

Siempre hay un festín preparado para nosotros, dentro y fuera de la adversidad, sin embargo con frecuencia nos lo perdemos. El plato especial del Salvador es Su amor perfecto, en toda circunstancia, incluyendo aquellas que resultan del mal uso que otros hacen de su albedrío. (más…)

Un Corazón Presionado: Mujer mormona Habla de la Adversidad – Parte II

4 julio 2009

Parte II

Bueno, esto nos conduce a compartir nuestras experiencias con fortalecedora adversidad, pero primero unas reflexiones sobre el paso por la prensa del corazón.

Podado, Presionado & Purificado

Por medio del evangelio de Jesucristo, tenemos un nuevo entendimiento de la adversidad. Aprendemos mediante la oposición y la presión, contra la dificultad y el sufrimiento, independientemente de la fuente y naturaleza de la prueba. Jesucristo nos puede socorrer. (más…)

Un Corazón Presionado: Una Mujer Mormona Habla de la Adversidad

2 julio 2009

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Karen

Parte III

“La Corteza de la Ironía”
Bien, probablemente han notado en sus pruebas, como yo lo he hecho con las mías, que siempre existe algo de ironía, pero nunca tanta como las ironías que el Salvador soportó. Soportar las mías me permitió ver y apreciar las penosas ironías del Salvador, y llegar a conocerlo mejor. (más…)

Nuestras apremiantes necesidades

9 julio 2008

En medio de nuestra difícil situación de mortales tenemos necesidades, incluso necesidades apremiantes. La primera es por un mentor, un ejemplo, alguien que haya estado no sólo en un camino similar, sino en uno mucho peor. Una persona que pueda mostrarnos lo que tenemos en nosotros para hacer y llegar a ser. Una persona que sea capaz de decirnos sin hipocresía: “¿Qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy”. (3 Nefi 27:27)

En segundo lugar, necesitamos una persona que conozca las alturas y profundidades de nuestras flaquezas, nuestras tonterías, nuestros fracasos, sin importar cuán extremos sean. Él no deberá ser ajeno a nuestras imperfecciones evidentes, inmadurez y rebeliones. Necesitamos a alguien que conozca de primera mano todas estas debilidades terrenales. Y como un médico de la mente y el cuerpo, deberá conocer los antídotos para los venenos que hemos heredado y en los que nos hemos imbuido.

En tercer lugar, necesitamos a una persona que actúe en nuestro nombre, no por compulsión ni a regañadientes, sino por verdadero interés, enraizado en el amor – un constante y firme amor. De lo contrario, ¿cómo podemos confiar en él? ¿Cómo podemos estar seguros de que en algún momento no nos va a abandonará, no irá por su propio camino, no nos decepcionará?

En cuarto lugar, cuando estemos en conflicto con la ley y estemos luchando con las consecuencias de ello, incluyendo la culpa y el tormento, necesitamos, de hecho anhelamos, un juez justo y sabio. Pero también queremos que sea misericordioso: alguien que tenga el derecho, la autoridad, la capacidad de salvarnos de las amenazas de esclavitud y de lo complicado de nuestros malos actos. Él debe estar dispuesto, sea cual sea la sentencia de los demás, a utilizar sus propios recursos para absolvernos de pagar una pena severa, de hecho, a intervenir en nuestro nombre, incluso si eso significa que él mismo tenga que pagar la pena. Lo más notable de todo, es que él debe estar dispuesto a hacer lo mismo por aquellos a quienes hemos herido, maltratado, engañado.

¿Hay alguna persona en el universo que reúna las condiciones para dichos múltiples papeles? Sólo una.

Truman G. Madsen, Our Desperate Needs (Nuestras apremiantes necesidades), The Gift of the Atonement (El Don de la Expiación), Deseret Book, 2004, p 10-11.

¿Qué contribuciones únicas sobre Jesús se hallan en el Evangelio de Lucas?

9 julio 2008

Lucas es el Evangelio más largo de los cuatro y casi la mitad del material en Lucas es único en su Evangelio, brindando información adicional sobre Jesús.

El Evangelio de Lucas es la primera mitad de un trabajo de dos partes (Lucas – Hechos). El Evangelio informa al lector lo que dijo e hizo Jesús y Hechos revela lo que Jesús hizo a través del Espíritu Santo después de Su ascensión -una historia continua que debía leerse junta.

Lucas contiene una amplia descripción de nacimiento, destacando la historia de Elizabeth y María (Lucas 1) y es el único Evangelio que registra la historia de Jesús yendo a Jerusalén cuando tenía doce años (Lucas 2:41-50). Al igual que Mateo, el Evangelio de Lucas ofrece una discusión detallada de la tentación en el desierto (Lucas 4:1-13). Además, Lucas brinda más parábolas que los otros Evangelios, entre ellas algunas de las historias más memorables de Jesús, como el Buen Samaritano y el Hijo Pródigo (Lucas 10:30-37; 15:11-32). (más…)

Jesús se compadeció de nuestras debilidades

9 julio 2008

Fue necesario, cuando el Salvador estuvo sobre la tierra, que fuese tentado en todo, como nosotros, y pudiese “compadecerse de nuestras debilidades” (Hebreos 4:15) para comprender las debilidades y la fortaleza, las perfecciones y las imperfecciones de la pobre y caída naturaleza humana. Y una vez que hubo llevado a cabo lo que vino a efectuar en el mundo, una vez que hubo lidiado con la hipocresía, la corrupción, la debilidad y la imbecilidad del hombre, que se vio enfrentado con la tentación y con las tribulaciones en todas sus diversas formas, y que hubo vencido, vino a ser “fiel sumo sacerdote” (Hebreos 2:17), para interceder por nosotros en el reino sempiterno de Su Padre.

Él sabe cómo considerar y establecer el valor apropiado de la naturaleza humana, porque estuvo en la misma posición en que nosotros estamos; sabe sobrellevar nuestras debilidades y flaquezas, y puede comprender con exactitud la intensidad y la fuerza de las aflicciones y de los problemas con que el hombre tiene que enfrentarse en este mundo; y así, por Su compasión y experiencia, puede sobrellevarlas con paciencia.

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, John Taylor, 59.